Mientras Andre R. Guttfreund se encontraba en Londres, en 1970, recibió una llamada de Walter Béneket, ministro de Educación de El Salvador, quien lo comisionó para formar parte del equipo que lanzaría los canales 8 y 10, destinados a la cultura y la educación.

Ese suceso fue determinante para que cambiara el teatro por el cine y a la postre ganara un Oscar.

Como parte de este proyecto tuvo que ir a Estados Unidos en busca de asesores, donde se enteró que Roberto Rossellini, cineasta y padre del neorrealismo italiano, estaba interesado en conocer a profundidad lo que se llevaba a cabo en el país centroamericano.

Luego de ser invitado por el gobierno, junto con Tony Villani, director del American Film Institute de Los Ángeles, el italiano llegó para dar dos semanas de capacitación en El Salvador, donde Guttfreund dirigía la obra de teatro Rosencrantz y Guildenstern están muertos.

Le invitamos a leer: Romeo Santos: Con la bachata en el corazón

Detrás del Oscar

Después de que vio la puesta en escena, Rossellini dijo al joven centroamericano que había dirigido como cineasta, por lo que le dio una beca para estudiar una maestría en el Conservatorio del American Film Institute.

Ahí se hizo amigo del documentalista Peter Werner, con quien decidió hacer su tesis y por lo tanto su propia película.

Leyeron muchos textos hasta que encontraron el cuento En la región de hielo (In the region of ice), escrito por Carol Oates.

Ella nunca antes había autorizado una adaptación de su obra al cine, pero aceptó tras leer el guión, así que dedicaron los siguientes seis o siete meses al rodaje y luego a lanzarlo en festivales.

Le invitamos a leer: Mario Castrellón, el mejor chef de Centroamérica

Una vida de película

Nunca soñamos que se nos iba a nominar para el Oscar [1977] y definitivamente nunca, nunca concebimos que podíamos con nuestra primera película ganar el Oscar [Mejor Cortometraje Dramático], así que todo fue una sorpresa y todo fue un proceso que nos llenó mucho de una manera, pues totalmente inesperada”, recuerda Guttfreund.

En ese momento el salvadoreño tenía 30 años y supo que su destino estaba entre las cámaras.

Y así ocurrió, pues a lo largo de su carrera ha dirigido películas como Femme fatale (Republic Pictures, con el actor Colin Firth) y Breach of Contract (Producciones HG), así como episodios en series entre las que están Periodistas (España), Superboy, L. A. Law y Picket Fences (en Estados Unidos).

Como productor, además de En la región de hielo, llevó a cabo las películas A Perfect Match (CBS y Lorrimar), The Abduction of Kari Swenson (Producciones NBC), Little Match Girl (Producciones NBC) y Cabalgando con la Muerte (Productora Metropolitana).

Le invitamos a leer: Grandes artistas, pero a contracorriente

El legado

Luego de andar por el mundo, Guttfreund volvió a El Salvador hace nueve años para impartir talleres de cine ficción y compartir sus experiencias, pero al mismo tiempo identificar y formar nuevo talento.

“Entonces empecé varios proyectos con lo que yo llamo taller hechura, adonde al mismo tiempo que estamos aprendiendo y enseñando estamos produciendo, pero que se pueda garantizar una mínima formación y una mínima calidad de producto al mismo tiempo. Eso ha sido mi misión desde que vine y eso es lo que sigo haciendo”, enfatiza.

Le invitamos a seguirnos en la cuenta de Twitter: @Forbes_CA

En años recientes, Andre R. Guttfreund ha ocupado cargos como la presidencia de la Asociación Salvadoreña de Cine y Televisión (ASCINE).

¿Qué está pasando en cuanto a producción de cine en El Salvador?

Mire, lo de la pandemia ha tenido un efecto fuerte en cambiar de dirección, para lo que estamos tratando de hacer.

Yo esperaba que íbamos a poder empezar avanzar mucho más de lo que hemos podido avanzar porque la pandemia que nos pegó a todo el mundo, entonces tuvimos que cambiar un poco de rumbo para poder hacer lo mejor posible bajo las circunstancias. 

