Por Pablo Turletti *

En pocos días, Forbes organizará el Foro Forbes Mujeres Poderosas 2020. Durante una semana, pensadores y actores sociales debatirán y compartirán conocimiento acerca de la mujer en Centroamérica y el Caribe. El gran desafío: que no se convierta en otro evento de retórica sin soluciones ni conclusiones aplicables o que sirva al menos como detonador de cambio.

La brecha salarial en la región hoy gravita entre el 20% y el 35% con respecto a los sueldos de los hombres. Según el Informe Regional de Derechos Humanos y Conflictividad en Centroamérica 2019 del VI Estudio del Estado de la Región, se siguen asesinando alrededor de 50 mujeres por mes en cada uno de los países de la región. La violencia de género se ha convertido en un estándar cultural en Centroamérica.

A pesar de que se realizó, no con poco esfuerzo, una corriente normativa regional orientada a promover y proteger los derechos de las mujeres, las estadísticas demuestran que han sido insuficientes para erradicar la desigualdad y la violencia.

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Las fallas

Y yo me pregunto, ¿no será que estamos gestionando mal el problema? Llevamos décadas procurando la represión de los delitos contra la mujer, intentamos contrarrestar la discriminación negativa con discriminación positiva.

Costa Rica, Honduras y El Salvador tienen leyes de cuota de participación de la mujer en el gobierno y aun así, los dos últimos siguen siendo los países con mayor violencia de género de la zona. Inclusive España tiene leyes de cuota en los consejos de dirección de las empresas y su gobierno actual es el que más mujeres ha tenido en la historia del país, pero aunque la brecha se reduzca, sigue existiendo.

¿En qué estamos fallando? Mi sensación es que estamos combatiendo los síntomas de la discriminación y no las causas que la generan. En el campo de la medicina, no es lo mismo combatir los síntomas que tratar las patologías. Y en la gestión de los temas vinculados con el género femenino, llevamos décadas luchando contra los síntomas sin definir las patologías.

Forzar la participación de la mujer con cuotas y represión normativa no son más que formas de combatir los síntomas de la desigualdad y la violencia. Pero, ¿cuáles son realmente sus causas? El problema no es eliminar la brecha: ésta es el síntoma. El verdadero problema es saber qué la genera.

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Ejes del cambio

Y en este sentido el Consejo de Ministras de la Mujer de Centroamérica y República Dominicana (COMMCA), órgano del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), a través de su Plan Estratégico 2019-2023, parece acercarse mucho a una posible solución. Según este plan, los ejes estratégicos del cambio se abocan a los siguientes pilares:

  • Empoderamiento de las mujeres
  • Transversalización de la equidad
  • Coordinación de la articulación política de la agenda
  • Gestión del conocimiento
  • Gestión basada en resultados
  • Alianzas estratégicas
  • Gestión de la cooperación y el financiamiento

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Un plan distinto

Mientras algunas de estas iniciativas parecen sonar a “más de lo mismo”, existen algunas diferencias fundamentales y de fondo que hacen que este plan sea diferente. Veamos algunas de ellas:

La transversalidad de la equidad plantea, por primera vez, que no hay que favorecer como compensación al desfavorecimiento. Hay que transmitir, regular e implementar políticas de igualdad. Y esto, en muchos casos, significará favorecer a los hombres.

Veamos, por ejemplo, el caso de España donde las concesiones por maternidad son mucho mayores que las de paternidad, incentivando a las empresas a no contratar mujeres por la carga que significan para la economía y gestión de las compañías las bajas por maternidad.

La apertura de un frente común regional da escala a la gestión convergente de este tema fundamental para la sociedad y economía de la zona.

El acceso al conocimiento aplicable y a la información están en la base de cualquier plan de desarrollo y, desde mi punto de vista, representan una de las causas principales de esta enfermedad llamada discriminación, desigualdad y violencia de género.

Invertir en este activo intangible es clave como puerta de salida de la situación de limitaciones de la mujer en la región.

La gestión basada en resultados (mi favorita) hace que se pueda monitorear el progreso a través de indicadores de rendimiento cuantificables y medibles. Que se elimine la politización de este tema. Y apoya al concepto de que sólo se mejora aquello que se mide y que, por ende, la evolución de la situación de la mujer tendrá unos parámetros de evaluación que no dependen de valoraciones subjetivas de políticos y demagogos.

En la incorporación de alianzas estratégicas y la gestión de la cooperación y el financiamiento es donde, a mi entender, el plan se ha quedado corto de miras y cae en los mismos errores del pasado.

Enfatizando en los estamentos públicos, institucionales o asociativos cuando en realidad debería haber focalizado en la incorporación de la empresa como protagonista activa de la financiación y aplicación de medidas que favorezcan todo lo antedicho.

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Acción social

La cooperación institucional y el financiamiento público han sido históricamente fuente y semillero de corrupción y mala gestión, con pocos o ningún resultado hasta ahora, mientras se consumen y consumieron recursos imprescindibles para la verdadera solución del problema.

Al día de hoy, la mayoría de los gobiernos, en general, se han demostrado altamente ineficientes para la gestión de “lo social” y “lo medioambiental”. Es el momento de que los empresarios asumamos el rol social que nos toca sin por ello perder de vista el aire que respiran nuestras empresas: la rentabilidad. Y en este sentido creo que las empresas no han sido incorporadas al plan con todo su potencial.

Dentro de la gestión normativa deberían incluirse criterios que hagan que la gestión e implementación de políticas de desigualdad se puedan volver una ventaja competitiva de las empresas. No se trata de hacer caridad desde las empresas, sino que combatir las fuentes de desigualdad y violencia a través de la educación y el acceso a la financiación o a fuentes de productividad, se vuelvan una ventaja competitiva que propicie a las empresas ganar dinero. Esto realmente significaría un cambio sostenible de modelo de gestión de este problema que acosa a la sociedad desde siempre.

El gran desafío se encuentra, como siempre, no en la elaboración de los planes, los cuales parecen bien orientados esta vez, sino en su aplicación práctica y monitorización de resultados. Y en evitar que la corrupción se adueñe o limite la aplicación de las acciones necesarias.

¿El desafío del Foro? Hacer que los participantes y ponentes no sólo generen ideas y reflexión, sino también acción sostenible orientada al cambio. Y que primordialmente incentive a las empresas a asumir ese rol protagónico mencionado anteriormente, de manera rentable y sin esperar a que el gobierno le incentive o facilite el camino. Nos vemos el 20 de octubre en el Foro Mujeres Poderosas.

* CEO del ROI Marketing Institute, colaborador de la revista Forbes y fundador del ROIMI Training Center. Consultor, conferenciante y profesor internacional.

PabloTurletti.com

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