Por Héctor Chagoya

Actualmente vivimos en un mundo empresarial muy competitivo, donde posicionarte como una empresa eficiente que apuesta por la competitividad cada vez es más fundamental. Cuando vemos empresas que ostentan una “certificación ISO”, automáticamente nos remitimos a medianas y grandes empresas, sin pensar también en las pequeñas, que pueden crecer y competir mejor en su mercado siguiendo los principios que las normas aportan para ese fin.

Todas las empresas tienen un gran número de procesos, técnicos y administrativos, que les permiten transformar entradas (información o materiales) en salidas (productos o servicios). Normalmente las empresas identifican solo los procesos que tienen relación con su producto o servicio principal, muchas veces sin considerar los invaluables beneficios que conlleva acceder mediante estándares a lo que otros han hecho para la gestión de estos mismos procesos para tener mejores resultados, y aún más su implementación sistemática.

Sigue la información sobre la economía y el mundo de los negocios en Forbes Centroamérica

Para evitar que los intereses comerciales y económicos distorsionen el intercambio de información entre empresas e instituciones interesadas en determinados procesos, productos o servicios, cada país tiene un marco regulatorio. En él se regula la manera en que deben construirse un conjunto de prácticas o características que deben cumplir los interesados en determinados procesos, productos o servicios, así como las organizaciones especializadas y autorizadas para su construcción.

Entre las más conocidas está la Organización Internacional de Normalización (ISO), con una membresía de 165 organismos nacionales de normalización, donde se reúnen expertos en diversas materias y convergen sus experiencias, intercambiando las mejores prácticas para establecer los estándares que todas las organizaciones pueden seguir para obtener mejores resultados, a fin de garantizar la estandarización a nivel internacional.

Pero ISO no existiría sin organismos locales como el Instituto Mexicano de Normalización y Certificación (IMNC), reconocido dentro de la ISO como organismo local. Es invaluable la aportación y constante participación de estos organismos en el desarrollo de normas que satisfacen tanto las necesidades de las organizaciones como las necesidades más amplias de la sociedad.

Los estándares abarcan procesos de la más diversa índole, desde los más famosos como los de gestión de calidad, de seguridad de información, de gestión ambiental y de riesgos, hasta uno de los más recientes de ISO: el de innovación. Este estándar ayuda a las empresas a implementar las mejores prácticas internacionales para el proceso de innovación, el de mayor impacto para la competitividad de las empresas en la economía del conocimiento.

Conseguir la certificación es solo la consecuencia del esfuerzo de identificar y documentar procesos y establecer los indicadores necesarios para el cumplimiento de los estándares aplicables. Esto último es, en realidad, lo más importante de iniciar un esfuerzo de estandarización en una organización, cuyo resultado se refleja en la certificación por un tercero autorizado, que verifica que se cumple con el estándar correspondiente.

Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado

En suma, la normalización permite a las organizaciones poner en marcha prácticas probadas, dando certeza a los consumidores y mejorando la competitividad de las organizaciones, a través de productos y procesos confiables. Las certificaciones ISO y locales, generan reconocimiento para las empresas, pero, sobre todo, aseguran su productividad con el consecuente aumento sus ventas e ingresos.

*Es director de Patentes y Tecnología en BC&B, así como miembro del Comité Técnico de Normalización Nacional de “Gestión de la Tecnología” IMNC/CTNN 10.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.