Por César Addario*

Brasil tiene una cuesta arriba bien inclinada y muy alta. Pese a que se espera un mejor cierre para 2020 y hay expectativas de un mayor crecimiento en el año siguiente, las condiciones macroeconómicas han empeorado. Esto se suma a un escenario internacional igualmente difícil, y a la segunda ola de contagios, con su impacto directo en la actividad económica. Todo esto ha incrementado la repulsión al riesgo y que altera significativamente a los mercados de activos, con correcciones a la baja en las cotizaciones de los bonos en el mercado y subidas significativas en las tasas de interés.

El Brasil, en esta situación se agrava porque ya lidiaban con un agujero fiscal y con el problema de la inflación. El choque inflacionario se verá en el aumento de los precios de los alimentos, que ya acumulan una variación importante en los dos lados de la mesa, el del consumidor como el que produce y esto también son elementos de dicha coyuntura el aumento en los precios de las materias primas, con la devaluación del real y el aumento de la demanda. 

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La presión cambiaria y el aumento de la demanda son factores relacionados ya que el Real cayó cerca del 40 % en un año, esto es una devaluación del 7 % y está devaluación se explica por la reducción del diferencial de interés interno-externo, que en Brasil aún era muy alto, pero la devaluación comenzó a mostrar las incertidumbres que surgieron sobre el rumbo de la situación fiscal. Entrando en tópico importante recordemos que el Gigante de Sudamérica registra este año un déficit nominal equivalente al 17 % del PIB y no se puede esperar otro escenario con esta realidad de tan alto desequilibrio entre los ingresos y necesidades que la deuda siguiera su trayectoria de crecimiento vertiginoso y este en un 95 % del PIB, esto es, 20 puntos más que en 2019.

Este severo escenario de riesgo fiscal nos muestra que el tipo de cambio y en una curva de inclinación positiva, lo que obligará a que se rompa el techo de gasto, ya que casi el total del presupuesto ya está comprometido y el techo de gasto es la única señal de estabilidad macro. Esto obliga al Ejecutivo Brasileño a continuar usando la política fiscal para tratar de enfrentar la caída del PIB y evitar un deterioro aún más prolongado de la economía, que en el corto plazo profundice los problemas.

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La situación de Brasil merece y requiere atención, en cuanto a que, en medio de una recesión de impacto y al ser la octava economía del mundo y la primera de América Latina, puede arrastrar al MERCOSUR, ya que son sus mayores socios comerciales y a los países limítrofes sudamericanos.

*Es experto en estrategias de Deuda Soberana de los Mercados Emergentes en América Latina.

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