Por Martín Rodríguez

A finales de la década de los ochenta, Centroamérica experimentó una época de mayor estabilidad, dinamizando así una de las actividades más redituables: el turismo; que alcanzó niveles de competitividad derivado de las bondades que ofrece la geografía de la región, así como los vestigios culturales de su legado prehispánico.

No obstante, en los últimos tres años se presentaron cifras a la baja, que para 2018 y 2019 registraron un descenso del 2 por ciento en la afluencia de visitantes en la región, lo que se explica principalmente a causa de los fenómenos meteorológicos constantes que azotan el Caribe, así como algunos desajustes sociales.

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Posteriormente, y como todos sabemos, en marzo del presente año se decretó un confinamiento global derivado de la pandemia por coronavirus, que obligó a muchas industrias y actividades económicas a detener su operatividad por varios meses, ocasionando una severa crisis que puso en riesgo cientos de miles de empleos, así como pérdidas millonarias por ingresos.

Por la naturaleza de las cadenas de valor del sector turístico, éste sufrió como ningún otro, ya que las aerolíneas dejaron de surcar los aires debido al cierre de fronteras; miles de hoteles y restaurantes redujeron su operatividad a niveles mínimos ante el riesgo de contagios; y los destinos para viajeros, llámese playas, reservas naturales, zonas arqueológicas, etc., cerraron sus puertas a los visitantes.

A falta de un bimestre para cerrar un año de grandes retos, la Organización Mundial de Turismo (OMT) informó que tan solo en materia de arribos internacionales, estos decayeron en un 70 por ciento durante los primeros ocho meses del 2020, y han anticipado que prevén una recuperación optimista para el sector hasta el tercer trimestre de 2021, aunque hay voces que coinciden en que no llegaría antes del 2022.

El declive del sector turístico y sus cadenas de valor constituyen un claro reflejo del impacto tan severo que ha tenido el Covid-19 en la región, que dicho sea de paso, ha sido a nivel mundial un escenario de contrastes. Actualmente, en su conjunto Centroamérica acumula poco más de medio millón de casos por poco más de 12 mil decesos, que aún está lejos de la cifra que se registra tan solo en la Ciudad de México, donde se tienen más de 15 mil fallecidos.

Ante ello, no resulta aventurado pensar que los países centroamericanos se encuentran en un momento inmejorable para llevar a cabo acciones que paulatinamente reviertan los malos indicadores que ha registrado el turismo en la región, lo cual tendrá que ser una constante en la medida que se normalice la llegada de visitantes.

Pero, ¿Qué necesita el turismo centroamericano para competir en la atracción de visitantes europeos, asiáticos y norteamericanos? La respuesta yace en una óptima contención de la curva de contagios, aplicación de medidas sanitarias permanentes, atractivos paquetes turísticos “all inclusive” y participación conjunta de Iniciativa Privada (IP) con los gobiernos federales para llevar a cabo planes de fomento, atracción, inversión y desarrollo turístico.

Los Organismos, Cámaras y/o Consejos también desempeñan un papel importante, ya que su función como entes vinculadores con contrapartes de otras latitudes e inversionistas, servirán para fortalecer la infraestructura existente, e inyectará los recursos necesarios para la adaptación de las medidas sanitarias requeridas para el retorno de visitantes.

Asimismo, resulta atractivo observar algunos esfuerzos que se están haciendo al respecto en turismo. Ejemplo de ello, la recién adquisición del sello “viaje seguro” que obtuvieron Guatemala, Costa Rica, El Salvador y Panamá al distinguirse en la salvaguarda de las medidas sanitarias, dando así un paso adelante en la búsqueda del retorno de turistas a sus territorios.

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De igual manera, otro ejercicio fue el “Central América Virtual Roadshow Europe 2020” que forma parte del programa “Fortalecimiento de la Integración y Promoción Turística Centroamericana”, a través del apoyo de Taiwán, que expone los atractivos de Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua ante los ojos de los turistas europeos, que junto a los estadounidenses y asiáticos representan los mayores mercados de viajeros.

No obstante, independientemente de dichos esfuerzos, el principal foco de Centroamérica estará en el plano doméstico, donde se puede tener un termómetro real de los alcances y limitaciones que puede ofrecer la industria a sus visitantes.

China por ejemplo, una vez que contuvo la ola de contagios e inició su proceso de recuperación económica puso en marcha un plan de consumo interno que contempló la movilidad de turistas locales en destinos domésticos, lo que permitió por un lado fomentar el flujo económico, pero a su vez apuntalar la infraestructura turística asentada durante los últimos meses.

Centroamérica tiene ante sí, un reto mayúsculo contenido no solo en su capacidad de captación de turistas internacionales, sino en unificar ciertos criterios entre las naciones de la región, que permita una mayor efectividad entre sus visitantes; que pueden ir desde una mejor política de cielos abiertos hasta la coordinación de gobiernos para la mitigación de la delincuencia que azota a dichos países, otorgando mayor seguridad a los turistas extranjeros.

Lo anterior, porque también pareciera que aún se ejecutan acciones individuales, cuando deberían estar actuando en conjunto, hablando de los siete países de la región.

Finalmente, habrá que poner atención en algunos otros anuncios que en fechas recientes han externado algunos organismos internacionales como el Banco Internacional de Desarrollo (BID), ya que su nuevo presidente, el estadounidense Mauricio Claver-Carone anunció tres pilares que seguirá para detonar una inversión de 50 mil millones de dólares en América Latina.

El reto con este anuncio consiste en develar que el sector turístico puede ser una de las palancas de crecimiento y rentabilidad en el mediano plazo para la región, constituyéndose como una fórmula atractiva para los inversionistas, quienes pueden ver en los encantos turísticos de Centroamérica un favorable clima de negocios.

*Es presidente del Consejo Internacional de Empresarios.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.