EFE.- La Avenida 18 del distrito neoyorquino de Brooklyn está en el área que divide dos de las nueve zonas postales de la ciudad de Nueva York en las que el estado decretó este martes el cierre de todos los negocios no esenciales para intentar frenar los brotes de coronavirus. 

Por sus calles semivacías transitaban, sin llevar mascarillas, miembros de la comunidad ultraortodoxa judía, señalados por las autoridades como los responsables de muchos de los brotes que han estallado en la Gran Manzana, debido a su rechazo de normas como el distanciamiento social o los tapabocas.

Las recientes celebraciones judías del Año Nuevo (18, 19 y 20 de septiembre) y el Yom Kippur (28 y 29 de septiembre) congregaron, según las autoridades, a cientos de fieles que al parecer no respetaron las medidas de precaución.

“Las aglomeraciones causan infecciones, las infecciones causan agrupaciones de casos, y las agrupaciones de casos causan la propagación por las comunidades”, afirmó hoy Cuomo en la rueda de prensa en la que anunció las nuevas medidas restrictivas que se implementarán a partir del viernes. 

Cuomo también señaló que las comunidades más afectadas son aquellas en las que residen grandes comunidades de judíos ortodoxos, y afirmó que ha mantenido conversaciones con sus líderes para pedir que este sector de la población siga las normas. 

“Entiendo la imposición que esto supone para ellos, pero les he dicho que necesito de su cooperación y de su colaboración”, explicó. 

Las nuevas medidas afectarán a gimnasios, bares o centros de cuidado personal en nueve áreas de Brooklyn y Queens, así como zonas de los condados de Rockland, Orange, Nassau y Binghamton, donde el porcentaje de infección ha registrado un importante aumento en las últimas semanas. 

En el centro religioso Yeshiva Yitzchok Spinka, ubicado en el área postal 11204 de Brooklyn, en el barrio de Mapleton, numerosos hombres de la comunidad hasídica judía, vestidos con sus tradicionales sombreros como el “shtreimel” y sus gabardinas negras entran y salen sin llevar la mascarilla y muchos evitando el foco de la cámara.

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Uno de ellos, visiblemente enojado pide a los periodistas que se vayan y pregunta si lo que pretende la prensa es extender el odio hacia la comunidad ultraortodoxa judía. 

Son las mismas acusaciones que han lanzado contra las autoridades estatales y locales, cuando estas les han recriminado su falta de compromiso con las normas sanitarias para mantener la pandemia bajo control.

Centros de análisis vacíos

En el cercano parque de Gravesend, el Ayuntamiento ha instalado una carpa médica móvil para hacer análisis a la población de este barrio con el fin de llevar a cabo un seguimiento a la evolución de los casos positivos, que en las zonas que abarca el código postal 11204 se disparó el domingo al 10,7 %, mientras que se ha mantenido en el 5,1 % de media en los últimos 14 días.

Bajo condición de anonimato, el responsable de este centro se queja del escaso compromiso de los vecinos de la zona y asegura a Efe que en todo el día sólo 17 personas se han hecho la prueba, cuando en otras carpas médicas ubicadas en “zonas calientes”, lo normal es que unas 150 personas soliciten diariamente hacerse los test del coronaviris, que son gratuitos.

Además, apunta que en toda la semana únicamente 50 personas se han acercado a las instalaciones situadas en esta zona recreativa.

Colegios y restaurantes cerrados

La escuela pública 192 este martes solo ha abierto sus puertas para entregar comidas a las familias de los colegiales que lo necesitan, después de que el lunes se decretara el cierre de los centros de educación como primera medida de contención.

Los autobuses escolares vacíos y los numerosos niños acompañados por sus madres son un reflejo de que las aulas están ya vacías; y lo seguirán estando, al menos por dos semanas e incluso cuatro si los índices de positivos en las pruebas no descienden por debajo del 3 %.

Una funcionaria que reparte los alimentos y que tampoco quiere identificarse critica las medidas de la alcaldía y de la gobernación y se muestra convencida de que las han tomado para castigar a la comunidad ultraortodoxa.

Santos Gutiérrez, el dueño del restaurante “U & I”, se queja a Efe de las restricciones y sostiene que es injusto que él tenga que cerrar y otro negocio que esté dos bloques más allá, en otro código postal, se mantenga abierto.

“Cómo es posible que de la calle McDonald para acá se cierre y dos bloques más abajo se mantengan abiertos los locales”, dice antes de subrayar que aunque decreten el cierre de los negocios no esenciales la gente se mueve entre barrios.

Gutiérres, que se verá obligado a cerrar solo dos días después de haber abierto el comedor interior, se muestra preocupado por las repercusiones que esta nueva medida pueda tener en su negocio familiar, donde trabaja con su hermano.

“Está muy mal lo que ha hecho el señor alcalde, mejor hubiera cerrado el condado de Brooklyn, es una tontería (cerrar por códigos postales) porque la gente camina y el virus se a expandir de una manera u otra”, concluye.

El plan del gobernador anunciado este martes incluye tres tipos de medidas. Las más restrictivas se llevarán a cabo en las zonas con índices de resultados positivos más altos, denominadas “rojas”, pero las nuevas normas también afectaran a las áreas colindantes o “zonas naranja” y las vecinas de estas últimas o “amarillas”, donde, por ejemplo, se limitará el número de personas que se pueden congregar en una reunión.

 En los centros públicos de la zona, hay letreros donde se recuerda la obligatoriedad de llevar mascarilla y en algún otro lugar como frente a la escuela pública 180, situada en la Avenida 16 -que marca la división entre las zonas postales 11204 y 11219, otra de las áreas con más de un 5 % de positivos-, se pueden leer varios carteles en inglés y hebreo en los que se anima a los vecinos a taparse la nariz y la boca.

“No quieres quedar encerrado en estas festividades, ponte una mascarilla antes de que sea demasiado tarde”, o “Protección o cierre, lleva mascarilla antes de que sea demasiado tarde”, se puede leer en los papeles impresos escritos con llamativas letras amarillas y rojas sobre fondo negro y con una máscara quirúrgica dibujada en el centro.

Sin embargo, los mensajes, suscritos por los “residentes del barrio Borough Park”, llegan tarde, porque las autoridades ya han impuesto las clausuras.

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