A diferencia de la crisis económica de 2008, que afectó con fuerza las actividades productivas con mayor presencia de hombres, la crisis provocada por la Covid-19 tiene rostro de mujer, al punto que los países de habla inglesa han acuñado el término “Shecession”.

Los cierres de fronteras han impactado como nunca en el turismo y los negocios de hospitalidad, que tienen alta presencia de mujeres, sumado a las limitaciones de circulación y cierres intermitentes en el comercio, restaurantes y bares que, son de amplia participación femenina.

La coyuntura actual ha promovido la renuncia al apoyo del servicio doméstico que en América Latina representa el 11% de las mujeres trabajadoras de la región.

El efecto en Costa Rica durante octubre se traduce en el aumento del desempleo a un alarmante 23.2%, que desagregado por sexo resulta un 29.1% de mujeres. A esa cifra debemos agregar el subempleo en donde históricamente hay una mayor participación femenina.

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Las mejoras

En los países donde ha mejorado lentamente la economía y la recuperación de los empleos perdidos (por ejemplo, Estados Unidos) las cifras muestran cómo son las mujeres las que más despacio se están beneficiando de esa recuperación.

Un estudio realizado en 2017, en Costa Rica, sobre el uso del tiempo no remunerado, demostró que desde antes de la era Covid-19 la relación entre hombres y mujeres en las horas destinadas al cuidado y labores del hogar era de tres a uno, en perjuicio femenino.

La pandemia no ha hecho más que aumentar esa relación, pues diversos estudios muestran cómo son ellas quienes han asumido en mayor proporción el cuidado de los menores, ahora en casa durante las 24 horas de los 7 días de la semana, así como la supervisión de sus avances educativos.

Han sido responsables por la protección de la salud de sus familias, en muchos casos de sus padres y madres, población de mayor riesgo, unida a las preocupaciones por la incertidumbre económica y la amenaza de los empleos.

Además, las mujeres han apoyado el ingreso familiar con vulnerables emprendimientos, y se les ha demandado responsabilidades difíciles de alcanzar. Y esto se agrava con el aumento de la violencia intrafamiliar.

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Hemorragia de talento

El efecto ya ha sido valorado por el estudio Women in the Workplace 2020, elaborado por la consultora McKinsey y el proyecto Lean In, que evidencia cómo las empresas están sufriendo una creciente hemorragia de talento femenino, que amenaza los lentos pero continuos avances obtenidos en Estados Unidos en los últimos seis años.

Una de cada tres mujeres está valorando renunciar o cambiar a un trabajo con menos deberes para sobrellevar todas sus responsabilidades; se trata de trabajadoras con hijos, pero también de mujeres con altas obligaciones para quienes la virtualidad les obliga estar disponibles las 24 horas.

La encrucijada de las empresas es tomar acciones o perder ese talento femenino, que múltiples estudios han demostrado cómo agrega valor en todos los indicadores, incluida la rentabilidad.

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De ahí que se recomiende optar por esquemas más flexibles y sostenibles que concilien la vida profesional y familiar, adaptar las expectativas a la nueva normalidad, contrarrestar los estereotipos de género y apoyar a los empleados en su nueva realidad.

Es positivo que la Covid-19, por lo menos, pueda significar un punto de inflexión y cambio en las empresas, lo que beneficiará no sólo a las mujeres, sino a los trabajadores en general.

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* Nuria Marín es empresaria y analista
Twitter: @Nuria_MarinR

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