Por Elena Crespo

La pandemia que vivimos ha tenido un impacto directo en las dimensiones biológicas, psicológicas y económicas del mundo.

Sin un precedente similar al actual, por su impacto y su alcance, las organizaciones empresariales buscan brújulas orientativas para guiar sus próximos pasos para el 2021 pero, cada tipo de organización es diferente. Desde las analógicas a las nativas digitales, cada una tiene una propia idiosincrasia y modus operandi.

Lo que sí está claro es que la crisis sanitaria global ha incidido en las expectativas sobre el rol de liderazgo, que deben ejercer las empresas para con sus diferentes stakeholders. La reformulación del liderazgo ahora mismo es un imperativo, no es una opción.

Resultados de un estudio

Un estudio sobre la visión de los CEO latinoamericanos con relación a la COVID-19 de Villafañe & Asociados (V&A), la consultora española pionera en la gestión de la reputación empresarial, subraya no sólo que cerca de un 40% espera descensos de hasta un 60% de facturación en sus negocios, sino la importancia del rol social del nuevo líder.

Queda atrás la escuela evaluativa que consideraba a la reputación como ventaja competitiva por su injerencia en la performance financiera de corto plazo de la empresa.

Ahora el líder tiene que ser un actor desapegado al valor bursátil, efímero y cambiante, y sí enraizado a las acciones reales, constatables y medibles, que validen el tipo y el tiempo de respuesta dada, en todos aquellos con los mantiene relación.

Ante una situación de incertidumbre, lo único importante es lo esencial y lo esencial es el propósito.

Antes del comienzo de la pandemia, en el 2019, la Business Roundtable, la organización que reúne a los presidentes ejecutivos de 181 de las mayores corporaciones de Estados Unidos, desde Amazon hasta Xerox, señalaba precisamente eso. El cambio de visión radical sobre el objetivo de sus corporaciones.

Cambios

Las necesidades, prioridades y expectativas de los grupos de interés han cambiado y el líder de las organizaciones tiene que estar a la altura. Un papel de gran relevancia, a medio caballo entre lo místico y lo asceta, teniendo en cuenta que ahora hay que hacer más con menos.

Los atributos de la marca ya no son únicamente los diferenciadores con relación a la competencia. Ahora, lo crucial es ser respetado, admirado, por la coherencia entre el discurso y las acciones que de este se desprendan sobre el terreno de campo, con un claro enfoque multistakeholder.

Los colaboradores y los clientes son más prioritarios que nunca, porque si no están alineados con el propósito corporativo y los objetivos reputacionales, no se logrará la continuidad del negocio.

De ahí, que ese nuevo liderazgo tenga el gran protagonismo hacia el interior de la organización, poniendo a los individuos en el centro, y que sirva como catalizador de la recuperación.  

Hacia afuera, el nuevo liderazgo, tiene que asumir la sostenibilidad de la empresa junto con el de la sociedad, a modo de concepto “empresa ciudadana” comprometida con el desarrollo inclusivo y sostenible. Un tándem de ciudadanía y ética empresarial.

El estudio revela que el 40% de los CEO de Latinoamérica y el Caribe, admite la necesidad de flexibilizar el ámbito laboral.

El quid de la cuestión radica en si maximizar o minimizar la actividad económica, como afirman el 26% de estos líderes.

El hándicap está en si poner a toda máquina el barco cuando la pandemia aún no se ha controlado y todavía no se ha concretado una vacuna para contrarrestar el virus o si nos detenemos del todo, a pesar del arrastre en empleos y la desigualdad social que esto lleva implícito.

Séneca como estoico al fin, ponía la virtud en el término medio. En el contexto actual, la prudencia parece lo más acertado, para que esos líderes confiables y cercanos con todos sus grupos de interés, se adapten desde la flexibilidad que entraña el momento y transformen sus organizaciones como imperativo para mantener su licencia social, su validez y su reconocimiento, en este entorno cambiante y muy decisivo.


Elena Crespo es periodista y abogada. Además, es coordinadora de Villafañe & Asociados en República Dominicana.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.