EFE. El éxodo de miles de hondureños que la semana pasada salieron en caravana con la idea de llegar a EE.UU. en busca de trabajo, es un reflejo de la crisis que vive su país desde 2009, que se agudizó con la desgracia sufrida en 2020 por la pandemia de Covid-19 y las tormentas tropicales Eta e Iota.

La avalancha humana no pudo ser detenida por dos cordones de seguridad que la Policía Nacional de Honduras tenía en El Florido, según dijo el delegado de Migración en ese sitio, Guido Zelaya.

Desempleo y violencia aducen migrantes para irse

El desempleo y la violencia siguen siendo las principales causas que los migrantes, en su mayoría jóvenes, aducen para irse de Honduras, donde no hay oportunidades para todos y los Gobiernos que asumen cada cuatro años no han sido capaces de reducir la gran deuda social que el país tiene con su gente.

Muchos de los hondureños pobres y desempleados nunca han recibido un beneficio social directo de la deuda interna y externa que tiene Honduras, que supera los 12,000 millones de dólares.

En todas las caravana que han salido desde 2018 han ido personas de todas las edades, entre hombres, mujeres y niños, incluso de la tercera edad y otros con impedimentos físicos, aunque en su mayoría son jóvenes que representan una importante fuerza productiva.

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La falta de empleo, un problema que cientos de miles de hondureños arrastran desde hace muchos años; la violencia criminal, que ha recrudecido en 2021 con macabros asesinatos, y la calamidad que dejaron la pandemia de covid-19 y las tormentas Eta e Iota en 2020, son solo una parte de la cadena de problemas que vive Honduras.

El país sufre además, no de ahora, las deficiencias de sus sistemas de educación y salud; la violencia del crimen organizado y las pandillas; el narcotráfico, malos servicios públicos, un alto coste de la vida, bajos salarios, inseguridad, injusticia y una corrupción galopante entre otros males, que son como una maldición para un pueblo humilde y trabajador, además de mucho aguante.

Analistas coinciden en que en 1980 la pobreza afectaba al 60 % de los hondureños, y que en 2020 rozó el 70 % con los miles de nuevos pobres que dejaron la pandemia de Covid-19, que se comenzó a expandir en marzo, y las tormentas Eta e Iota, que azotaron al país en noviembre.

Según fuentes del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep), alrededor de un millón de puestos de trabajo se perdieron en 2020 por Covid-19 y las tormentas.

Caravanas, una opción que migrantes buscaron a partir de 2018

En los últimos 50 años, muchos hondureños se fueron de manera ilegal hacia los Estados Unidos, donde ahora viven más de un millón, entre los que lograron conseguir residencia legal y los indocumentados, que han representado la primera fuente de divisas de su país, por las remesas familiares que envían cada año.

En 2020, según fuentes oficiales, las remesas rozaron los 5,000 millones de dólares, pese a que se esperaba que tuvieran una caída por la pandemia de covid-19, que afecta duramente a Estados Unidos.

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Durante los últimos 20 años un promedio entre 100 y 150 hondureños se iban a diario del país con el fin de llegar a Estados Unidos, donde muchos tenían familiares que les esperaban, pero no todos lograron llegar a ese país, porque fueron devueltos de México, donde fueron víctimas de todo tipo de atropellos, incluso asesinados o muertos y mutilados al caer de trenes.

El panorama del país centroamericano es incierto por la difícil situación política, social y económica que vive Honduras desde hace varios lustros, que se agravó con el golpe de Estado del 28 de junio al entonces presidente, Manuel Zelaya.

La crisis se agudizó más luego de las elecciones generales de 2017, cuando fue reelegido el actual presidente, Juan Orlando Hernández, violentando la Constitución, que no lo permite bajo ninguna modalidad, en unos comicios en los que según la oposición, además, hubo fraude y varios muertos y lesionados.

Guatemala obliga a retornar a su país a casi 1,400 migrantes hondureños

Un total de 1,383 hondureños que ingresaron ilegalmente a Guatemala en una caravana migrante en los últimos días han sido retornados a su país obligatoriamente, según confirmaron este domingo fuentes oficiales.

El Instituto Guatemalteco de Migración informó a periodistas que entre los 1,383 migrantes devueltos a Honduras hay 192 niños y que el retorno es gestionado por su personal y también por las fuerzas de seguridad.  

De acuerdo a la misma fuente, alrededor de un millar de migrantes fueron deportados entre jueves, viernes y sábado, mientras que otros 400 emprendieron el retorno obligado a sus hogares este domingo. 

Los hondureños deportados forman parte de una caravana migrante conformada por más de 9,000 de sus compatriotas, según cálculos oficiales. La caravana salió de San Pedro Sula, ciudad del norte de Honduras, en distintas fases entre los pasados miércoles, jueves y viernes.

La caravana, dividida en tres grupos de aproximadamente 3,000 personas cada uno, se coló ilegalmente entre la noche del viernes y el sábado por el puesto fronterizo El Florido, en el departamento de Chiquimula, 200 kilómetros al este de la Ciudad de Guatemala.

Sin embargo, una parte de la caravana no ha podido avanzar por Chiquimula debido a una barrera policíaca que este mismo domingo reprimió con fuerza a los migrantes para evitar su paso. 

Según se constató, los migrantes recibieron golpes al intentar sobrepasar a las fuerzas de seguridad compuestas por la Policía Nacional Civil y el ejército de Guatemala. 

El Instituto Guatemalteco de Migración confirmó a periodistas que “se reportan varias personas heridas”, incluido su personal, soldados y migrantes hondureños, aunque sin más detalles por el momento.

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El grupo que se encuentra varado está compuesto por alrededor de 6,000 migrantes, mientras que los otros 3,000 hondureños que conforman la caravana han logrado avanzar en algunos casos y en otros la multitud se ha ido diluyendo o ha retornado a su país. 

Las autoridades advirtieron que no dejarán ingresar al país a los migrantes si no cumplen con los requisitos establecidos al respecto, especialmente una prueba negativa de Covid-19.