Por Dr. Felipe Abelardo Pérez Sosa

Las microfinanzas son servicios financieros que se han caracterizado por atender a las personas tradicionalmente excluidas por las instituciones financieras tradicionales. Éstas han asumido un rol protagónico en los esfuerzos por erradicar la pobreza y disminuir las desigualdades sociales, especialmente a raíz de los resultados obtenidos en Bangladesh por Muhammad Yunnus, premio Nobel de la Paz en 2006.

En las regiones más desfavorecidas del planeta, las microfinanzas son una de las principales fuentes de financiamiento para la población con menos recursos económicos, proporcionando el capital necesario para que el pequeño comerciante adquiera su inventario, el campesino invierta en su parcela o el artesano compre los materiales y herramientas necesarias para su actividad. Particularmente, en América Latina y el Caribe, las microfinancieras han atendido a las micro y pequeñas empresas, que son las principales generadoras de empleo en la región.

Actualmente, la pandemia del COVID-19 ha generado una natural incertidumbre sobre el estado y el futuro de las microfinanzas en la región. Ya que, por una parte, se espera que las microfinancieras sean uno de los pilares que contribuyan a la recuperación económica de la región; pero, al mismo tiempo, estas entidades también pueden verse afectadas por las vulnerabilidades a las que están expuestos sus propios usuarios.

Según la Red Centroamericana y del Caribe de Microfinanzas (Redcamif), entre diciembre de 2019 y junio de 2020 la cartera de las microfinancieras en la región disminuyó 6% en promedio y su calidad se deterioró. Consecuentemente, sus indicadores de rentabilidad presentan una tendencia negativa, mostrando caídas de más del 40%, en promedio. En el caso de México, se tiene previsto que el índice de morosidad de las microfinancieras llegue a triplicarse en un periodo breve, ya que sus usuarios se están enfrentando a restricciones de liquidez muy severas.

Dada la relevancia que tienen estas instituciones para el acceso al financiamiento de la población más necesitada, resulta pertinente que se tomen las medidas necesarias para fortalecer la solvencia del sector y reducir su exposición al riesgo. En este sentido, algunos ejemplos de acciones que podrían implementar las microfinancieras son: renegociación de plazos y condiciones de crédito, diferimiento de pagos, toma de decisiones con base en la elaboración de pruebas de estrés y análisis de sensibilidad, colaborar con aliados estratégicos, y la innovación de sus modelos de negocios.

Complementariamente, será fundamental para el sector el apoyo de fondos gubernamentales que otorguen inyecciones de recursos financieros de manera directa; apoyos a las cadenas productivas, para disminuir el riesgo de impago; y propiciar la colaboración con organismos multilaterales que ofrezcan apoyos técnicos y financieros adecuados para el sector.

En estos momentos de crisis económica y sanitaria, es cuando se vuelve más necesario para los sectores más vulnerables el contar con las redes de apoyo que les ayuden a salir adelante; por lo que la supervivencia y fortalecimiento de las microfinancieras de Centroamérica y el Caribe es un tema que puede volverse estratégico para impulsar la recuperación económica post-COVID de la región.

*Profesor de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey.

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