Por Gema Sacristán

Cuando pienso en el momento en el que estamos, me viene a la cabeza esa canción que Carlos Gardel lanzaba al mundo en 1935 y que muchos llevamos grabada en el corazón.

Sentir, que es un soplo la vida, que veinte años no es nada que febril la mirada, errante en las sombras, te busca y te nombra…

El mundo se está viendo sacudido por una pandemia que, además de las tragedias humanas, ha puesto todo de cabeza: nuestros hábitos, nuestra libertad, nuestras economías, a nuestras empresas, a la sociedad en su conjunto. Pero también ha hecho que tomemos conciencia de dos aspectos importantes. Primero, habrá más pandemias y grandes crisis en el camino si no cuidamos de nosotros mismos y a la casa en la que habitamos, nuestro planeta. Segundo, las soluciones a los problemas globales requieren de respuestas globales, de todos nosotros.

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Quizá no es casualidad que acabamos de celebrar el quinto aniversario del Acuerdo de París, un pacto para luchar contra el cambio climático firmado en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en diciembre de 2015. A pesar de que el año pasado se oficializó la salida de Estados Unidos del acuerdo de París, ya empieza a hablarse de su regreso. La Unión Europea, que tiene en marcha el Green Deal, se ha comprometido a reducir un 55% sus emisiones de gases contaminantes en 2030 para lograr así el objetivo de cero emisiones en 2050. China también se ha comprometido a ser neutro en emisiones en 2060.

Tampoco es casualidad que la pandemia nos haya llevado a todos a preguntarnos qué es lo realmente importante, obligándonos a poner el foco en las personas, en la familia, en nuestros seres queridos, en el tiempo compartido, en los valores. Todo eso que en la empresa identificamos con el propósito, la visión, la misión en la sociedad, la aportación a la comunidad. Lo que antaño identificábamos con el concepto de Responsabilidad Social Corporativa, hoy ampliamente superado por el de Sostenibilidad y criterios ESG, acrónimo del inglés Environmental, Social and Governance.

Por todo ello, tiene otro sentido tanto el aniversario del Acuerdo de París como el aniversario, quinto también, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las ONU firmados en septiembre de 2015: 17 objetivos globales con metas específicas y ambiciones como erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad de todos.

Ambos acuerdos fueron muy relevantes como punto de partida y generación de consensos globales. Pero no han resultado todo lo efectivos que se esperaba en cuanto a su implementación, en cuanto a los logros. Y si en algún caso hubo avances importantes, como en la reducción de la pobreza y de las desigualdades, la pandemia nos ha devuelto en muchos casos a la casilla de salida. Solo en América Latina, el COVID-19 podría arrastrar a la pobreza a más de 28 millones de personas, elevando la cifra total a 215 millones (el 35% de la población), según cálculos de la Comisión Económica para América Latina y Caribe (CEPAL). Esta reversión en el camino nos va a obligar ahora a correr más deprisa para llegar al mismo sitio. En todos los frentes. Veamos uno de los objetivos ODS más conocidos, el número 13: la Acción por el clima.

El objetivo del Acuerdo de París para 2030 –y a más largo plazo– es mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de los 2ºC sobre los niveles preindustriales y aspirar a acotarlo a 1,5ºC. Pero si analizamos a fondo los datos recogidos en informe Global Warning of 1.5ºC de 2018 del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU, vemos que no se ha avanzado en la dirección correcta, sino al contrario.

Las emisiones de gases contaminantes crecieron a una media anual del 1,5% en la pasada década. De seguir así, se duplicarán en 2050 y cuadriplicarán en 2100, lo que llevaría a un aumento de la temperatura media de 3,2ºC en 2050 y 4ºC a final de siglo. Y no se engañen, el confinamiento mundial de la pasada primavera solo nos dio un respiro temporal. Diría que fue como un espejismo que, tampoco paró las agujas del reloj. Fue volver a la actividad y los niveles de concentración de CO2 en la atmósfera no tardaron en marcar nuevos récords justo antes del verano, como desveló la ONU al lanzar su informe United in Science 2020.

Para lograr en 2030 que la temperatura media no supere el objetivo máximo del 2ºC establecido en el Acuerdo de París, habría que recortar un 25% las emisiones de gases contaminantes, recorte que debería ser el doble (50%) para ajustarte al objetivo de 1,5ºC. Dicho de otra manera, el esfuerzo que tenemos que hacer en la próxima década, de aquí a 2030, es enorme, mayúsculo.

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El reloj no se detiene. Y nosotros debemos correr más deprisa. Porque no aceleramos cuando debíamos haberlo hecho. El Acuerdo de París sentaba las bases para una transformación hacia modelos de desarrollo bajos en emisiones y resilientes al clima, pero hay que recorrer de verdad el camino. Estamos ante una oportunidad para crear el futuro que necesitamos, un futuro mejor, que se asiente sobre otro tipo de estructuras económicas y sociales. Y para ello debemos recuperar el tiempo perdido sabiendo que, como decía Gardel, veinte años no es nada. Pero es que diez, que es lo que nos falta de aquí a 2030, es todavía menos.

*Es la directora general de negocio de BID Invest.

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