Por Alfredo Ascención
En América Latina la educación superior no estaba preparada para reaccionar ante una pandemia como la propiciada por el Covid-19, que obligó al distanciamiento social. Esto, debido a que es una de las industrias menos digitalizadas del mundo, lo que ha complicado la impartición de clases virtuales.

Esta región todavía tiene bastantes pendientes en la materia. El problema radica en que muchas instituciones experimentan carencias como bajo presupuesto, poco acceso a internet, falta de visión en el uso de tecnologías y poca o nula capacitación para que los profesores enseñen por medio de herramientas digitales, explica José Guadalupe Escamilla de los Santos, director de la Escuela de Graduados en Educación de la Universidad Virtual del Tecnológico de Monterrey, en México.

Incorporar estas innovaciones a la educación hace que haya más y diferentes maneras para poder impartir clases e investigar, y como consecuencia fortalecer las cátedras que se le brindan a los alumnos, puntualiza el especialista.

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Educación fragmentada

Ahonda que en la mayoría de los países de Latinoamérica la educación ha aumentado bastante en cobertura, pero que está fragmentada, motivo por el que no se brinda de manera adecuada, ya que cada instancia tiene planes y programas diferentes, lo que impide que no se pueda poner sobre la mesa una política para mejorarla.

Escamilla de los Santos puntualiza que durante el periodo de pandemia la calidad ha bajado en comparación con otras épocas, debido a la falta de internet, herramientas digitales y a que no se sabía cómo operar a distancia.

Esto ha propiciado un aumento en las brechas digitales y socioeconómicas que viven las diversas naciones, así que es preciso mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje por medio de las nuevas tecnologías, explica el académico del Tecnológico de Monterrey.  

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Hora de innovar

Por lo tanto, con el fin de incorporar las innovaciones en la educación primero “se requieren políticas públicas —una visión más de Estado—, además de tener en las instituciones educativas autónomas, como las universidades, una versión más estratégica  del uso de la tecnología”, puntualiza.

Añade que las escuelas públicas, al ser financiadas por el gobierno, tienen menos motivaciones para cambiar, ya que siguen recibiendo dinero y no les interesa abrirse a ideas diferentes y más si su estrategia les está funcionando. 

En contraste, las instituciones privadas, que están basadas en el mercado, buscan nuevas maneras para hacer más eficaz y atractivo el aprendizaje que brindan a sus alumnos, para así poder atraer más personas a su institución, pues tienen que estar compitiendo tanto con escuelas privadas como con las que reciben presupuestos del Estado.

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