Nos enfrentamos a un nuevo orden en el que las empresas van a tener un papel decisivo. Una etapa de consensos en la que debe primar la seguridad jurídica para generar confianza. Y también ante un gran cambio laboral y social en el que las empresas van a ser más protagonistas que nunca.

Y debemos afrontarla con una visión de medio y largo plazo, sostenida en el consenso y el diálogo social, en marcos regulatorios más flexibles adaptados a la realidad. Asegurando un impulso a la colaboración público-privada, conservando y fortaleciendo el tejido productivo, apostando firmemente por la innovación, la digitalización, la inclusión y la igualdad de oportunidades mediante la formación y la educación.

En este panorama hay dos grandes conceptos fundamentales: Estrategia y Excelencia que empiezan por “e” de Empresa y por otras “es” que me gustaría analizar brevemente.

La primera es Estado y es indispensable. Estado como garante de la Estabilidad, de la igualdad de oportunidades, de derechos y libertades, de justicia, de progreso y de futuro.  Estado que implica lealtad institucional de todos y cada uno de nosotros en su defensa permanente.

Con E mayúscula de Empresa

Equidad, un valor que implica justicia, igualdad de recursos, social, de género, en la educación, en el derecho, y también entraña moderación. En su definición: disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece. Y no hay mayor garantía de esto que haciendo posible el Empleo.

Eficiencia, o lo que es lo mismo, lograr las metas optimizando los recursos.  Eficacia, alcanzar las metas establecidas, y Efectividad, la mezcla perfecta de ambas. Todo ello muy ligado a la productividad, uno de los grandes retos de Latinoamérica.

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Evaluación, lo que hacen los empresarios continuamente en sus empresas, y debería aplicarse a muchos otros ámbitos de nuestra sociedad.  Educación, Espíritu, Estabilidad, Equipo y Empleo. Seguro que aparecen algunas más, deténganse a pensarlo unos momentos.

Muy ligado a ello, no quiero desaprovechar la ocasión para hacer una breve mención a otra “e”, la de estructura (o infraestructura) que tenemos que cuidar y potenciar, la humana, aquella que se orienta hacia las personas, los ciudadanos y muy especialmente hacia nuestros jóvenes, que son el futuro de Iberoamérica. Con ello me estoy refiriendo a la formación, la capacitación, la educación y, sobre todo, a la retención de talento.

Hoja de ruta y futuro

Conceptos con E mayúscula de empresa que nos van a permitir a las organizaciones empresariales de la Región seguir trabajando y defendiendo valores como la libertad y la democracia, un claro compromiso con el multilateralismo, el comercio intrarregional, el fomento de alianzas estratégicas, la seguridad jurídica, política y social, la integración regional y el impulso de las cadenas de valores, la digitalización, la formación, la igualdad y el diálogo social.

En nuestra hoja de ruta de estrategia y excelencia destacan también acciones para favorecer la competitividad, luchar contra las barreras, la economía informal, buscar la simplificación administrativa, e impulsar el desarrollo de proyectos de infraestructuras regionales que vertebren mejor los mercados de la Región.

Con un claro compromiso con la retención del talento y la formación.  También con la innovación y la digitalización, favoreciendo la colaboración público-privada, la sostenibilidad, la ecología,la implantación de la Agenda 2030 y los ODS y, en definitiva, con acciones decididas a potenciar una verdadera plataforma latinoamericana que se apoye en las capacidades disponibles y recursos, en las sinergias empresariales, el talento asociado, un espíritu común, dos lenguas que nos definen y nos unen, y una forma de ser que es afín a todos. Y aquí queda la última de las “es” Esperanza en el futuro de Iberoamérica.

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