La recuperación económica de Centroamérica, que ya esperaba comenzar a darse al inicio del siguiente ejercicio, podría posponerse. La posibilidad de que se vuelvan a dar rebrotes en el horizonte, en adición a otros factores, podría poner en peligro las débiles previsiones de crecimiento que arroja el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la última actualización de sus perspectivas. Unas perspectivas que, como decíamos, apuntaban una caída del -5,9%, pero que ascendían hasta el 3,1% para el 2021.

Y hablamos de unas previsiones débiles por el simple hecho de que hasta el propio organismo, el FMI, reconoce en su actualización del informe WEO que las proyecciones que se publican se hacen bajo diferentes supuestos que podrían desviarse. En este sentido, la incapacidad de controlar en todo momento la actividad del COVID impide realizar pronósticos con el suficiente grado de confianza como para confiar en ellos. La misma razón por la que el organismo se quedó corto en sus previsiones pasadas, previendo disipación del virus durante el segundo semestre.

Sigue la información sobre la economía y el mundo de los negocios en Forbes Centroamérica

En este contexto, precisamente, el FMI ha señalado que los riesgos se encuentran en un posible rebrote que, de la misma forma que ocurría meses atrás, podría provocar nuevos confinamientos, con el deterioro asociado que estos suponen. Un deterioro que, en el caso de Centroamérica, teniendo en cuenta sus escasos recursos y el shock que ha supuesto la pandemia para estas economías, se acentúa, dada la precariedad que viven determinados países. Todo ello, en adición a otra serie de fenómenos que, dañando significativamente la región, se dan con cierta frecuencia.

Así, los rebrotes de los que alertaba el organismo multilateral ya comienzan a darse a lo largo y ancho del planeta. España, Francia, Alemania, entre otros, son algunos de los países desarrollados que, como ocurría meses atrás, han optado por confinar nuevamente su población a estos rebrotes. Pero Centroamérica no es una excepción en la nueva oleada de contagios. El Salvador, por ejemplo, u Honduras, son países que, en las últimas semanas han experimentado un alza en los contagios; de esta forma, manifestando la posibilidad de que las advertencias del FMI también puedan materializarse en la región.

Como comentábamos, la región se enfrenta a una situación muy preocupante, especialmente cuando atendemos a los datos. En este sentido, hablamos de una incapacidad real de hacer frente a la pandemia, por lo que una mayor alza en los contagios, ante el peligro de colapsar los sistemas sanitarios en la región, podría obligar a los países que integran el territorio a la obligación de adoptar nuevamente el confinamiento. En este contexto, hablamos de unos indicadores que, como las camas de hospital por cada 1.000 habitantes, muestran una escasez desmesurada en las economías de la región. En este sentido, un índice que en la mayoría de las economías que integran la región no llegan ni a una cama por cada 1.000 habitantes.

Por otro lado, si seguimos analizando el resto de los datos que presenta la región, se observa una muy clara, y escasa, densidad de médicos por cada 1.000 habitantes en los distintos países de la región. Una densidad que, en su mejor nivel presentado, asciende a los 2 médicos por cada 1.000 habitantes. Sin embargo, como decíamos, estaríamos haciendo alusión a la cabeza visible de la región, o a lo que podríamos atribuir la excepción. Y es que, analizando la moda en los distintos países que integran dicho bloque económico, hablamos de una densidad que, por lo general, oscila entre 0 y 1 médico por cada 1.000 habitantes.

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

A su vez, a todo esto, debemos sumarle esos fenómenos a los que hacíamos referencia. Unos fenómenos que, materializados a través de desastres naturales, acechan a la región centroamericana constantemente. El último en darse fue el huracán ETA, que devastó todo a su paso, pasando a convertirse en una depresión tropical. Un huracán que, sumado a otros desastres como la plaga de langostas que acechaba a determinados países en la región hace escasos meses, devasta todo a su paso, arrasando una economía que, dicho sea de paso, presenta un gran peso de su economía ligada al sector primario y, en especial, la agricultura.

Por último, a los rebrotes y los desastres naturales, debemos incluir otra serie de factores que, como la desigualdad, el exceso de pobreza, el deterioro de las materias primas o la caída del turismo, siguen dañando la economía y, por ende, dificultando una recuperación que podría posponerse o, como poco, desacelerarse. Un motivo para apostar por el control del virus, ante una situación que, de seguir en la línea que comentábamos, podría dejar una economía en Centroamérica mucho más deteriorada, en contraste con los resultados esperados por el consenso de economistas a nivel global.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.