Una penosa coincidencia entre distintas naciones del hemisferio norte (Estados Unidos y México), radica en que la principal causa de muerte que ha dominado los últimos años es una: las enfermedades del corazón.

El doctor José Navia, un consumado especialista de Cleveland Clinic con más de 7 mil intervenciones de corazón en el currículum, amplía un poco sobre las cifras: “hay cinco millones de pacientes del corazón en Estados Unidos, lo que genera un costo a salud e índices de mortalidad que son abrumadores”.

Se trata del motor del cuerpo humano y, como todo motor, puede fallar. La enfermedad coronaria es una de las principales causas de infarto al miocardio, pero también están los casos de insuficiencia cardiaca y de enfermedad valvular, todas son amenazas “latentes”.

El experto reconoce que el reto es gigante, pero la medicina ha contrarrestado con investigación, tecnología y nuevas soluciones que hace 15 años hubiesen correspondido más a una visión digna de ciencia ficción.

“Respecto a la enfermedad coronaria, ha habido importantes avances en términos de medicaciones que mejoran la función ventricular y disminuir el colesterol”, adelanta Navia.

Asimismo, ahora existe la opción de un cateterismo mucho más avanzado, capaz de intervenir las arterias a través del uso de un stent (endoprótesis vascular), que abre las arterias en casos de cierre agudo.

El stent es una de las revoluciones en las que se sigue trabajando: Navia habla de la exprimentación con stent biodegradables con medicación, el cual no solo liberará el medicamento, sino que se disolverá con el tiempo, dando lugar a que la arteria se remodele y regrese a su tamaño normal.

Otra de las grandes innovaciones con referencia a algunos años atrás es la integración de dispositivos extremadamente pequeños que mantienen la salud del corazón mientras el paciente con insuficiencia espera por su transplante.

“No todos los pacientes pueden recibir un transplante rápidamente. En Estados Unidos se hacen unos 3 mil transplantes al año, pero se requiere el triple”, explica Navia. “Los dispositivos integran bombas centrífugas que auxilian la labor del corazón sin deterioro de las células sanguíneas”.

En el caso de pacientes que no son candidatos para recibir un transplante, las válvulas percutáneas han mostrado una alta efectividad. Se trata de auxiliares en la labor cardiaca que se pueden “conectar” sin necesidad de una cirugía compleja.

ENTRE LA CIENCIA FICCIÓN Y LA MEDICINA INTEGRAL

El doctor Navia, nacido en Argentina y actual director del Instituto Regional Vascular y del Corazón, de Florida, así como de Cirugía Cardiotorásica de Cleveland Clinic, es optimista sobre el avance tecnológico de la medicina cardiovascular.

“Lo ideal sería contar con dispositivos cada vez más pequeños, que se llevaran de forma intracorpóreo, para que la energía se genere de forma autónoma y se mantenga el corazón del paciente eyectando sangre sin riesgo de complicaciones, de infecciones o de daño hematológico”, explica.

“Yo creo que en una década habrá un uso masivo de estos dispositivos y estaremos más cerca de prescindir de los trasplantes en muchos casos”.

En Cleveland Clinic, el éxito en las recuperaciones de pacientes que sufren del corazón ha ido acompañado por el apoyo de la terapia física y psicológica, destaca Navia.

Así, se trata cada vez más de una disciplina integral, en donde participan no solo una diversidad de desarrollos tecnológicos y científicos, sino también un equipo importante de especialistas que contribuyen a la reincorporación del paciente a una vida más normal.

“El impacto de la cirugía es importante, no solo en cuestión física, sino psicológica. Salir de la cirugía lleva un tiempo, y hemos identificado cierta depresión posterior, así que ha sido muy importante contar con psicólogos y psiquiatras para la recuperación emocional”, reconoce Navia.

Sí, el corazon es el motor del cuerpo humano y, como todo motor, requiere de cierto mantenimiento. 

Navia sugiere establecer una rutina de chequeos anuales, en donde se revisen ciertas métricas como el colesterol y el estado físico general de la persona, así como una placa de tórax y un electrocardiograma, sobre todo en caso de que las pruebas de laboratorio manden alguna alerta. Todo está en saber escuchar y darle su lugar al corazón.