Por Mario Pacheco

Sin duda alguna el 2020 pasará a la historia de la humanidad como el año de la pandemia que paralizó al mundo moderno, donde aun con grandes avances en tecnología médica, biológica y farmacológica no se pudo evitar que más de un millón de personas en el mundo sucumbieran al COVID-19 y dejaran una estela de muerte y dolor en el mundo.

Sin embargo, este año que pasó también debe ser recordado por otras muchas cosas, algunas que ya habíamos olvidado y que hoy tuvimos que reaprender para darle el verdadero valor. Una de las ventajas de que esta pandemia en esta era fue lo desarrollados que están los sistemas de comunicación en el mundo, y es que más allá de la radio y la televisión, las redes sociales se convirtieron en un canal de la catarsis humana que nos permitió compartir experiencias en tiempo real, comunicarnos más constantemente con nuestros seres queridos, volvimos a hablar en casa, a comer en familia, a jugar con los niños, a leer un libro, muchos incluso retomaron su aficiones como la música, el baile, la pintura, comenzar a escribir un libro, en fin todo tipo de proyectos que por trabajo habíamos abandonado.

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Una de las grandes lecciones aprendidas fue que no existe nada más importante que la familia, que podemos reinventarnos, sobrevivir en la adversidad, crear nuevos negocios, incluso, según algunos estudios, los comercios en línea crecieron en un 75% durante la pandemia; los compradores que no eran Shopper Line perdieron el miedo a la compras en línea y hoy son nuevos consumidores digitales permitiendo que nuevos emprendimientos surjan sin requerir inversiones millonarias donde el comercio es exclusivamente línea.

En el campo educativo aprendimos que no es necesario llegar a las aulas para aprender y seguir preparándonos para el futuro. La educación en línea, que si bien ya se había comenzado a desarrollar, abarcó inevitablemente al menos al 80% de estudiantes del mundo, los cuales se adaptaron casi de inmediato a las nuevas tecnologías y en 2021 se prevé que el sistema responderá mejor que el año anterior.

El 2020 nos enseñó también lo vulnerables que somos y la fuerza de la naturaleza, lo implacable y lo justa que es. Esta enfermedad no distinguía la clase social, la raza, edad, religión, color de piel, la identidad sexual y todo aquello que llamamos discriminación; sin duda nos mostró que es necesario poner un alto a tanta depredación del medio ambiente, a entender que el consumismo excesivo no sinónimo de bonanza si no de destrucción, a valorar lo que naturalmente tenemos ya que puede acabar de un momento a otro sin mayor aviso y cambiar nuestra realidad actual para siempre en un instante.

Sin embargo, el mundo dio un salto de calidad en medio de tanta adversidad: nos enseñó que somos más fuertes si estamos unidos, trabajando de manera coordinada, mejorando los lazos de amistad y cooperación. Un ejemplo fue que gracias a ello las farmacéuticas lograron en tiempo récord y a una velocidad sin precedentes generar al menos tres vacunas contra el COVID-19. A esta fecha ya se han inyectado más de tres millones de dosis alrededor del mundo.

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Esto nos demuestra que no hay límites para la creatividad humana y que somos capaces de responder a las crisis más allá de los que podíamos imaginar.

Lo que nos enseño este 2020 es que seguimos siendo la especie dominante en el planeta y somos supervivientes porque nos adaptamos a cada realidad y a cada momento, creando nuestros propios ambientes, pero, sobre todo, tenemos la capacidad de mejorar o empeorar nuestro futuro.

*Es periodista salvadoreño y conductor del Programa Al Cierre

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.