El fundador de Cementos Progreso (Cempro), don Carlos F. Novella, logró ‘sacar el barco a flote’ luego del impacto económico que la llamada Gripe Española propició en Guatemala entre 1918 y 1919. Cien años después, la actual generación de directivos tiene un reto similar: crecer en medio de la crisis del Covid-19, pero también continuar con la internacionalización y con el plan de convertirse en una empresa de soluciones, más que de venta de productos.

Hoy en día, la compañía fundada en 1899, opera mediante un holding llamado Progreso, que está conformado por empresas independientes de dife- rentes nacionalidades, accionistas y líneas de nego- cios, todas coordinadas en divisiones, con principios y valores comunes. Tiene presencia en Guatemala, Honduras, Panamá, Belice y el Caribe y en sus planes está en algún momento llegar a lugares como México y Colombia.

“En los buenos años anteriores de la industria de la construcción hemos llegado a representar el 2% de la recaudación total de impuestos en Guatemala”, recuerda Thomas Dougherty, presidente de la mesa directiva de Progreso.

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La firma tiene el 75% de participación de mercado de cemento en Guatemala, debido a los 3 millones de toneladas que salen de sus hornos cada año, pero este número crecerá con el proyecto de la planta de San Gabriel, inaugu- rada en el municipio de San Juan Sacatepéquez, el cual permitirá alcanzar 5 millones de toneladas.

“Eso nos coloca ya como la capacidad instalada más gran- de de la región [Centroamérica] y eso nos da mucha ilusión porque nos va a permitir crecer internacionalmente también”, asegura José Raúl González, ceo de Progreso.

Cemento Progreso
Foto: © Raúl Martínez

En el año 2019 la compañía guatemalteca alcanzó ventas por aproximadamente 500 millones de dólares (mdd), un 6% más que el año anterior. Esto significó un despunte, pues venía de crecimientos de entre 2% y 3%, como consecuencia de la crisis de 2007.

“El crecimiento de la empresa a nivel local está íntimamente ligado con el de la economía. Somos un pez grande en una pecera pequeña. Los últimos años, 2016, 2017 y 2018, habían sido complicados para la industria de la construcción, padeci- mos de un problema que fue una presa, de una licencia de construcción [detenida] que se fue acumulando en esos tres años”, recuerda González.

Previo a la llegada del Covid-19 a Latinoamérica, la compañía estimaba crecer alrededor de 3.5% para este 2020, pero la crisis provocada por la pandemia ha agregado mucha incertidumbre a los diferentes mercados del istmo centroamericano. El primer efecto es un retroceso en los niveles de ingreso y de crecimiento que afectará de forma distinta en cada país, así que la recuperación estará en función del tiempo que los mercados permanecieron cerrados y de la resiliencia de cada economía.

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No obstante, la firma guatemalteca confía en que a lo largo de 2021 habrá una recuperación de una parte del terreno perdido y que luego podrá seguir con la tendencia de crecimiento de la industria de la construcción, en línea con el alza del Producto Interno Bruto (pib) de las naciones en donde opera.

DÍAS DE PANDEMIA

El Covid-19 propiciará una caída en los mercados en los que Progreso tiene presencia o pretende llevar a cabo su expansión. Por ejemplo, la contracción será de -4.1 en el Producto Interno Bruto (PIB) de Guatemala, de -6.2% en Centroamérica y de -9.1 en Latinoamérica, indican las estimaciones al mes de julio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Evidentemente el panorama luce complicado, pero los directivos de la compañía guatemalteca se dicen listos para regresar al 100% de sus operaciones, claro, con las medidas sanitarias pertinentes y también con modelos que vayan de acuerdo con la llamada ‘nueva normalidad’.

Por ejemplo, será necesario reforzar su cadena de suministro para operar con la misma eficiencia que los clientes esperan, pero en un ambiente más difícil. Y por su- puesto, la cementera tendrá que desarrollar una mayor capacidad de adaptación a circunstancias imprevistas.

