Pese a la riqueza natural que posee Centroamérica, la región no gana para disgustos. La situación económica que presenta la economía centroamericana no es todo lo buena que debiera ser. Todos los sucesos que han acontecido al bloque económico han acabado deteriorando su situación hasta límites insospechados. De hecho, atendiendo incluso a determinados países, como los del triangulo norte de Centroamérica, la situación se ha vuelto tan insostenible que los movimientos migratorios en los últimos años se han disparado exponencialmente. Unos movimientos que tienen como fin el lograr una vida mejor de la que tenían en sus países de origen.

Así pues, debemos saber que al hablar de Centroamérica, hablamos de una de las regiones más castigadas del planeta. Los desastres naturales que han sacudido duramente a los territorios que se integran en esta región emergente han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de sus economías para, de forma unilateral, hacer frente a semejantes catástrofes. Además, unos fenómenos que, dicho sea de paso, se ceban con una fuente de riqueza elemental para el país, teniendo en cuenta que hablamos de una región en la que el sector primario sigue siendo un sector predominante; a la vez que emplea a una gran parte de la población activa de la región.

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Y es que, como digo, no solo hablamos de los duros efectos que tienen los desastres naturales en el territorio, sino de una serie de problemas que, como el anterior, suponen un escollo para el progreso y el desarrollo de la región. En este sentido, cabe destacar el gran problema que supone la economía informal en estos países, donde, en algunos, se observan niveles de informalidad económica desmesurados, con cifras de empleo informal que llegan a rozar el 70%, sumado a una corrupción que, junto a la informalidad, se encuentra muy presente en la economía centroamericana, suponen una merma para la economía, así como una excesiva debilidad de las instituciones en los países miembros.

Tampoco podemos olvidarnos de otra serie de situaciones que, como decíamos y de igual forma, acechan a la economía de Centroamérica. Situaciones que, como el deterioro del precio en las materias primas, la violencia en la región, así como el gran deterioro que ha vivido el comercio en los últimos años, sumado a un mal comportamiento de la inversión extranjera para estos países, en adición a todos los sucesos que comentábamos anteriormente, dejan un escenario inaudito para la economía de Centroamérica. Una región en la que, resumiendo y atendiendo a los índices de desarrollo humano que se presentan para los distintos territorios, únicamente se salva Costa Rica, siendo este el único país bien posicionado dentro del selectivo de países con un IDH elevado.

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Y es que, a todo esto, debemos sumarle que los economistas, y ante lo que se observa en el análisis, hemos sido testigos de cómo las economías en desarrollo han reducido cada vez más el ritmo de crecimiento que estas mostraban en años previos. Así pues, hoy en día el crecimiento de estas economías se ha moderado bastante en relación con las economías desarrolladas. Por ello, y atendiendo a las proyecciones, mientras se esperaba que algunas economías en la región convergiesen con las desarrolladas en un plazo cercano a los 30 años, la moderación de la que hablamos podría hacer que esa convergencia no se diese, con las nuevas proyecciones, hasta dentro de 300 años.

Ante este contexto, la pandemia que hoy sacude al conjunto de economías en el planeta, para Centroamérica no es más que la gota que colma el vaso. Si hablábamos de economías que ya de por sí eran vulnerables, la pandemia supone un grado de vulnerabilidad aún más intenso. Además, esa intensificación que ha vivido la pandemia en los territorios a los que hacemos mención ha puesto aún más de manifiesto esta situación que describimos. Ante esto, los ciudadanos, aunque ya lo venían haciendo desde hace tiempo, comienzan a huir de la región en busca de oportunidades que permitan al ciudadano centroamericano, como poco, contar con una esperanza de vida acorde al siglo en el que nos encontramos.

Y es que, ante la necesidad de recursos para hacer frente a una crisis sin precedentes como la que hoy sacude a todo el planeta, la escasez a la que hacemos mención, así como los problemas mencionados, han ganado relevancia, pues se observa una incapacidad real de hacer frente a la situación que se muestra. Esto ha provocado que el ritmo de migrantes se haya acentuado en los últimos meses.

En este sentido, los registros contabilizaron unas 800.000 personas que salieron el año pasado de la región en busca de una vida mejor. Sin embargo, ante la situación, teniendo en cuenta la contracción prevista para la economía de Centroamérica, así como la mala situación que prevé mostrar la región en los próximos años, la ONU ya pronostica que, aunque se haya frenado la migración por la presencia del virus, para este año la cifra de emigrantes se dispare notablemente.

Así pues, si uno tiene en cuenta, por ejemplo, los recursos sanitarios en la región, podemos identificar claramente esa escasez que mencionamos, así como el problema que supone esta en momentos de pandemia. Pues, a la luz de los datos, hablamos de unos indicadores que, como las camas de hospital por cada 1.000 habitantes, muestran una escasez desmesurada en las distintas economías que componen la región. Por tanto, hablamos de un índice que en la mayoría de las economías que integran dicha región no llega ni a una cama por cada 1.000 habitantes.

Por otro lado, atendiendo a esos mismos indicadores de recursos sanitarios y siguiendo con el análisis, también hemos podido observar una muy escasa densidad de médicos por cada 1.000 habitantes en los distintos países que integran la región. Una densidad que, en el mejor de los casos, asciende a los 2 médicos por cada 1.000 habitantes. Sin embargo, con estos datos, estaríamos haciendo alusión al mejor de los casos, es decir, a lo que podríamos considerar como la excepción. Pues, analizando la moda en los distintos países que integran dicho bloque económico, hablamos de una densidad que oscila entre 0 y 1 médico por cada 1.000 habitantes.

Con estos datos en la mano, Centroamérica se está convertido en una tierra cada vez más hostil e insegura para su ciudadanía. Sin embargo, si todavía había ciudadanos que tenían dudas sobre si huir del país en busca de una oportunidad o quedarse, la pandemia las está disipando todas.