Por Brayan Bolaños*

La pandemia ha ocasionado una revulsión en todos los ámbitos de la vida en comunidad y la educación no ha sido la excepción. El sistema educativo ha sido una de las áreas más afectadas, no sólo en Costa Rica, sino en gran parte del mundo, particularmente en los países que aún luchamos para aplanar la brecha tecnológica y para democratizar el acceso a la digitalización, especialmente para aquellos sectores más desfavorecidos en cuanto a oportunidades.

Si bien es cierto que se han realizado importantes esfuerzos, no es menos cierto que sectores de la población se ven seriamente afectados por la falta de recursos y de formación en el campo de la tecnología.

El hecho de que pronto tengamos una posible vacuna contra el COVID-19, no garantiza que las economías latinoamericanas se recuperen totalmente en el 2021. Informes publicados sobre Perspectivas de la Economía Mundial del FMI, estiman la pérdida del producto interno bruto (PIB) en un 9,2% para América Latina y el Caribe, mientras que las estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sitúan las pérdidas del PIB entre el 8% y 10%. Y es aquí donde la región enfrenta una cruda realidad. Según ha estimado UNICEF, casi el 95% de los niños en las localidades más pobres de la región han abandonado la escuela desde el comienzo de la pandemia.

Y es que la situación deficitaria de los sistemas educativos de América Latina es un grave problema que está perturbando la región en comparación con otras regiones del mundo, según estudios de la UNESCO. Esto, sin lugar a duda, podría provocar un incremento en la pobreza, migración e inequidad, así como una significativa disminución de la competitividad de la región en todas las áreas, a menos de que se tomen de inmediato medidas urgentes.

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Es alarmante que la brecha de aprendizaje entre los estudiantes con más poder adquisitivo y los menos favorecidos se ha ampliado en un 25%. Esto tomando en cuenta casi nueve meses de escolaridad, consecuencia de las disparidades de acceso a educación no presencial de calidad.

La falta de computadoras, teléfonos celulares, acceso a Internet y la ausencia de supervisión adulta por problemas económicos o por incapacidad educativa, podrían ser algunas de las principales razones de la tasa de deserción masiva.

Pero esto no termina aquí. El hecho de no tener contacto físico, como estábamos acostumbrados, ha perjudicado también a los estudiantes que realizan estudios de forma remota durante la pandemia. Están rezagados con respecto a sus contrapartes en otras regiones del mundo y esto se debe a que en los modelos de primer mundo que tienen países como Corea del Sur, Finlandia, Singapur y otros,  se enfatiza en aumentar la responsabilidad y nivel de flexibilidad de escuelas y profesores, se trabaja con los profesionales más capacitados para apoyar a los más jóvenes, se participa con mayor dedicación en programas y actividades que se enfocan más en mejorar el cómo enseñar, que en cambiar el contenido de lo que se enseña y también se enfocan en abordar la diversidad de los estudiantes para acercarse a sus capacidades e intereses.

Según un estudio de Banco Mundial, la cantidad de escolares latinoamericanos que sufren de pobreza educativa o “pobreza de aprendizaje” como se refiere el Banco Mundial a los niños de 10 años que no pueden leer ni enterpretar un texto básico, aumentó de 33,6 millones a 41,2 millones desde que empezó la pandemia.

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Una buena noticia, si se pudiera llamar así, es que la pandemia ha forzado a muchos docentes latinoamericanos a ponerse al día con la tecnología de aprendizaje a distancia, lo que ayudará a la región a reducir la brecha digital. Pero es evidente que requiere de un sentido de urgencia mucho mayor, o en contraparte, la educación en América Latina se quedará más rezagada, con respecto a los países asiáticos en su capacidad para competir en una economía cada vez más establecida en el conocimiento tecnológico.

Si no se toman iniciativas serias, basadas en datos reales, la tragedia de la educación en América Latina será aún mayor. El momento para tomar decisiones oportunas es ahora.

*Es consultor en Bac&asociados

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.