Entonces todo lo que hacíamos presencial lo teníamos que hacer virtual.

La ventaja de esto es que podemos hacer mucho más al lado de formación que lo que lográbamos antes porque antes pagábamos los vuelos, pagábamos los hoteles, pagábamos la estadía.

Ahora no tenemos que hacer eso, porque lo hacemos virtual, pero el problema es que producción es casi imposible bajo estas circunstancias.

Que si no podemos producir el mismo tipo de películas que ya estábamos en trayectoria produciendo, ya teníamos un ritmo adonde estábamos sacando más cine en los últimos 4-5 años, que en toda la historia del cine en el salvador anteriormente.

Pero por  ejemplo, uno de los buenos experimentos que salieron de esta situación fue el cine por celular, bajo pandemia, a donde un taller de cine que existe en San Salvador, lanzó un concurso a nivel nacional de lo mejor en cortos de menos de 5 minutos que tenían que ver con cine viviendo la pandemia. 

Entonces todo se tenía que hacer en casa, con lo que uno tenía en casa y contar cómo la pandemia lo afectó a uno, o de manera documental, o de manera ficción o de manera de animación.

Entonces, lo bueno de eso es que descubrimos talentos que existían en la región de El Salvador que nunca se ha podido aprovechar de la capital. Y casi todas las actividades nuestras con cine se llevaban a cabo en la capital. 

Los talentos que descubrimos en otras regiones, ahora podíamos formarlos por haberlos visto, cuando antes nunca tenían la oportunidad de compartir el trabajo con nosotros.

También no tenían la oportunidad de atender talleres porque vivían demasiado lejos de donde teníamos talleres.

El salvadoreño Andre R. Guttfreund ha asesorado a cinco proyectos ganadores del concurso Pixel Pro Audiovisuales.

¿Cuáles son las características que actualmente tiene el cine de El Salvador?

Tenemos, por un lado, por muchos años nuestros cineastas que fueron a estudiar cine lo hicieron por el lado periodístico de investigación para hacer documentales que eran necesarios para procesar los traumas de la historia salvadoreña de los últimos 40 años. 

Entonces, los mejores trabajos, porque nuestros mejores cineastas, los cineastas más entrenados, muchos de ellos en San Antonio, Cuaba, fueron para poder contar todo lo que sufrió el país durante la guerra: las muertas de los 30,000 desaparecidos que nunca se había procesado, que nunca se había podido expresar, se había podido explorar.

Se podía investigar, todo lo que tenía que ver con la migración forzada, todo lo que tenía que ver con las maras, con la violencia adentro del país,, todo eso se exploró  a través del documental.

Ahora, en los últimos cinco o seis años empezamos con ficción y lo de ficción no sólo va a explorar esa parte de la historia salvadoreña.

Pero ya nos centramos en el cine que tiene que ver con las relaciones acá con los que tenemos afuera, que tuvieron que emigrar para poder mantenerse, para poder mandar dinero a su familia acá. 

La colonia salvadoreña que es parte del país, pero que tenemos a 2 millones viviendo afuera, pero que aún que estando en otros país siguen siendo salvadoreños, siguen siendo identificándose con el país.

Para poder explorar esos lazos que existen entre los de aquí y los de allá y cómo es la vida de los nuestros una vez que llegan allá, que establecen sus propias comunidades allá, y cómo se integran ellos en las sociedades en las que están viviendo, cómo se hacen biculturales en este sentido.

Estamos tratando de cazar también a los cineastas nuestros que se están formando en Estados Unidos o en Milano, Italia, o en Australia, para que el cine de ellos contribuya al cine nuestro de acá y el cine nuestro de acá contribuya a las comunidades de ellos y ojalá lo que estamos explorando es hacer cine juntos para que tengamos las diferentes perspectivas.

El cineasta Andre R. Guttfreund ha llevado a cabo diferentes talleres desde su regreso a El Salvador.