Por Luis Gonçalves

La transformación digital, ese “monstruo gigante” al que algunas empresas temían y del que otras se escondían por miedo al cambio, vino a plantarse en medio de la sala de estar debido a la emergencia por COVID-19.

Desde los hogares, donde la pandemia ha forzado a las familias a convertir su sitio de descanso en oficina y escuela; o los grandes centros de conferencias donde las aglomeraciones ya no están permitidas, a menos que sea para convertirse en hospitales improvisados, todo ha sido transformado.

Y la evolución continúa, pues parece que ya no volveremos a lo de antes, sino más bien, que desembarcaremos en lo que muchos han optado por llamar “la nueva normalidad’’, que si bien nos presenta una gran oportunidad para evolucionar en la consolidación de un futuro tecnológico que respalde y brinde mejores resultados para nuestros países, también es una vitrina en la que se exhiben las desigualdades sociales, producto del mundo tal y como lo conocíamos antes de la pandemia. Se desnuda la brecha en el acceso a tecnología, infraestructura, educación, la atención médica y la seguridad económica.

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Pero éste, lejos de ser un escenario perjudicial, es la puerta abierta a la oportunidad de imaginar y construir un mundo mejor. El nuevo entorno exige, especialmente a gobiernos y empresas, optar por la innovación y novedosas formas de organizarse, para encontrar soluciones a las presiones externas imprevistas.

Tendencias propias de la  transformación digital, como el trabajo remoto, el uso de inteligencia artificial y aprendizaje automático, realidad virtual y aumentada, 5G, computación cuántica, entre otras, se perfilan como las soluciones a las necesidades de un mundo post COVID-19. Ejemplos de ello es una realidad donde se atiende por medio de telesalud las necesidades de los pacientes, se aporta a la empresa desde el teletrabajo, se adquieren nuevos conocimientos por medio del aprendizaje remoto, y se fortalecen la resiliencia y la postura competitiva. La pandemia, a pesar de sus devastadoras consecuencias, vino a despertar y acelerar un sector tecnológico lleno de oportunidades de crecimiento y re-imaginar la forma en la que estábamos viviendo y trabajando.

Así, en este nuevo escenario, se debe seguir desarrollando y brindando soluciones tecnológicas innovadoras y emprendedoras, teniendo presente que las oportunidades que brinda este nuevo entorno sin dejar de lado temas de importancia como lo son las responsabilidad y compromisos que todas las empresas, sobre todo las del sector tecnológico, deben asumir con seriedad.

Pero, para que esas herramientas puedan satisfacer las necesidades de las personas en la nueva normalidad, es preciso que los gobiernos estén dispuestos a impulsar la infraestructura digital, ya que la conectividad será clave para que las sociedades, los individuos y sus economías sigan funcionando a pesar del distanciamiento social.

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También deberán asumir nuevos retos, como encontrar formas en que las compañías del sector privado generen oportunidades laborales, fomentar un entorno donde pueda florecer una economía basada en datos capaz de aprovechar todo su potencial y, a la vez, garantizar la protección de la privacidad y la ciberseguridad.

¿Cómo llegar ahí? Con el trabajo conjunto entre gobiernos y empresas, abordando la situación en tres fases. La primera fase corresponde a una respuesta a la situación de pandemia, creando medidas para salvaguardar tanto la economía como la salud pública. La segunda, enfocándose en el desarrollo de pautas que permitan, en el mediano plazo, un repunte económico. Y finalmente, la última fase: re-imaginando y transformando el futuro, desde la manera en que trabajamos, aprendemos, sanamos, creamos y jugamos.

*Líder de negocios de Dell Technologies para América Latina

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.