Desde épocas remotas, las joyas han ocupado un lugar especial en la humanidad como símbolo de belleza e individualidad. Y si ahondamos en el devenir universal, confirmaremos que son portadoras perpetuas de profundos significados de naturaleza social y cultural. También nos encontraremos con aquellos momentos complejos que cambiaron de manera definitiva la percepción de la vida. La pandemia por coronavirus suma un nuevo capítulo en esta historia… y también muchas lecciones.

PERLAS DE OPTIMISMO

Entre los aspectos que María Echeverri rescata de estos tiempos retadores, destacan la unión generada entre los diseñadores de Honduras y una preocupación compartida por impulsar al país.

“…quiero utilizar la perla no como esa forma que se crea tras los ataques recibidos en el mar, sino como un elemento ya formado, con toda su belleza”: María Echeverri.

En los últimos años, María se ha posicionado con éxito en la escena internacional de la joyería, particularmente en Europa. Su trabajo se caracteriza por el uso de la perla, un elemento que está presente en la mayoría de sus diseños, los cuales están inspirados, muchas veces, en experiencias duras de vida.

“Pero este año decidí ser más positiva y quiero utilizar la perla no como esa forma que se crea tras los ataques recibidos en el mar, sino como un elemento ya formado, con toda su belleza”, comenta la diseñadora que en fechas recientes ganó el premio al Artista del Año 2020 en Palermo, Italia; además del International Prize New York City.

Foto. Cortesía de María Echeverri.

Bajo esta visión, actualmente se encuentra diseñando una mini colección de joyería de la cual decidió ser imagen: “Quiero que la gente vea que María Echeverri no sólo es la marca, sino que detrás hay una persona a quien también le ha tocado vivir toda esta difícil situación por la que estamos atravesando”.

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MIRADA AL INTERIOR

Mónica Varela coincide que serán aquellas joyas con esencia pura, apegadas al carácter humano y a su entorno, las que trascenderán. Una de las colecciones más íntimas de la diseñadora nacida en República Dominicana es “Hurita”, inspirada en imágenes microscópicas de semillas: “La relaciono mucho con la energía que como seres humanos guardamos en nuestro interior y que muchas veces no logramos distinguir a simple vista”, afirma.

“La clientela que viajaba con frecuencia al extranjero para comprar joyas, ahora está aprendiendo a apreciar mucho lo que producimos en la isla”: Mónica Varela.

El aislamiento, comenta Mónica, propició un ejercicio de introspección ciudadana y generó una unión nacional valiosa. “La clientela que viajaba con frecuencia al extranjero para comprar joyas, ahora está aprendiendo a apreciar mucho lo que producimos en la isla”.

Con ese orgullo refiere el uso del ámbar de Santiago de los Caballeros y el larimar de Barahona en sus más recientes creaciones en homenaje a su país: “El proyecto surgió de manera muy orgánica y tiene mucho que ver con lo que para mí significa ser dominicana. También es especial porque me permitió conocer familias de artesanos maravillosas”.

Cortesía. Mónica Varela.

Trabajando en estrecha colaboración con maestros artesanos, Mónica Varela ha elevado las técnicas tradicionales de joyería al incorporar de manera audaz fibras microscópicas y elementos impresos en 3D que capturaron su atención durante sus estudios en el Istituto Europeo di
Design, en Milán.

TIERRA FÉRTIL

A pesar de las circunstancias, el diseño se abre paso en Costa Rica, afirma Ximena Esquivel. Cuando emprendió su negocio, hace siete años, sabía que sería todo un reto. Como ocurría en otros países de Centroamérica, mujeres y hombres tenían centrada su mirada en alta joyería manufacturada en el exterior.

Foto. Tatiana Marin. Cortesía de Ximena Esquivel.

En la actualidad el comportamiento, afirma, es otro. “Cada vez son más las marcas de joyería que hay en el país. Como gremio nos apoyamos los unos a los otros”, comenta Ximena. Sin embargo, de su visión a futuro no escapa la idea de que este ascenso sature el mercado: “Esto seguramente nos impulsará a ser competitivos”.

“Creo en la joyería como un agente de personalidad que nos ayuda a expresarnos”, afirma Ximena, quien interpreta la naturaleza de Costa Rica a través de piezas de joyería de autor hechas a mano.

Ximena Esquivel

CELEBRACIÓN DE VIDA

Mantener viva la riqueza cultural de Guatemala, es una de las principales ideas que mueven a Laura Spillari, quien relata que tuvo la dicha de crecer muy cerca de las artes folclóricas, sin mencionar que nació, literalmente, dentro del Parque Nacional Tikal, en Petén.

“Es momento de estar orgullosos de lo que hacemos con nuestras manos”: Laura Spiralli. Foto. Werner Solórzano.

Esa energía ancestral se hace patente en cada una de sus creaciones, al igual que en su admiración por el hábitat que la rodea. Y fue el entorno el que dio a Laura una señal asombrosa: “Una fuerte tormenta dejó al descubierto vetas de jade en el río que pasaba en un terreno familiar”.

Aquel suceso marcó el inicio de su pasión por la joyería y el de Xibalba Studio, considerado un punto imperdible para el turismo y cuyo portafolio incluye el diseño de coronas de reinas de belleza de Guatemala.

Foto. Cortesía de Xibalba Studio.

Ahora, en la nueva realidad, se enfoca en la reapertura de su estudio y en seguir aprendiendo del mercado en línea. “Lo que me motiva es la idea de seguir creando, de establecer redes comunitarias. Es momento de estar orgullosos de lo que hacemos con nuestras manos”, afirma la creativa guatemalteca.

Es así como el lujo en Centroamérica adquiere un nuevo significado con joyas que llaman a reconocer con mayor fuerza el potencial creativo de una región que sigue cautivando al mundo.

Artículo originalmente publicado en la edición print de Forbes Centroamérica. Octubre 2020.

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