EFE.- La pandemia de Covid-19 transformó el concepto de vivienda digna en Nicaragua, ya que ahora no basta una estructura con techo y servicios básicos de calidad, sino que debe ayudar a la salud y la reactivación económica, según afirmó este martes el director de Hábitat para la Humanidad en el país centroamericano, Frank Matus-Aguirre.

Según Matus-Aguirre, Hábitat para la Humanidad Nicaragua ha pasado de promover viviendas dignas a poner énfasis en las “viviendas productivas”, dado el valor que una casa tiene para la economía de un país, calculado en un promedio del 13,1 % del Producto Interno Bruto (PIB), con base en un estudio realizado por el organismo a nivel global, en conmemoración de Día Mundial del Hábitat, celebrado ayer lunes.

Una vivienda productiva está al mando de una mujer y tiene espacio para un pequeño negocio, de acuerdo con el concepto de Hábitat Nicaragua.

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Adicionalmente cuenta con mejores “condiciones de higiene y saneamiento, ventilación, iluminación, áreas de trabajo, no sólo impacta en la salud de la familia, también va a incrementar la productividad de estos pequeños negocios y generar nuevos ingresos familiares”, explicó a Efe, Matus-Aguirre.

Déficit de 957.000 viviendas

La no gubernamental Hábitat Nicaragua, que este martes cumplió 36 años de establecida en el país, espera que una vivienda productiva permita a las familias beneficiadas, no solamente manejar de una manera más eficiente a un familiar con Covid-19, sino también aspirar a una recuperación económica en un país que, además de ser el tercero más pobre de Latinoamérica, atraviesa su tercer año consecutivo en recesión.

Matus-Aguirre advirtió que no se trata de una tarea fácil, ya que el déficit habitacional de Nicaragua actualmente es de 957.000 viviendas, y crece en 20.000 cada año, mientras que el sector privado y la inversión pública solamente logran cubrir el 25 % de la necesidad.

Para no perder tiempo en el objetivo de lograr las “viviendas productivas”, Hábitat lanzó la campaña “Apoyá una familia #SomosComunidad”, que consiste en brindar paquetes con materiales de bioseguridad y agua segura a 1.500 familias del corredor seco del país, que va desde el norte del Gran Lago de Nicaragua hasta la frontera con Honduras, lo que ayudaría a unas 7.085 personas, según la organización.

Según su director, Hábitat Nicaragua ha llevado “una voz e esperanza” a más de 12.700 familias en su establecimiento en el país, en 1984.

Recomendó que las viviendas deben ser consideradas en los planes de recuperación económica, para lo cual deben trabajar unidos todos los sectores, privado, estatal y sociedad civil. 

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