POR Miguel Collado Di Franco *

Las economías del mundo han sido víctimas de la pandemia de Covid-19. República Dominicana, por ejemplo, ha sufrido un importante efecto en su crecimiento económico, reflejado en la pérdida de empleos y el deterioro de su sector externo.

Muchos opinan que en la medida en que disminuyan los contagios y se abra la economía por completo deberá revertirse esta situación, recuperarse de todos los efectos que ha sufrido e iniciar una senda de crecimiento sostenido. Esa prevista sanación luce optimista sólo si se aplican medidas que fortalezcan a la economía real.

Hasta el momento, las principales medidas económicas han descansado en estímulos monetarios y fiscales. Sin embargo, República Dominicana no tiene un problema que se solucione con estímulos de tipo artificial, es decir, con más gasto público y con la expansión de la moneda en la forma de crédito barato.

Nuestra economía ahora tiene, como antes de la pandemia, un problema de competitividad, es decir, una carencia de reformas que transformen sus fundamentos y las reglas del juego para incrementar la productividad.

Medidas para garantizar la liquidez o aumentar el gasto público en subsidios deben ser temporales. Los bancos centrales, o los gobiernos, no reemplazan a la economía real, no pueden sustituir lo que a diario hacen los emprendedores en sus procesos de creación de bienes y servicios.

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Nuevas reformas

En las circunstancias actuales es necesario implementar reformas que creen las bases para el crecimiento sostenido por medio de la inversión en procesos productivos que agreguen valor y generen puestos de trabajo mejor remunerados.

El nuevo rol de la política económica debe ser: minimizar las barreras a la formalidad y a la creación de nuevos emprendimientos y reducir los costos para vivir y hacer negocios en el país.

La informalidad laboral de los últimos cinco años ha sido superior al 57%, según cifras del Banco Central. Las condiciones son menos conducentes a la formalidad: puestos de trabajo han sido destruidos y los costos para las empresas por operar formalmente siguen siendo elevados.

Los altos impuestos, la carga laboral no salarial, los costos de transporte y de combustibles más elevados en comparación con Centroamérica, la baja calidad del suministro de electricidad y los largos procesos burocráticos discrecionales, entre otros, son factores que encarecen hacer negocios.

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La recuperación

Son elementos que dificultan las inversiones en procesos productivos y, por tanto, deben ser atendidos cuanto antes. Estos temas han sido documentados por el Doing Business del Foro Económico Mundial y por análisis de think tanks independientes como el CREES.

De este modo, el camino hacia la recuperación no debe estar basado en más costos, sino en todo lo contrario.

El impacto de las medidas prevalecientes se puede medir en la mayor proporción de ingresos que demanda el gasto de los intereses de la creciente deuda pública.

También se mide por las políticas monetarias que distorsionan las decisiones de ahorro, aumentan la probabilidad de devaluación de la moneda y elevan los pasivos de empresas y hogares.

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Los países que fortalezcan los elementos que sustentan la economía real tendrán las recuperaciones más rápidas, sostenibles y menos costosas.

El estado de salud de las economías lo determinarán los emprendedores, al hacer análisis para sus inversiones de largo plazo. En manos de las autoridades queda, en consecuencia, la aplicación de reformas que creen fundamentos económicos sólidos. La apuesta de la recuperación debe ir en este sentido.

* Director de Investigaciones del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles, CREES.
Twitter: @miguelcdf

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