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Además, tendrá que aprender a crear un ambiente de trabajo agradable en medio de las medidas extremas de salud y seguridad ocupacional, así como de distanciamiento social. En este sentido, los empleados ya tomaron un curso intensivo de home office.

“Somos optimistas. Nuestro fundador [Carlos F. Novella] tuvo que pasar la pandemia de la fiebre española en 1918-1919 después de una serie de terremotos, en 1917 y 1918, con muchos menos recursos. Estamos seguros y nos sentimos muy orgullosos que esta generación de la Familia Progreso responderá a la altura de las circunstancias”, indica González.

EMPRESA REGIONAL

Desde hace tiempo se ha venido pavimentando el camino de internacionalización de Progreso, aunque en años recientes se ha visto una estrategia más concreta y con hechos, como la compra de empresas: “Esperamos tener presencia física de operaciones o productos en una ‘Mesoamérica extendida’ (sur de México y norte de Sudamérica).

Tenemos operaciones físicas en Guatemala, Honduras y Panamá. Creemos que las necesidades de construcción en esa región seguirán presentes y buscamos aportar en soluciones que los consumidores encuentren atractivas”, explica González.

De hecho, la firma centroamericana participa, como holding, del 48% de Cementos del Norte en Honduras (Cenosa), fundada en 1958, la cual se caracteriza por elaborar y distribuir la marca Cemento Bijao. Esta alianza tuvo lugar hace más de 20 años.

En ese país también posee una tercera parte de Bijao Electric Company, empresa generadora de energía eléctrica que cuenta con tres calderas de generación de vapor de 142 toneladas y tres turbogeneradores con capacidad de 35 MW cada uno, los cuales se alimentan a base de combustible fósil, para ser precisos, petcoke y carbón.

En total suman aproximadamente 900 MW de capacidad, cuya compra y uso se llevan a cabo en partes similares por Cementos del Norte, Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) y la canadiense del sector textil Gildan.

La inversión de esta infraestructura fue estratégica debido a que el gran costo del cemento está en dos tipos de energía: térmica y eléctrica, por lo que era necesario contar con una fuente confiable y segura de electricidad.

Cementos Progreso
Foto: © Raúl Martínez

En una jugada más reciente, en noviembre de 2019 Progreso adquirió las operaciones de Cemento Interoceánico, hoy Cementos Progreso Panamá, que cuenta con instalaciones como una planta de molienda.

Esto permitió tener acceso a 240,000 toneladas de capacidad de cemento al año, lo que implica una presencia palpable en el país canalero, accediendo a un mercado importante debido a su alto potencial de demanda de infraestructura.

“El cemento no es una industria en la que se den oportunidades todos los días, y por eso cuando apareció a la venta esta compañía en Panamá la analizamos y decidimos que era un mercado interesante y que convenía participar ahí”, cita González.

En una operación más relacionada con el extranjero, la cementera chapina produce alrededor de 330,000 toneladas anuales de cal que exporta a Centro y Sudamérica como reactivo químico para industrias como la metalúrgica. De hecho, la empresa es el mayor exportador de este producto en el Istmo.

Otro negocio con presencia internacional es Sacos del Atlántico, una compañía encargada de producir soluciones para empaque. Progreso es su mayor cliente, con aproximadamente el 40%; el resto va a otras cementeras de Centroamérica y el Caribe.

La planta se encuentra ubicada en Río Hondo, Zacapa, a 127 km de Ciudad de Guatemala; cuenta con amplias instalaciones y un moderno equipo para la fabricación de bolsas multipliegos, así como con una capacidad instalada de 130 millones de bolsas.

“Con Sacos del Atlántico queremos tener presencia en otro lugar y estamos explorando cuál es el mejor mercado, porque la compañía de Guatemala necesita crecer y estamos analizando de qué manera nos conviene”, indica el CEO.

