En su página web, la Organización Mundial de la Salud recuerda que, hasta inicios de los años setenta, se podía negar el acceso a personas con trastornos de epilepsia a sitios públicos, como restaurantes, teatros o edificios de gobiernoen Estados Unidos.

“Yo diría que además de disminuir en la calidad de vida, todavía hay un estigma social grandísimo en torno a los pacientes de epilepsia. Hay una falta de apoyo en general, que limita a las personas a nivel social”, dice el doctor Camilo García, jefe del Epilepsy Center de la Cleveland Clinic, en Florida.

Aunque ya no existe la discriminación evidente ante la enfermedad, quienes sufren epilepsia –y sus seres queridos cercanos– padecen signos de depresión y un estado anímico disminuido debido a que no se perciben funcionales para el trabajo o para actividades básicas de su rutina diaria.

García es uno de los expertos que ha visto la evolución en el trato de la epilepsia en los últimos diez años, una década que ha sido fundamental no solo para mejorar el procedimiento en torno a esta enfermedad, sino también para conocer mejor el cerebro.

“Hoy contamos con los recursos para controlar con medicamentos al 70% de los pacientes. Se utilizan tres niveles de medicación, si ninguno es efectivo, también se han desarrollado los tratamientos quirúrgicos”, dice el especialista en epilepsia y neurofisiología.

Aquí hace una pausa. García acepta que es difícil hablar de cirugía cuando se trata del cerebro. 

“Creo que ahora entendemos las redes neuronales mucho más que hace diez años. Solo ese cambio ha hecho que usemos diferentes modalidades de tecnología”, asegura.

El desarrollo ha sido exponencial, y una de las muestras es el trabajo de investigación de Cleveland Clinic, que ha adoptado tecnologías disruptivas en el tratamiento de la enfermedad: desde inteligencia artificial hasta robótica.

Este hospital de especialidades en Estados Unidos no solo fue pionero en poner en marcha técnicas como la estereoelectroencefalografía, sino que ahora tiene la posibilidad de desnudar el cerebro a través de robots que guían electrodos y que permiten analizar el comportamiento del órgano durante un ataque epiléptico.

Aunque existen varias causas relacionadas con la epilepsia, las más comunes son las lesiones cerebrales perinatales y los accidentes cerebrovascularesen mayores de 60 años, sobre todo.

Mejores perspectivas

En Estados Unidos, la epilepsia afecta a tres millones de habitantes, mientras que en México la propensión es del 1.08al 2% de la población total.

Pese a que no existe un tratamiento estandarizado para cada paciente, la epilepsia hoy tiene diagnósticos muy certeros sobre el origen de la enfermedad y la o las zonas que se ven comprometidas.

“Tenemos varios equipos y procesos que se encargan de obtener toda la información posible del paciente, como videoencefalografía, unidad de monitoreo de epilepsia,  resonancia magnética, tomografía de emisión de positrones (PET) y magnetoencephalografia (MEG), entre otros. Son estudios en los que participa todo un equipo de expertos de salud neuronal”, explica García.

Esta información se ingresa en un software, el cual genera la imagen tridimensional del cerebro y ubica con mayor precisión la región de donde viene la epilepsia.

“Posteriormente, se utilizan electrodos intracerebrales para mirar la red neuronal y utilizamos un robot que nos ayuda a indicar en dónde se deben colocar estos”, señala el doctor.

Las claves son dos para Cleveland Clinic: la tecnología descrita por el especialista, así como el historial de salud del paciente. Y se suma una tercera: el desarrollo médico que existe sobre el proceso quirúrgico.

“Cuando se procede a una cirugía, el médico puede hacer una craneotomía, o puede utilizar láser o termoablación; no se hace una resección directa, sino que se ‘elimina’ la región cerebral”, describe García.

El uso de dispositivos que se colocan de forma intracraneal para disminuir los impulsos anormales antes de que suceda un ataque epiléptico es otro de los grandes triunfos del desarrollo científico neurológico, y no tanto por la complejidad que requiere, sino por los resultados.

Del 40 al 80% de los pacientes que se someten a una cirugía para tratar la epilepsia no vuelven a sufrir un ataque el resto de su vida, mientras que los efectos secundarios son mínimos.

Cuando se le pregunta al experto si la epilepsia es curable, García responde que las probabilidades son muy buenas, pero antes de hablar de una cura, lo importante es regresar al paciente su calidad de vida, evitar que nunca más vuelva a ser estigmatizado.