En una de las regiones más desiguales del mundo y en plena era de la revolución tecnológica 4.0 se necesita sin demora caminar hacia la implementación de una renovada visión de la gestión pública en la que resulte una nueva legitimidad y un Estado fortalecido. En mi reciente participación en la Cumbre Mundial de Políticas Públicas compartí algunas ideas que me gustaría compartir con ustedes.

La ciudadanía, con la tecnología como una estridente aliada, está planteando sus demandas de una manera contundente, piden soluciones a sus expectativas, lo que exige contar con una administración pública que dé respuestas rápidas a este justo reclamo para que se aseguren derechos y el estado de bienestar. Una demanda que debe ser resuelta en el marco democrático y con el respeto a los Derechos Humanos.

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El estilo tradicional de la política y su impacto en la administración disminuye ante la nueva realidad que exige instituciones fuertes y gobiernos que resuelvan, como fundamentos capaces de sostener e impulsar un cambio que asegure la efectividad en el relevante rol que juega la administración pública como puente entre los ciudadanos y la gestión de los recursos, en función del bien común.

Esa renovación permitirá la construcción de sociedades plenas integradas por ciudadanos satisfechos. Una mayor capacidad de gestión debe significar el uso óptimo de los recursos dirigidos al bienestar general, sin menospreciar el impacto en el músculo económico y el tejido empresarial de las naciones; cohesionar a la misma sociedad, asegurar el empleo y garantizar la sostenibilidad de las iniciativas de calado social pasan por la responsabilidad de los escritorios de los funcionarios.

Nada puede perdurar sin la confianza del ciudadano. La ciudadanía empoderada, con más participación y mayor implicación se puede representar en un trinomio virtuoso: a más actores, más retos, pero mejores soluciones. El concepto del Estado, de la política y de la administración debe transformarse para que diversos actores encuentren cabida en plena revolución de los viejos conceptos sobre lo público.

En la medida en la que disminuyen índices como la desigualdad, es que aumenta la confianza, esto es un efecto directo de respuesta del estado y confianza del ciudadano. Otro factor clave para asegurar la confianza es la capacidad del ciudadano para cubrir sus necesidades básicas y contar con servicios de calidad que sean el resultado de un uso óptimo de los recursos públicos.

El reto de un nuevo modelo de gestión también implica la capacidad de respuesta en la era de la inmediatez. El reto del gobierno electrónico y el uso de las nuevas tecnologías requieren nuevos recursos, conocimientos y capacidades. La época virtual puede asegurar agilidad, presencia, respuestas efectivas y comunicación constante. Además, contribuye enormemente a la transparencia y al acceso a la información. Retener el talento, dignificar la carrera y promover el servicio público deberían ser tres tareas impostergables.

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*Es consultor en Asuntos Públicos y Comunicación Política.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.