Por Uriel Naum Ávila

Justo días antes de que se extendiera Covid-19 en América Latina, allá por marzo, la Asociación Nacional de Industriales de Colombia (ANDI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) formalizaron en Medellín, Colombia, un acuerdo para fomentar el reciclaje y la economía circular en los países de la Alianza del Pacífico (Colombia, Chile, México y Perú).

Parto de ese punto para abordar el tema porque si antes de la pandemia la economía circular (reciclar, reutilizar y reducir) era ya relevante para la región por el alto grado de desechos que en ella se producen (cada latinoamericano genera un kilo de basura al día y la región en su conjunto, unas 541,000 toneladas, lo que representa alrededor de un 10% de la basura mundial), después del virus que ha venido a azotar América Latina y el mundo, este tema se vuelve aún más relevante por varios aspectos.

La apuesta no sólo es por un mundo más limpio. El sector empresarial también ha descubierto nuevas ventajas de ahorro y de mayores ganancias, porque a diferencia de la economía lineal, la circular siempre tiene un retorno de inversión, y las buenas prácticas también suman para conquistar los objetivos.

Muchas empresas que forman parte de la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) comienzan a hablar de este tema, pero no todas saben cómo llevar a cabo procesos de economía circular.Me parece que, en principio, es fundamental voltear a ver casos que han tenido éxito.

La renta de pallets elaborados con madera de bosques sustentables, por ejemplo, destaca como una de las prácticas en las cadenas y procesos de suministro comercial; un buen embalaje certificado y diseñado con materiales reciclables, representa éxito en la cadena comercial de exportación, traslado y conservación de productos.

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El modelo de renta de estos pallets, también potencia el ciclo de la economía circular, porque los reutiliza y para su producción solo se requiere de energías limpias como el sol y agua.

Ejemplos de sostenibilidad y economía circular hay muchos. Audi México aprovecha las fuentes de energía renovable para producir el 100% de su energía eléctrica, en su planta de San José Chiapa, Puebla; Grupo Modelo e Iberdrola, crearon un acuerdo para promover energía limpia en sus procesos de producción, mientras que Walmart, Volkswagen y Grupo Bimbo han destacado por su apuesta en la economía circular y las buenas prácticas en sus cadenas de comercialización al priorizar el uso de energías renovables.

Otros ejemplos de economía circular que han sido destacados por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) son Winnow por el desarrollo de medidores inteligentes que analizan la basura; DyeCoo por su proceso de teñido que no utiliza agua; Close the Loop por su iniciativa de convertir cartuchos de impresora en insumos para la construcción de carreteras, y Enerkem, que desarrolló una tecnología para extraer de la basura biocombustibles y con ello mover vehículos.

Apenas hace unas semanas atrás, la Cepal, que lidera Alicia Bárcena, propuso a los países de América Latina concentrar la atención en siete sectores y hacer de estos los motores económicos de la región, pero sobre todo, de un nuevo estilo de “desarrollo funcional”. Estos fueron: una nueva matriz energética, la electromovilidad urbana, la revolución digital, la industria manufacturera de la salud, la bioeconomía, el turismo sustentable y la economía circular.

Sin lugar a dudas, el mundo se torna verde para fortalecer el cuidado del medio ambiente, pero también para reinventarse sin dejar de crecer empresarialmente.

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*Es periodista de negocios en Latam y consultor en comunicación empresarial.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.