Por Ileana Rojas*

Cuando comencé mi carrera universitaria en ingeniería me encontré en salones de clase llenos de hombres y con profesores que a veces trataban diferente a las mujeres. Por suerte siempre tuve claro que quería tener un trabajo retador y que aquello era solo un paso para alcanzarlo.

Hoy, el panorama en las aulas es diferente. Afortunadamente hay mayor cantidad de mujeres, pero podrían ser muchas más. Los prejuicios, las normas sociales y las expectativas limitan las decisiones de los seres humanos, más aún de las mujeres.

Debemos aumentar la concientización y el empoderamiento de las niñas y adolescentes, educarlas en la relevancia que tienen las áreas de ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas (STEM por sus siglas en inglés) en la resolución de los grandes problemas de la humanidad.

¿Dónde están las mujeres?

Según el estudio Descifrando el Código, publicado en 2019 por la UNESCO, los hombres son mayoría en las carreras relacionadas con ingeniería, manufactura, construcción, tecnologías y ciencias de la comunicación. Las jóvenes, en cambio buscan educación, artes, salud, bienestar, ciencias sociales, negocios y leyes.  El mismo documento señala que dentro de la población femenina en la educación superior a nivel mundial, solo alrededor del 30% elige disciplinas STEM.

El informe global de la brecha de género 2020 del Foro Económico Mundial, revela que las mujeres están muy poco representadas en la mayoría de las profesiones emergentes, por ejemplo: en el segmento laboral de informática en la nube, solo el 12% es mujer, en ingeniería un 15% y en datos e inteligencia artificial un 26%.  

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Esta situación debe preocuparnos. Pensemos por un momento. Vivimos en un mundo inmerso en el cambio tecnológico. Muchos de los puestos de trabajo de alta calidad y bien remunerados, actuales y futuros, están vinculados a perfiles con competencias tecnológicas y a una formación muy especializada. Las mujeres no pueden, ni deben quedarse atrás.

La inteligencia artificial, que juega y jugará un papel fundamental en todos los aspectos de nuestra vida en un futuro cercano, debe ser desarrollada por equipos diversos o de otra forma, tendrá sesgos.

Un gran reto

América Latina y el Caribe tienen un gran reto que lo han señalado organismos internacionales durante mucho tiempo, dar un giro a sus estructuras productivas y enfocarse en actividades con mayor desarrollo tecnológico. Lograr ese cambio, también implica que se debe contar con el capital humano que requieran las empresas y para eso se debe hacer un gran esfuerzo por despertar el interés de niños y jóvenes en las áreas STEM, más aún en el caso de las mujeres.

Es fundamental establecer alianzas entre los sectores público y privado, un trabajo conjunto de la industria, el gobierno y la academia para impulsar proyectos que acerquen la ciencia y la tecnología a todos los estudiantes.  Es preciso que conozcan historias de éxito, que los motiven y los impulsen a soñar en grande.  Necesitamos compartir más historias de mujeres como referencia de éxito.

¡Cuidado con los estereotipos!

Diversos estudios señalan que, durante la primaria, niños y niñas, casi por igual, muestran entusiasmo por las áreas STEM, pero conforme van creciendo la situación cambia y las mujeres pierden interés.

Roles asociados históricamente a las mujeres, así como la influencia del entorno, mueven la balanza y hacen que perdamos vocaciones en ciencia y tecnología.

Se puede estudiar ingeniería, ser esposa, mamá, hija, amiga y ser exitosa según la definición de cada quienEs algo de lo que con más de 30 años de experiencia puedo dar fe. 

La familia, los profesores y la orientación vocacional juegan un papel fundamental para que niñas y jóvenes no crezcan con estereotipos que las alejen de sus sueños. Yo no recuerdo una sola vez en que mis padres me dijeran que no podía hacer algo por ser mujer y hoy se los agradezco.

Las carreras no tienen género, así de simple. Las áreas STEM no son solo para hombres. Ser ingeniera no impide desarrollarse a nivel personal. No reforcemos ideas erróneas, permitamos que cada ser humano descubra su potencial y lo maximice.

Las mujeres debemos ser protagonistas y no espectadoras en la definición del futuro del mundo. Las posibilidades existen y sí, puede que no sea fácil, pero vale la pena. El mundo está cambiando y todos tenemos la responsabilidad de impulsar a las mujeres a cumplir sus sueños, sin excusas. Es lo justo.

*Es Gerente General Intel Costa Rica

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