Por César Addario

Recién despedimos 2020, un año en el que la pandemia del COVID-19 puso de rodillas tanto a la economía mundial como a los sistemas de salud de los diferentes países. Luego de un primer gran golpe, generado por el ascenso de los casos y los cierres ordenados por los gobiernos para tratar de contener los contagios, el virus sigue siendo la gran ancla que no permite despegar a la recuperación.

Mientras Estados Unidos marca a diario nuevos récords en casos confirmados, Europa lucha con la segunda ola de la pandemia. América Latina no sale aún de la primera, y los costos económicos y fiscales de la misma no terminan de cuantificarse. Es difícil hacerlo, sin saber cómo irá evolucionando la crisis sanitaria, para la que nadie realmente estaba preparado.

Así nos encuentra el inicio de 2021, recogiendo apenas los trozos de las alicaídas economías, mientras nuevos brotes obligan a tomar medidas que alejan aún más las perspectivas de recuperación. Europa es un ejemplo aleccionador: todas las proyecciones deben ahora ajustarse a los nuevos cierres, toques de queda y prohibiciones vigentes en diciembre, un mes tradicionalmente generoso para sectores como los servicios, los viajes y el turismo.

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Como lo hemos advertido antes desde EXOR, la pandemia supuso un shock desde la demanda que pronto se convertirá en uno de oferta. La actividad económica y productiva sufrió más de lo previsto durante el confinamiento de 2020, y este impacto a la productividad se combinó con nuevos requerimientos de seguridad e higiene, en las empresas que lograron sobrevivir.

En las economías con dificultades para controlar las tasas de infección, el confinamiento más prolongado infligió no solo aún más daños a la actividad, sino también a las condiciones financieras. En este punto es importante advertir que, dada la forma en que está evolucionando la pandemia, la magnitud del reciente repunte del optimismo de los mercados financieros parece estar desconectada de la evolución de las perspectivas económicas fundamentales.

Esto plantea la posibilidad de que las condiciones financieras se endurezcan más de lo que supone cualquier proyección, en momentos en los que el mundo necesitará más y más recursos para financiar la salida de la pandemia, y la colocación de las bases para la recuperación económica.

En este 2021, una aplicación más amplia de la vacuna contra el COVID-19 y una mayor cooperación para su distribución aumentarían la confianza y reforzarían la recuperación, pero una incertidumbre persistente podría debilitar el proceso.

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Está previsto que las campañas de vacunación, las políticas de salud coordinadas y la ayuda financiera gubernamental ayuden a que el Producto Interno Bruto (PIB) global aumente alrededor de un 4.2 % en 2021, después de una caída del 4.2 % este año. La recuperación será más robusta si las vacunas se despliegan rápido, estimulando la confianza y reduciendo la incertidumbre.

Los retrasos en la vacunación, las dificultades para controlar los nuevos rebrotes del virus y no haber aprendido las lecciones de la primera oleada, empeorarían las perspectivas. Es importante tener en cuenta todas las enseñanzas aún frescas que nos dejó 2020, para tomar decisiones en medio de la incertidumbre que aún acarrea 2021.

*Es experto en estrategias de Deuda Soberana e los Mercados Emergentes en América Latina.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.