Eduardo Valcárcel B. *

En la actualidad, las organizaciones se enfrentan a un gran reto. Lo que conocíamos como sociedades en masa ha cambiado a un modelo totalmente distinto denominado “sociedad conectada”.

Es decir, vivimos en un mundo “hiperconectado” y creo que para nadie es un secreto que la comunicación siempre ha sido elemento de vital importancia para el buen funcionamiento de las empresas y, por consiguiente, para la economía.

Pero en los últimos 50 años, cuando el concepto de comunicación corporativa o empresarial adquiere dimensiones impensables en el nuevo modelo de negocios, pasa de ser necesaria a imprescindible.

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Nuevo paradigma

Ante la realidad que enfrentamos, la comunicación es parte fundamental de la operación de las empresas, sin importar el sector al que pertenezcan, y esto viene dado por múltiples factores:

Hubo un desgaste del modelo productivo industrial, basado en el producto y la estructuración de las funciones dada por marcadas jerarquías, que protagonizó dos siglos de historia como centro del sistema económico, lo que dio paso a un nuevo modelo de “management”, en el que la comunicación es una herramienta de primer orden para lograr los objetivos empresariales y de las instituciones en general.

Este cambio de paradigma ha sido impulsado en gran medida por la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), que ha obligado a las organizaciones a poner en relieve sus activos intangibles, tales como: los valores, la imagen corporativa, la transparencia y la responsabilidad social; y, a la vez, redoblar esfuerzos para aumentar la seguridad de la información.

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La reputación importa

Las empresas de hoy operan bajo mayor escrutinio público, con consumidores más educados, más conscientes social y ambientalmente, con empleados más preocupados por el impacto de sus acciones en la comunidad, sociedades mejor informadas de sus derechos y gobiernos con mayor sentido de regulación y control.

Existen mayores mecanismos de interacción social que hacen que la reputación de las empresas sea cada vez más vulnerable, no sólo por las opiniones de un individuo, sino por la influencia de esta opinión en el comportamiento de otros que, en el caso de las redes sociales, pueden llegar a escalas inimaginables.

Recordemos que muchas de las grandes crisis empresariales, escándalos sobre fuga de información o movimientos sociales de los últimos tiempos, se han orquestado en estas plataformas digitales.

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En tiempos del Covid-19

Estamos frente a un esquema denominado “economía de la reputación”, que se basa en pilares tales como: la responsabilidad ambiental y social, responsabilidad con sus trabajadores, garantía de la calidad y el buen precio de los servicios y productos, apego a los valores éticos, la innovación, la creación de vínculos con el entorno y, sobre todo, la transparencia de las operaciones.

En la crisis post Covid-19, las empresas han requerido una comunicación más abierta y directa con sus grupos de interés internos y externos acerca de las medidas que han tomado para continuar o pausar sus labores.

Todo esto obliga a marcas y empresas, que quieran subsistir en el tiempo, a ir más allá de sólo hablar de descripciones de productos o usos y de lo maravillosos que estos son. Hoy deben crear un vínculo o conexión estrecha y emocional con sus consumidores.

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La comunicación y el marketing tradicional viven un periodo de prueba que requiere respuestas innovadoras y creativas por parte de las empresas y las marcas. Pero, ¿están preparadas para responder a estos cambios? Es importante recordar que la transformación no espera ni se detiene.

* Gerente General de Newlink Group
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