Por Oliver Azuara , Monserrat Bustelo y Agustina Suaya

La crisis actual creada por el COVID-19 está generando la mayor caída de empleo en la historia reciente de la región. Algunos estudios muestran que este tipo de recesiones suele afectar mayoritariamente al empleo masculino. Sin embargo, varios análisis apuntan a que la crisis actual podría ser la primera que afecte especialmente a la empleabilidad de las mujeres.

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Los datos del Observatorio COVID-19 muestran que, en efecto, la pérdida del empleo en la región está afectando principalmente a las mujeres, aunque con variaciones entre países. Colombia es el país con la mayor brecha de género en la pérdida de empleo: 25% de las mujeres empleadas perdieron sus puestos de trabajo, en comparación con un 14% de sus de sus pares masculinos. En el caso de México se registra una pérdida del 16% del empleo femenino, más del doble que entre los hombres. En Perú y Chile, las brechas de género en la caída de empleo son de menor magnitud, pero igualmente importantes. Los datos regionales también muestran que, con la flexibilización de las medidas de restricción a la movilidad, la recuperación de los puestos de trabajo no ha sido igual para hombres y mujeres.

Los datos del Observatorio COVID-19 muestran que la pérdida del empleo en la región está afectando principalmente a las mujeres.

Pérdidas en el empleo en la región, según sexo

FuenteObservatorio Laboral COVID-19, División de Mercados Laborales del BID, 2020

Tres rasgos importantes que afectan particularmente al mercado laboral femenino

Esta crisis presenta tres rasgos importantes que afectan particularmente el mercado laboral femenino. En primer lugar, la suspensión de actividades presenciales en materia educativa y de cuidado implicó un aumento de las actividades en el hogar, que recaen principalmente en las mujeres. Antes de la pandemia de COVID-19 se observaban importantes brechas de género: las mujeres en la región dedicaban más del doble de horas a responsabilidades domésticas y de cuidado no remuneradas que sus pares masculinos (38 frente a 16 horas semanales). Evidencia durante la pandemia señala que el aumento de las tareas domésticas y de cuidado durante la crisis profundizó esta carga desigual del trabajo no remunerado dentro del hogar. Esta sobrecarga afecta no solo la decisión de participación laboral de las mujeres, sino también las posibilidades de progresión profesional a futuro.

La suspensión de actividades presenciales en materia educativa y de cuidado implicó un aumento de las actividades en el hogar, que recaen principalmente en las mujeres.

En segundo lugar, la crisis en el empleo no está siendo homogénea a lo largo de los sectores de la economía. Las políticas de restricción a la movilidad y la promoción del distanciamiento social produjeron que algunos sectores se vean más afectados por la crisis de COVID-19 que otros. Datos para Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México resaltan que las pérdidas de empleo se concentraron mayormente en sectores de alta empleabilidad femenina, como comercio, construcción, turismo y gastronomía.

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En tercer lugar, las medidas de distanciamiento social llevaron a que muchas personas y empresas optarán por el trabajo a distancia o teletrabajo. Las posibilidades de teletrabajar difieren para hombres y mujeres dependiendo de dos aspectos: acceso y uso de tecnología y tipo de tarea desarrollada en el trabajo. Antes de la pandemia se evidenciaban rezagos importantes en cuanto al uso y acceso  de las tecnologías TIC para las mujeres, una barrera relevante para la realización de teletrabajo. Sin embargo, cabe resaltar, estimaciones realizadas en seis países de la región, Europa y EE.UU señalan que las mujeres tienden a presentar una mayor probabilidad de realizar trabajo de forma remota puesto que suelen estar involucradas en tareas administrativas que requieren menos trabajo manual y uso de equipamiento específico.

Las posibilidades de teletrabajar difieren para hombres y mujeres dependiendo de dos aspectos: acceso y uso de tecnología y tipo de tarea desarrollada en el trabajo.

Acciones para promover la recuperación de empleo

Antes de la pandemia, las mujeres de la región tenían no solo una menor tasa de participación laboral, sino también una inserción laboral de peor calidad (incluyendo mayor informalidadsalarios más bajos, y menor acceso a puestos de liderazgo). Los efectos de la pandemia están exacerbando estas brechas de género. La situación exige con urgencia soluciones innovadoras con un enfoque multisectorial que contemplen los efectos diferenciados de la pandemia sobre las mujeres y otras poblaciones vulnerables. En esta línea resaltamos tres acciones para promover la recuperación de empleo:

  1. Tecnología, conectividad y teletrabajo. Crear los instrumentos para favorecer el teletrabajo y la flexibilidad laboral para facilitar la incorporación de mujeres con alta carga de cuidado en el mercado laboral. Asimismo, se requiere promover la corresponsabilidad en las tareas del hogar y cuidado. Esta crisis brinda la posibilidad única para desarticular los roles de género que se construyen en los hogares.
  2. Construcción de capital humano. Promover programas de capacitación que permitan que las mujeres accedan a oportunidades laborales en sectores de alto valor. Dichos programas deben brindar orientación, apoyo para reentrenamiento y finalmente vinculación con nuevos empleos.
  3. Asociaciones público-privadas que promuevan la generación de empleos de calidad y promuevan la participación y oportunidades económicas de las mujeres. Un ejemplo de ello es la Iniciativa de Paridad de Género (IPG) apoyada por el BID y el Foro Económico Mundial en cinco países de la región para reducir las brechas económicas de género.

Este es el momento para que los responsables políticos y los líderes empresariales den un paso al frente y hagan realidad la paridad de género en el mercado laboral.

*Este texto se publicó originalmente en el Blog del BID