Por: Juan Carlos Echeverri*

Antes de marzo de este año, en los análisis de riesgos corporativos de empresas del sector eléctrico (y seguramente de otros sectores) no aparecía tan significativamente el riesgo asociado a pandemias o acontecimientos similares. Hoy me atrevo a decir que este riesgo aparece en casi todas los análisis con una alta probabilidad y un impacto enorme. Todos los sectores de la economía lo hemos vivido, en mayor o menor medida, pero en particular para el sector eléctrico que mostró su capacidad de atender satisfactoriamente semejante situación, ha sido de gran aprendizaje y también plantea grandes retos para el futuro. En este sentido y según el BID, el sector eléctrico es un pilar fundamental en situaciones como esta pandemia, pues soporta a su vez a otros sectores clave como la salud, telecomunicaciones, sistemas de agua, entre otros.

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No se trata solo de aprender a trabajar remotamente, lo cual de entrada fue un reto gigante y que considero se viene logrando de manera positiva, sino también sobre qué debemos cambiar o mejorar a futuro como sector. Temas de agenda global como la descarbonización de la industria, el aumento significativo en energías renovables que en Centroamérica asciende a cerca del 75%, y la necesidad de aumentar el acceso a energía no contaminante (ODS) por mencionar algunos de los más relevantes, ponen de manifiesto la importancia de la energía eléctrica y de las empresas del sector. Es a partir de este rol clave, donde sumado a los desafíos y aprendizajes de la pandemia por COVID-19, nos lleva cada día a ser menos ajenos a temas como: Transformación Digital, Analítica de Datos, Inteligencia Artificial, Internet de las cosas (IoT), Blockchain, entre otros.

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El poder gestionar remotamente nuestras operaciones de manera inteligente, generar, transportar y distribuir energía cada vez más limpia y eficiente y a más personas, y tomar decisiones acertadas en tiempo real, deben ser objetivos mucho más cercanos pues no sabemos que otra pandemia o acontecimiento similar puede ocurrir mañana. Aunque en la región la adopción de estas tecnologías va un poco más lenta que en otras latitudes, se espera que con la alta oferta en el mercado de este tipo de tecnologías y su difusión (cada semana se emiten decenas webinars), los costos de inversión (CapEx) de estas implementaciones sean cada vez más bajos y el impacto en la operación (OpEx) sea cada vez mejor, lo cual en principio parece ser una maravilla.

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Además, debemos considerar las interconexiones regionales de sistemas de transporte de energía, lo cual también conlleva retos de integración, y que ante cualquier fallo el sistema sea rápidamente resiliente minimizando la afectación en el suministro de energía a los usuarios.

Si montarnos en estas tecnologías es tan interesante, entonces ¿dónde está el gran reto? el gran desafío reside en la capacidad de las organizaciones (no solo del sector eléctrico) para adaptarse, desaprender, aprender y por ende evolucionar.

Esta capacidad reside justamente en el talento humano y es ahí donde debe darse la verdadera transformación, porque cada vez deberá ser más receptivo, diverso y contar con nuevas y distintas capacidades, que enriquezcan la cultura organizacional y afiance los valores que como empresas tengamos (o debamos incorporar), es en los  líderes,  y sus equipos de trabajo, donde nos debemos apalancar y donde debemos invertir en mayor medida para que en caso de ocurrencia de otra situación extrema similar a la que hemos vivido en este año, logremos estar mejor preparados y minimicemos sus impactos.

*Gerente General en Transportista Eléctrica Centroamericana S.A. – TRELEC

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