Por Karen Rosales

Por distintos medios vemos o escuchamos expresiones como “finalmente terminó el 2020” o bien, “2020, no te voy a extrañar”; sin lugar a dudas, fue un año disruptivo, totalmente atípico, con secuelas en muchas familias, así como severas repercusiones sobre la economía y desarrollo de países a nivel mundial.

El sistema de salud, la educación, los negocios, las relaciones personales han dado un giro inesperado; el año 2020 nos ha dejado un enorme legado que nos recuerda que como seres humanos y como empresas, debemos estar en constante transformación y adaptación.

Es imperante aprovechar estas experiencias para enfocar los esfuerzos en el proceso de recuperación que iniciamos ahora en 2021, teniendo en mente que esa recuperación, debe tener como base, la transformación.

Los resultados económicos en Guatemala

A inicios de abril del año 2020, el Banco de Guatemala proyectaba que el PIB caería entre -3.5% y -1.5%; los datos recientes muestran que Guatemala cerró el año con una caída cercana al -1.5%, reflejando el mejor comportamiento económico de los países de Latinoamérica.

En cuanto a las exportaciones, se esperaba una contracción de hasta -7%, sin embargo, se estima que, al cierre del año, se llegó a una contracción que ronda -1.4%.

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Al revisar y analizar a detalle estos números, se visualiza que la recuperación económica, aunque seguía en números negativos, inició en el segundo semestre del año, cuando de cierta forma se empezó a convivir y a sobrellevar la “nueva normalidad”, y cuando muchos tuvimos que transformar estrategias para adaptarnos al cambio. 

En cuanto al modelo educativo

Desde los preescolares hasta las Universidades y Centros de Estudios Profesionales, han adoptado las clases virtuales y con ello logrado sobrellevar el ciclo escolar que había arrancado con “normalidad”; al considerar volver a clases presenciales, sería un retroceso enorme, dejar a un lado las plataformas virtuales y los procesos auto didactas que se han establecido.   

Invirtiendo en la formación y actualización de docentes, adoptando tecnologías, apoyándose en simuladores y plataformas que permiten intercambio de conocimientos, se puede ir transformando el modelo educativo y, de esta manera, formar generaciones con las competencias necesarias para enfrentar constantemente el cambio y lo dinámico del entorno.

No podemos (ni debemos) obviar las brechas que ahora son más evidentes entre el modelo educativo del área metropolitana y las áreas rurales, y entre el público y privado; esto, ahora más que nunca, requiere una total transformación, porque si lo reactivamos tal y como ha sido en los últimos años, dejaremos pasar una tremenda oportunidad.

El sector productivo

En cuanto al sector empresarial, algunas actividades, principalmente de servicios han migrado casi en su totalidad a trabajo desde casa, logrando mayor rendimiento del capital humano y menores costos de operación; la industria y agroindustria han evolucionado sus sistemas de gestión y optimizado sus procesos para mantenerse avante.

Producir más, optimizando recursos y previniendo impactos sociales y ambientales; lograr nuevos mercados, innovando productos; diversificar materias primas y proveedores, así como gestionar a sus partes interesadas, son acciones que están permitiendo que las empresas se recuperen favorablemente, pero a la vez, transformen su modelo de negocio, disminuyendo así su exposición a externalidades.

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Siendo optimista, quiero pensar que parte del legado del 2020 para el sector productivo, es la adopción de principios de una economía circular vista como una estrategia que maximiza rendimientos y que, en el tiempo, permitirá transformar los sistemas productivos.

Hacia la construcción de país

Si durante el año 2020, las políticas públicas hubiesen sido estáticas, si los modelos de negocio no hubieran cambiado, si las plataformas digitales no daban ese acelerado salto, posiblemente no estaríamos visualizando la anhelada recuperación.

La construcción de un mejor país, no solo recuperado y reactivado, sino transformado para el largo plazo, depende de cada uno de nosotros. Aprovechemos esta fase de recuperación para más bien lograr una transformación. Así que, corresponde ahora que nosotros, desde nuestras decisiones y campos de acción, sorprendamos al 2021.

*Es directora Ejecutiva de la Gremial de Palmicultores de Guatemala.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.