Por Oriol Ros*

Luego de la última compra con su tarjeta de débito a Francisco Pérez su banco le ha enviado un mensaje ofreciéndole otra tarjeta de crédito con un reembolso del 3% por todas sus compras. Es una buena oferta, sin duda, piensa.

Inmediatamente una parte de él repasa el actual contexto, en la pandemia que todo lo abarca, y siente que el crédito no es quizás la mejor opción: toda la libertad que representa el desfase entre comprar ahora y pagar más tarde cree que le generaría más un problema ante la necesidad de disponer de un mayor control sobre sus finanzas.

Aquí el débito es su mejor aliado. El caso de Francisco Pérez, o su reflexión, es uno de los muchos millones de ejemplos que se reproducen a diario en todo el mundo.

El último estudio publicado por Clocktower Technology Ventures, la empresa de capital riesgo, apunta que de forma notable los consumidores estadounidenses evitaron el uso de las tarjetas de crédito durante la pandemia.

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Durante el segundo trimestre de 2020 el porcentaje de uso de las tarjetas de crédito cayeron un 21%, para julio y agosto se estabilizó en menos 8%. Por su parte, el pago con tarjetas débito se incrementó en más de 24% para estos dos mismos meses y para el período en el que iniciaron las medidas de aislamiento preventivo, subió el 8%.

Los datos de Clocktower confirman lo que la mayoría de fabricantes de tecnología para las instituciones financieras venimos observando en la actividad del cliente final: un comportamiento conservador ante la crisis originada por el Covid-19.

Este comportamiento motivó la preferencia de las tarjetas de débito sobre las de crédito, ejercicio que lleva implícito un mayor control de las finanzas en tiempo real, un factor crítico para su actividad financiera, pero sobre todo, para su tranquilidad personal.

El resurgir de las tarjetas débito

El débito exige por naturaleza tiempo real en el manejo de las finanzas de un cliente. Necesitamos saber qué pasa, cuándo sucede, e incluso porqué pasa si el banco es capaz de añadir esa capa de inteligencia en su organización.

La pirámide de Maslow es una teoría psicológica que define las necesidades más básicas, ubicadas en la parte inferior, y en la parte superior las que los seres humanos desarrollamos como los deseos más elevados.

Las finanzas son un asunto intrínseco a nuestras necesidades, donde, una vez aplicadas estas a la Seguridad, que van en el segundo piso, escalaban a niveles más altos como el Reconocimiento o la Autorrealización, es un espacio para la aspiracionalidad que nos proporcionaban los recursos económicos.

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Durante años, anzuelo de productos y servicios financieros, crédito para el último gadget de Apple o un convertible, una hipoteca para una 2ª residencia, entre otros.

Esta crisis, o como amanezca el mundo el día de mañana, habrá contribuido a repriorizar algunos aspectos de nuestras vidas que considerábamos imprescindibles, o a incorporar otros que nos parecerán a partir de ahora, un básico en nuestras vidas.

Uno de ellos es la necesidad de estar informados en tiempo real sobre el estado de nuestras finanzas. Una situación que antes podía resolverse con una consulta puntual en una App, cuando podían pasar días o generosos intervalos de tiempo entre consulta y consulta.

Para este apuro éramos nosotros los que acudíamos a la fuente de información; pero ahora esta urgencia se ha visto alterada significativamente en la frecuencia y el sentido de ese flujo informativo. El débito se impuso al crédito.

Hoy esperamos que sea el banco el que nos informe, en tiempo real, sobre todo aquello relevante para nuestras finanzas, y las notificaciones y alertas sobre el estado de nuestras cuentas ha emergido como un servicio íntimamente asociado a productos como las tarjetas de débito.

El apego a nuestras finanzas ha vuelto a la base de la pirámide, en estos momentos prácticamente como una necesidad fisiológica.

*Es director de desarrollo corporativo de Latinia, compañía especializada en la fabricación de software de procesamiento de eventos en tiempo real para la banca.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.