Por Martín Rodríguez Sánchez*

En medio de una álgida relación diplomática y comercial que guardan las dos principales potencias económicas del mundo, y antecedida además por volatilidad financiera, cambios climáticos, fenómenos sociales, conflictos políticos y una pandemia de escala global, es como circula el territorio centroamericano.

Los países de la región se han convertido en años recientes en el nuevo campo de batalla donde se desarrolla un capítulo extendido y estratégico de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Históricamente, el continente en todo su conjunto ha dependido de las relaciones que guarda con los norteamericanos (inclúyase a  México y Canadá); no obstante, la presencia china ha ganado terreno y adeptos.

Con más frecuencia, la avanzada china encuentra en las actividades y proyectos centroamericanos, el nicho de negocios que buscan para tener una mayor penetración en el continente americano. China sabe de las bondades que brinda la región en cuanto a estrategia geográfica comercial y política, por ello, tanto Gobierno como empresas han apostado por invertir en los países de Centroamérica.

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Asimismo, otra de las señales que muestran el claro interés del “gigante asiático” en la región se ha materializado a través de los tratados comerciales suscritos con algunas naciones como Costa Rica, República Dominicana, El Salvador y Panamá, que si bien solo representan la mitad de los componentes de la zona, ya han puesto en alerta a los Estados Unidos.

Para nadie es un secreto que los norteamericanos le han dado prioridad al bloque que forman con Canadá y México (prueba de ello es el complejo mecanismo comercial puesto en marcha hace un par de meses); sin embargo, les incomoda la presencia de empresas chinas en una región tan cercana a su territorio.

La influencia político-económica de China creció mientras que el gobierno del presidente Donald Trump desdeñaba el financiamiento a la región, sobre todo en materia de infraestructura, lo cual apuntaba a seguir en la misma línea al menos hasta el final de su gestión.

Pero hace unos días, este direccionamiento cambió tras la elección del estadounidense de origen cubano Mauricio Claver-Carone como nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), siendo éste el candidato del presidente Trump, y hasta hace algún tiempo su principal asesor para América Latina.

¿Será que nos encontramos en la antesala de una Polarización 2.0 para la región?

En pleno siglo XXI podría pensarse que todos los vestigios de la Guerra Fría habían desaparecido, pero podrían reavivarse con la tensión que cada vez escala más entre ambos países.

Por ahora, la voz del nuevo mandamás del BID fue clara y apunta a una defensa férrea del organismo y su influencia en la región, porque al final sigue siendo la principal institución financiera multilateral en el continente. Lo relevante de todo este manejo de intereses confluye en que sin importan cuál sea el país que ejerza mayor dominio, exista un equilibrio económico y financiero para los países centroamericanos.

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Además, la escena internacional no es ajena a este conflicto de escala global, pero se debe tener una gran asertividad y visión para oriental de manera óptima lo que acontece entre las dos potencias. El Consejo que presido ha permanecido atento al desarrollo en la región, porque tras múltiples giras de negocios, hemos detectado el potencial de la zona, lo cual creemos es el mismo caso que han observado las delegaciones chinas de empresarios.

De tal manera que China duplicó su influencia en la zona, al menos con respecto a lo que se registraba a principios de los años dos mil, y se ha convirtió en el principal socio comercial de Brasil, Chile, Perú y Uruguay, buscando replicar el mismo patrón en Centroamérica, a sabiendas de que el corazón del continente le otorga un posicionamiento geopolítico inmejorable.

Para los países centroamericanos esto significa una buena ruta hacia el crecimiento que por décadas han ido construyendo. La región es una de las más castigadas en cuanto a fenómenos sociales se refiere, lo vemos con la migración. Los empresarios mexicanos somos asiduos partidarios de consolidar el flujo de las inversiones provenientes del extranjero en pro de mejorar las condiciones económicas en los países de la región.

Ante este panorama, emerge la visión del empresariado que puede cambiar la inercia que por años ha prevalecido, convirtiendo la crisis por Covid-19 y la guerra comercial en un renacimiento que se traduzca en rentabilidad, desarrollo, tecnología, empleos y bienestar; todo ello, potenciado por el constante empuje que seguirán ejerciendo tanto Estados Unidos y China en Centroamérica.

A través de organismos empresariales de la región habrá que sumar esfuerzos, incluso que puedan ser orientados desde México, transmitiendo la experiencia y visión que tenemos para que los negocios en Centroamérica tengan mayor asertividad. Además, tendremos mejores dividendos si partimos de fórmulas comprobadas.

*presidente del Consejo Internacional de Empresarios (COINE)

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.