A lo largo de su carrera, Eduardo J. Castillo Cortés se ha dado a la tarea de diseñar arquitectura amigable con el medioambiente, pero fue hasta el año pasado cuando sus esfuerzos verdaderamente dieron grandes frutos, cuando le notificaron que estaba entre los ganadores del Prix Versailles debido al proyecto Ciudad Del Este Fase Uno, ubicado en Curridabat, Costa Rica.

Este galardón, en el que obtuvo una mención, reconoce lo mejor de las construcciones de corte comercial a nivel internacional y tiene la misión de fomentar la interacción entre la cultura y la economía, motivo por el que es respaldado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Unión Internacional de Arquitectos (UIA, por sus siglas en francés).

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Orígenes arquitectónicos

Castillo Cortés incursionó en el mundo de la arquitectura debido a que su padre también se dedicaba a esa profesión, por lo que desde muy pequeño estuvo en contacto con ella.

“Yo empecé, de joven, a interesarme por la arquitectura y la construcción, pero también era músico y en realidad como que la música me llevó a viajar por todos lados y a conocer distintas ciudades y a entender cómo funcionaban y eso es lo que en verdad me apasionó”, recuerda el guatemalteco.

Como consecuencia, cursó la carrera de Arquitectura en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, pero se transfirió a Estados Unidos en 1999, donde se graduó en la Maestría de Arquitectura del Savannah College of Art & Design, en 2003.

En ese país colaboró con el estudio Sottile & Sottile, en Savannah, Georgia, y con la firma Dover Kohl & Partners, de Coral Gables, en Florida. 

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La recompensa

Después de esa experiencia, hace más de 15 años decidió fundar su propio despacho, Castillo Arquitectos, con la finalidad de desarrollar diseño urbanístico, arquitectónico y de desarrollo inmobiliario para la iniciativa privada o el gobierno, bajo un concepto que siempre tiene en consideración al medioambiente.

“Para nosotros lo más importante es el proyecto y el lugar. No estamos tratando de generar arquitectura tal vez icónica, sino en realidad qué es lo mejor para el proyecto, para el lugar y para el usuario que va a hacer uso de estos edificios y estas ciudades todo el tiempo”, reflexiona.

Su despacho ha ganado dos Charter Awards, del Congress for the New Urbanism, primero por el diseño del vecindario La Candelaria, en Antigua, Guatemala.

Y luego por la planificación urbana para el municipio de Curridabat, Costa Rica. Con la primera etapa de Ciudad del Este también se hizo acreedor de un premio Obras Cemex.

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El futuro

Sobre todo trabaja en Centroamérica y el Caribe, aunque como consultor ha colaborado en Estados Unidos, China y Turquía. Incluso, en la actualidad lleva a cabo el proyecto de una casa en Texas y recientemente lo llamaron para hacer “algo” en Lima, Perú.

“Creo que tenemos un despacho pequeño, pero con mucho talento, entonces poder recrear otra célula en otro lugar, eso sería interesante”, reconoce.

Sus ganas de incursionar en nuevas áreas no paran, así que espera pronto tener la oportunidad de trabajar en la renovación de edificios ubicados dentro de centros históricos, con la finalidad de darles nueva vida.

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¿Cuáles son los principales ejes de su concepción arquitectónica y urbanística?

La primera es que la arquitectura y la ciudad tiene que ser diseñada para la gente; esa es nuestra prioridad. Creo que nuestro gremio ha diseñado las ciudades, no en todos lados, pero en Latinoamérica sí, en los últimos 50 años, en torno al automóvil.

Entonces nosotros buscamos alternativas para diseñar ciudades más compactas que promuevan un uso mixto del suelo, una arquitectura con una escala más humana, una movilidad multimodal donde la prioridad es el peatón, después el bus, después el automóvil. 

Sí creemos que la ciudad del siglo XXI tiene que ir hacia una ciudad más humana, que quizás está basado en principios de urbanismo que podemos aprender del pasado, pero viendo hacia adelante.

¿Cómo se encuentra Centroamérica en términos de urbanismo?

Varía de ciudad en ciudad. Yo creo que todo está focalizado en las ciudades principales: Guatemala, San José, San Salvador, y hemos dejado un poco de lado la importancia que tienen otras ciudades intermedias que no son las capitales, donde creo que tenemos que ver hacia el futuro.

Por otro lado creo que es muy importante empezar a cambiar, sobre todo con esto de la pandemia, a revisar las prioridades de movilidad en nuestras ciudades, que ya lo empezamos a ver en todo el mundo, pero qué tipo de ciudad queremos tener de aquí adelante. 

Creo que es un muy buen momento para cuestionarnos el modelo. Este modelo centrado en el automóvil y de la ciudad como amurallada e insegura, tenemos que retomar la calle, tenemos que retomar el espacio público y la única manera de hacerlo es invirtiendo en el  espacio público y haciendo una arquitectura que se relacione bien con el espacio público y no le dé la espalda a ella.

Empezamos a ver algunas luces en Centroamérica y es atractivo. Nosotros activamente estamos trabajando en un par de proyectos, estamos involucrados, donde se están empleando todas estas ideas y entonces creo que vamos a empezar a ver modelos y cambios interesantes en los siguientes años.