“El sueño de la compañía es siempre tener presencia en otros países, como lo hacemos con la cal y las bolsas, y en el caso de Belice dijimos ‘exportemos y tengamos presencia’. Cuando se llega a determinados volúmenes de mercado entonces ya amerita tener una presencia física en el lugar”, analiza González.

La estrategia está basada en la búsqueda de nuevos clientes mediante la prestación de servicios diversificados, hecho que la ha llevado a distintas latitudes. En línea con esta filosofía, para sus siguientes crecimientos tienen como objetivo ir al sur de México y al norte de Sudamérica.

Por eso, la compañía tiene la idea de exportar cemento a Colombia, previo a tener una presencia industrial, por lo que en febrero ya se encontraba constituyendo una empresa.

FUERA DE LA CAJA

Los directivos no ven a Progreso dentro del ramo de venta de materiales para la construcción, sino de soluciones para esta industria, hecho que permite dar un valor agregado a los clientes y posicionarse como un jugador distinto dentro de esta actividad económica.

“La búsqueda continua de la innovación en los procesos, tanto tecnológicos (tecnología de producción), como administrativos nos ha man- tenido eficientes”, asegura Dougherty.

En este sentido, la mejora permanente siempre ha estado dentro de los procesos de la firma. Por este motivo cuenta con grupos de millennials que trabajan en la mejora, rediseño o revolución de los productos y soluciones.

Las dos actividades se llevan a cabo dentro de la compañía, y la tercera en un ambiente externo independiente denominado Progreso X, para darles libertad y sacarlos totalmente fuera de la caja; esta última cuenta con un presupuesto inicial de 1.5 mdd.

Cemento Progreso
Foto: © Raúl Martínez

Bajo la premisa de revolucionar la industria, los jóvenes que integran el programa trabajan en desarrollos relacionados con Fintech, en temas como remesas, de modo que quienes las reciban puedan utilizarlas para proyectos de construcción. La otra vertiente se enfoca al financiamiento a la vivienda accesible y digna.

En una línea más, una sociedad de Progreso tiene el 25% de Vía Alterna del Sur (VAS), una carretera de peaje privada que en sus dos primeros tramos requerirá una inversión por debajo de los 200 mdd, con un tercero que ronda los 80 mdd.

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La infraestructura, cuya construcción inició hace aproximadamente cinco años, tendrá alrededor de 25 kilómetros en su fase inicial —los 14 kilómetros del tramo 1 ya están construidos—; el tramo 3 contará con unos 9 kilómetros. Esta obra significó un parteaguas para el sector construcción del país, pues nunca se había llevado a cabo una vialidad sobre terrenos 100% privados, dado que lo más común es que el Estado o un particular lleven a cabo la construcción para que éste o alguna otra empresa la opere.

Por lo tanto, el proyecto no requirió de fondos públicos, pero genera Impuesto al Valor Agregado (IVA), Impuesto Sobre la Renta (ISR), Impuesto Único sobre Inmuebles (IUSI) e impuestos por la licencia de construcción.

En otro proyecto, la Unidad Inmobiliaria de la empresa tiene como propósito transformar la Finca La Pedrera, una antigua cantera de cemento situada en Ciudad de Guatemala, en un proyecto inmobiliario innovador que convivirá con el medioambiente, cuidando del agua, la energía y practicando el correcto manejo de los desechos sólidos.

Con apuestas novedosas como estas, Progreso pretende continuar el camino que inició hace más de 120 años su fundador, don Carlos F. Novella, y al igual que en aquella época tendrá que demostrar que es capaz de adaptarse a los cambiantes retos del mercado, pero esta vez con la capacidad de innovar y de acortar el tiempo entre la idea y la implementación.

Al preguntar a José Raúl González acerca del rumbo que tomará la compañía en los próximos cinco años, el ceo responde que el objetivo es estar en dos países más. Sin embargo, reconoce que para que esto ocurra será necesario que la región en la que operan logre romper las ataduras que las regulaciones imponen a los negocios, así que hay que identificar a aquellas que obstruyen para luego eliminarlas.