Por César Addario

El nuevo coronavirus es ya un parteaguas en la historia de la humanidad. No solo es una de las pandemias más debastadoras de los últimos tiempos, sino que ha sido la causa de una de las mayores caídas económicas de la historia. Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, CEPAL, Banco Central Europeo, analistas y organizaciones de todo el mundo coinciden en que la recesión causada por el coronavirus será marcada y profunda. Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, calificó la baja en la actividad económica mundial en el segundo trimestre de este año como una “caída inaudita”.

El COVID-19 combinó dos shocks que rara vez convergen y se analizan: una crisis de salud y una económica. Por un lado, la enfermedad se esparció con rapidez, demandando recursos públicos para atender a las personas y soportar el funcionamiento de los aparatos del Estado mientras los ingresos fiscales caían, debido al cierre durante semanas del 85% de la economía mundial. Tanto el virus como las medidas para tratar de contenerlo pusieron presiones adicionales a la economía y a las finanzas de países que ya arrastraban problemas de caja antes del inicio de la pandemia.

Prueba de ello, ha sido la gran cantidad de deuda nueva que han tenido que contratar naciones como las centroamericanas, para poder atender la crisis.  El FMI prevé que la deuda pública mundial alcance un nivel máximo histórico en 2020, al ubicarse cerca del 100 % del Producto Interno Bruto (PIB).

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Pero no son todas malas noticias. El pasado mes de octubre se conoció el dato del crecimiento del PIB estadounidense, que marcó un récord al avanzar un 33.1 % en el tercer trimestre del año. Además, el FMI registra que en el segundo y el tercer trimestre de 2020 el desempeño de la economía mundial, aunque pobre, fue un poco mejor de lo que se esperaba.

Hay que contextualizar adecuadamente esta información. El crecimiento récord en el PIB de Estados Unidos se da después de una caída igualmente sin precedentes, de cadi el 32 %, en el segundo trimestre. Y la incipiente recuperación económica, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, podría verse frenada por la segunda oleada de casos de COVID-19, y nuevas medidas de restricción que supondrán cierres económicos.

Los gobiernos están haciendo lo propio para frenar la caída: en el mundo se han destinado unos US$12 billones en apoyos fiscales a hogares y empresas, mientras se han aplicado medidas de política monetaria para mantener los flujos de crédito y evitar el cierre de los negocios.

Para Estados Unidos y la Unión Europea, la recuperación está fuertemente ligada a que se encuentre una vacuna contra el virus, o un tratamiento efectivo. También son inciertas las medidas de política pública para impulsar la recuperación. En el caso estadounidense, las elecciones complicaron el escenario para lograr un acuerdo político para un segundo gran paquete de alivio. En Europa, el BCE ha dicho que esperará a diciembre para reportar qué tan profunda es la afectación económica que generará la segunda ola de casos de COVID-19, y para anunciar las acciones a tomar.

China registra un despegue post pandemia más rápido de lo previsto, pero pese a ser una de las economías más grandes del planeta, no soportará por sí misma la caída que sufre el resto de potencias. La situación es mucho más complicada en países con ingresos bajos. En casos como el de Costa Rica y Brasil, la crisis sanitaria coexiste con fuertes debilidades fiscales, preexistentes, que se han agravado debido a la pandemia.

La recuperación económica dependerá, entonces, de dos flancos, los mismos que originaron la crisis: por el lado sanitario, de contar con una solución definitiva para contener el virus, que no implique los cierres estrictos, y por el lado económico, el lograr reparar los daños económicos por el desempleo, las quiebras de empresas, y la interrupción de la atención social durante la pandemia.

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*Experto en estrategias de Deuda Soberana de los Mercados Emergentes en América Latina.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.