Por Erika Domínguez*

Los verdaderos grupos de innovación son capaces de obtener y combinar diferentes segmentos de genialidad en una sola obra. Saben integrar y fomentar la colaboración entre todos. Esta colaboración, por ejemplo, es igual al espacio que hay entre nota y nota en una pieza musical, pues al final, estos espacios y estas notas generan una orquestación que produce la armonía que escuchamos en una melodía.

Para producir armonía, necesitamos muchas notas y muchos espacios: estar dispuestos a escuchar ideas que vengan de todas partes, y no solo de grupos de innovación o de los directivos. Todo esto permite que la visión se construya en colectivo y no en solitario.

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De esa comunicación debe fluir una retroalimentación honesta en doble vía, ya que así se mejoran las ideas. Esto se traduce en una zona libre de prejuicios, en un ambiente en el que todos participen. De esta manera, las organizaciones se mueven más rápido, encuentran soluciones más ágiles y resuelven problemas complejos de una forma más eficiente.

El trabajo de los líderes es crear organizaciones dispuestas y capaces para innovar. ¿Cómo? De la siguiente manera:

  1. Basados en la colaboración.
  2. Fomentando el aprendizaje impulsado por el descubrimiento.
  3. Tomando decisiones de manera integrada.

Permite que reten tus ideas

Cuántas veces hemos visto a emprendedores que comienzan con una idea, pero terminan implementando otra diferente con la que finalmente salen al mercado. Esto sucede porque durante el proceso de desarrollo estas ideas son sometidas a pruebas de funcionalidad, a la aceptación de clientes y usuarios, a factores de viabilidad y muchas otras aristas que modifican los proyectos pero no el propósito. Esto resulta en innovaciones mucho más precisas, efectivas y que sí resuelven problemas o cubren necesidades reales.

El conocimiento que adquirimos en cada proceso es vasto, porque para crear algo nuevo aplicamos la curiosidad, y es esta última la que nos hace salir a buscar e investigar. Cuando descubrimos que hemos fortalecido el músculo de la creatividad, la satisfacción es mayor.

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Fomentar el pensamiento colectivo permite formas y procesos atípicos para crear innovación, que involucra a personas con diferentes hábitos y puntos de vista. Esto incluye emplear conocimiento de toda la experiencia personal, física, social, ética, estética, comprensiva y reflexiva, e incluso, de diferentes culturas y nacionalidades, para así abordar los problemas desde un enfoque mucho más holístico.

Las organizaciones innovadoras promueven dentro de sus grupos de trabajo la creación de ideas a través del debate y el discurso; abrazan las diferencias, no las esconden. No se trata solamente de divergencia o de una lluvia de ideas, sino que han aprendido a tener argumentos que pueden ser muy acalorados pero constructivos, y crean alternativas en donde los individuos se sienten cómodos al preguntar, aprender, escuchar activamente y defender su punto de vista. Entienden que la innovación rara vez ocurre, a menos que haya diversidad y conflicto.

Las organizaciones más innovadoras no permiten que un grupo o una persona domine el proceso creativo, aún si se trata del dueño, de un líder o de un experto. Los procesos creativos más efectivos promueven la inclusión de varios grupos o individuos para generar más soluciones y no solamente una gran idea basada en una sola visión. Su objetivo tampoco es el de encontrar una respuesta correcta, ni llegar a un consenso; se trata de valorar cada contribución. Reunirlos a todos genera una mejor solución que cualquier aportación por sí sola.

*Es directora de Planeación Estratégica y Comunicación Corporativa en KIO Networks.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.