Por Ileana Rojas

Muchos de los que afortunadamente conservamos el empleo mudamos la oficina a nuestras casas. Las que tenemos una red de apoyo quizá no hemos sentido tan fuerte el impacto, pero ¿qué pasa con las que no la tienen?

Las mujeres multiplicaron su carga de trabajo al sumar labores de la oficina a tareas domésticas, cuidado de niños o adultos mayores y hasta docencia cuando tienen hijos en clases virtuales. Desafortunadamente, algunas mujeres además deben sumar situaciones de violencia doméstica.

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La pandemia pasa una carísima factura a las mujeres. La situación es tan grave que según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), podría hacer retroceder los avances en derechos de las mujeres dos décadas, ¡20 años! Sin lugar a duda el tema debe preocuparnos, pero sobre todo ocuparnos. Es preciso tomar acciones, cada uno desde su trinchera, para apoyar a las mujeres y mantenerlas en la fuerza laboral. 

La otra pandemia

“La Covid-19 ha subrayado y explotado la continua negación de los derechos de las mujeres. Mujeres y niñas se están llevando la peor parte del enorme impacto social y económico de la pandemia”, advirtió el secretario general de la ONU, António Guterres, durante la Asamblea General en octubre pasado.  Este organismo prevé que la pandemia deje 47 millones de mujeres pobres en el mundo, al ser las que conforman el grueso del trabajo informal y ser las primeras que están perdiendo sus puestos de trabajo durante esta crisis.

Y a esto debemos sumar otra triste realidad, la de miles de niños, niñas y adolescentes que abandonaron los estudios impulsados por la brecha digital o simplemente porque eran requeridos en otras tareas de apoyo a su familia. Las consecuencias de esto las veremos en unos años en múltiples áreas, incluyendo la disponibilidad de profesionales calificados para suplir la creciente demanda en nuestra región.

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Otra realidad que enfrentamos es que muchas de las que conservan su empleo podrían estar pensando en dejarlo, abrumadas por la carga adicional de labores del hogar y cuido que históricamente le han sido encomendadas a las mujeres.  El estudio “Mujeres en el lugar de trabajo 2020” de Mckinsey determinó que, una de cada cuatro estadounidenses, están pensando en abandonar su empleo. “Debido a los desafíos creados por la crisis de la Covid-19, hasta dos millones de mujeres consideran tomar una licencia o irse de la fuerza laboral en conjunto”, indica el documento.

Nos toca ocuparnos

La retención de mujeres en los puestos de trabajo es una difícil misión y ni qué decir de las nuevas contrataciones.  Debemos trabajar activamente para no perder el terreno ganado; nos ha llevado décadas lograr las cuotas de participación femenina en distintos ámbitos y no podemos perderlas ahora.  Es una responsabilidad que requiere el compromiso de todos, hombres y mujeres, reforzando el acercamiento con las colaboradoras para conocer su realidad y ofrecer soluciones flexibles, antes de que la presión termine por alejarlas.

Se debe ser claro en que la línea que separa nuestra jornada de trabajo y la vida familiar no debe desvanecerse. Está en nosotros eliminar ese paradigma de tener que estar siempre conectado y disponible. Debemos tomar tiempo para cada cosa, atrevernos a pedir ayuda y de ser necesario, redistribuir funciones o repriorizar.  Estas alternativas deben estar en constante valoración para no perder el elemento más importante de cualquier empresa, el recurso humano.

Evitar cargas de trabajo excesivas e invertir en nuestra salud física, mental y espiritual es la única forma de que el agotamiento no termine por pasarnos una cara factura.  Pedir ayuda no es una muestra de cobardía sino de sabiduría.

Las mujeres no debemos pagar el precio

No podemos permitirnos retroceder 20 años.  Representamos la mitad de la población mundial, pero solo alrededor del 50% de las mujeres en edad de trabajar es parte de la fuerza laboral. Según el Fondo Monetario Internacional, si la participación de las mujeres se equipara con la de los hombres, se podría añadir, en promedio, un 35% al Producto Interno Bruto en los países con mayores brechas.

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Esta crisis debe ser la oportunidad para romper estereotipos, para reiterar que las tareas de la casa y las del cuidado no son exclusivas de las mujeres, para entender que, si deseamos salir de la crisis en el menor tiempo posible, debemos trabajar todos juntos para que los niños, niñas y adolescentes sigan teniendo acceso a la educación.

Unamos esfuerzos entre sector público y privado para buscar soluciones que apoyen a las mujeres por una justa representación del género en la fuerza laboral de todo el mundo.  Nosotras no debemos pagar una factura adicional en esta pandemia. No podemos darnos el lujo de perder a las mujeres en nuestras empresas, así de simple.

*Es gerente general de Intel Costa Rica

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.