Por Uriel Naum Ávila*

Hasta antes de la pandemia Covid-19 parecía tomar fuerza en América Latina un movimiento corporativo relacionado con la importancia de generar bienestar y felicidad en las empresas. En países como México, Colombia y Costa Rica, por mencionar algunos casos, se desarrollaron rankings y listados que buscaban evidenciar a las empresas que trabajaban en este tema de manera sistemática.

Incuso algunas instituciones venían haciendo un esfuerzo importante por documentar casos de éxito, difundir mejores prácticas y convertir en datos y cifras algo como la felicidad, que para algunos podría parecer un concepto o activo abstracto, intangible y poco medible.

Las empresas felices reducen hasta 25% la rotación anual del personal, mejoran el nivel de engagement en los equipos de trabajo, aumentan la satisfacción laboral y reducen los días de enfermedad o reportados como faltas”, eran algunas de las ventajas que se promovían.

Pero para que las estrategias de bienestar de los empleados tuvieran efecto se necesitaba un elemento clave que la pandemia destrozó: una interacción especial y diferenciada con las viejas prácticas organizaciones de decisiones verticales entre líderes y colaboradores, y con ello una comunicación directa y un alto grado de confianza.

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 Y surge la pregunta: ¿en un momento como el actual, de distanciamiento, confinamiento, estrés, enfermedades físicas y mentales, temores a ser despedidos, entre muchas otras cosas, es válido y apropiado hablar de empresas felices?

La respuesta la ofrece Rosalinda Ballesteros, directora del Instituto de Ciencias de la Felicidad de la Universidad Tecmilenio: “Lo que pasó después de Covid-19 es que las empresas se enfocaron en su situación de crisis y no se pensó, en un primer momento, en los temas que tienen que ver con bienestar físico y psicológico; sin embargo, con el tiempo lo que hemos visto es que las empresas están recurriendo a estos enfoques por lo que representa para los colaboradores estar tanto tiempo en este estado de alerta mental”.

La directiva del Instituto de Ciencias de la Felicidad menciona que hay dos enfoques en las organizaciones sobre el tema: uno es potenciar lo que está bien, las emociones positivas, el trabajo en equipo, y la otra visión es prevenir y revertir el efecto de todo eso que hoy está causando un alto nivel de estrés. Es en ambas vías donde se están moviendo los esfuerzos de las empresas en términos de bienestar en este momento.

Comenta que transitar de una situación de incertidumbre a otra de mayor certeza y tranquilidad para los colaboradores pasa por enfocarse en lo positivo de la situación más que en lo negativo. Por ejemplo, en  los logros que ha traído para las empresas el poder transformarse en unos cuantos meses y trabajar de una manera muy distinta a la que lo hacían antes de la pandemia, o el haber incursionado en otros negocios que nunca pensaron y que la situación actual los ha llevado.

Abanderar el tema del bienestar y la felicidad dentro de las organizaciones no corresponde a un área en específico, asegura Rosalinda Ballesteros. “En canales formales, puede ser el área de Comunicación quien se encargue de una estrategia de bienestar, pero en canales informales son los líderes los que deben estar a cargo”.

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Hoy el no tener comunicación no verbal y directa con los colaboradores hace difícil pensar en organizaciones felices, pero lo más importante, asegura la especialista, es que esto se debe sustituir con información constante que ofrezca certidumbre a los empleados y generar reconocimiento de lo que se hace bien de manera pública.

Una vez más: ¿puede haber empresas felices en este contexto? Es momento de avivar el tema más que nunca. A lo mejor las empresas hoy no pueden ser felices por las condiciones que vive la gente incluso más allá de las cuatro paredes de la organización, pero se debe trabajar en el bienestar de las personas, y hacer esto es sembrar felicidad y cosechar los resultados en tiempos más propicios para ello.

Por lo pronto, hacer lo primero, trabajar en el bienestar de los colaboradores, permitirá enfocarse más en resultados y no perderse entre tanta confusión, cohesionar los equipos para evitar fracturas en la organización e iniciar un proceso de transición hacia una realidad que ya nunca volverá a ser la misma, donde las personas deberán estar en el centro del negocio. La felicidad no debe dejar de ser la meta.

“Las herramientas de la felicidad son el kit de elementos que necesitamos para enfrentar estos tiempos”, asegura la directora del Instituto de Ciencias de la Felicidad.

*Es periodista de Latam y consultor en comunicación corporativa.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.