El sector de la vivienda puede convertirse en un motor para impulsar la recuperación económica de Centroamérica. La promesa es ofrecer mejores condiciones de vida a toda la población y abrir oportunidades para reactivar un modelo de desarrollo que en plena pandemia de coronavirus parece olvidado.

“El tema de la vivienda aporta más al pib, inclusive más de lo que muchos países se dan cuenta”, asegura en entrevista Ernesto Castro-García, vicepresidente de Área para América Latina y Caribe en Hábitat para la Humanidad.

La contribución económica de la vivienda es de un promedio de 13.1% en relación con el Producto Interno Bruto (PIB), mientras que el aporte al pib va de 17% a 21% en países como Perú, México y Brasil, de acuerdo con el informe Cornerstone of Recovery.

En la región, casi 100 millones de personas, es decir, 21% de la población urbana vive en pobreza, con viviendas no adecuadas o asentamientos con carencia de servicios básicos, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

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El factor Covid-19

Estas condiciones podrían ser consideradas graves si hablamos de la actual emergencia sanitaria desatada por el Covid-19, que propicia el distanciamiento social en los hogares.

Dentro de los beneficios económicos existen dos factores que deben tomarse en cuenta: la inversión en construcción formal de vivienda y los recursos considerados no formales, como son las mejoras en las condiciones cualitativas de los inmuebles.

Honduras, Guatemala y El Salvador pueden tener varias similitudes, pero poseen contextos muy diferentes. Cada país requiere sus propias políticas públicas, ya que no existen modelos replicables en toda la región, sino elementos que sí pueden replicarse:

“Los aportes de la vivienda van más allá de la construcción por sí misma, sino que [también] son los aspectos sociales y de salud”, dice Castro-García.

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Fuerza empresarial

Hoy es importante tomar en cuenta el papel que juegan los desarrolladores de vivienda, ya que muchas de las políticas se enfocan exclusivamente en el usuario final, pero no facilitan la operación del sector de la construcción.

Las alianzas público-privadas pueden convertirse en instrumentos para la participación de empresas y gobiernos en el desarrollo de diversos proyectos en el sector de la vivienda.

Aún hay mucho trabajo para hacer accesibles y ejecutables los proyectos de financiamiento enfocados en la construcción o mejoramiento de los hogares, reflexiona Castro-García: “La pandemia ha visibilizado el tema de la vivienda”.

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