Por Liliana Flamenco

“Esa sangre hay que respetarla”, leí esta frase a primera hora del pasado 16 de enero en uno de los titulares del periódico El Mundo, era una frase del Cardenal Rosa Chávez, como parte de una entrevista en el contexto de la conmemoración de los 29 años de la firma del Acuerdo de Paz -16 de enero de 1992 en el castillo de Chapultepec- Ciudad de México- que logró poner fin a una cruenta guerra civil de 12 años.

La frase, me llamó la atención porque entre los más de 75 mil muertos –en su mayoría civiles- que causó el conflicto armado, se encuentran los nombres de varios familiares cercanos, uno de ellos, el de mi abuela paterna, asesinada cuando huía de su pueblo natal, Suchitoto, departamento de Cuscatlán, un municipio ahora turístico. En esas épocas, destruido por las balas de los constantes enfrentamientos.

Estoy segura que muchos de los que se han tomado el tiempo de leer estas líneas –gracias- se identificarán con la terrible e injusta pérdida de sus seres queridos durante el conflicto armado salvadoreño.

No podemos negar que, aun hay retos, deudas sociales y económicas luego de la firma de esos Acuerdos. Sin embargo, fue a partir de esa decisión en conjunto que, se impulsó la democracia como base del sistema republicano y garantizar así el absoluto respeto de los Derechos Humanos. Pero sobre todo, reunificar a la sociedad salvadoreña.

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Siempre he creído en la importancia de la memoria histórica en El Salvador, 29 años han pasado desde la firma de los Acuerdos de Paz, y creo que no ha habido un esfuerzo serio por el rescate de esa parte de la historia reciente de nuestro país, excepto por parte de las organizaciones de víctimas y de derechos humanos que las acompañan. Incluso en la etapa escolar, no hay más que una breve reseña  sobre el conflicto armado.

De acuerdo a un comunicado publicado (septiembre 2020) por la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (FESPAD) “El rescate de la Memoria Histórica en El Salvador pasa por el compromiso de quienes, de una u otra manera, fueron parte de esa realidad nacional convulsa y dolorosa para un importante sector poblacional durante los años previos y durante el conflicto armado. Pero también es deber de todo el pueblo, para ser más conscientes y protagonistas de nuestra historia”. Extracto comunicado FESPAD.

El pasado 18 de diciembre.

El presidente de la República, Nayib Bukele, visitó cantón El Mozote en Morazán, lugar donde ocurrió una de las peores masacres cometidas en el Hemisferio Occidental en tiempos modernos. El mayor acto de violencia contra la población civil, cometida por el batallón Atlacatl de la Fuerza Armada de El Salvador, el 11 de diciembre de 1981, durante un operativo de contrainsurgencia.

Según las investigaciones posteriores de la Comisión de la Verdad (organismo de las Organizaciones de las Naciones Unidas para investigar los hechos de violencia cometidos durante la guerra civil salvadoreña) más de 1000 personas, hombres, mujeres y niños campesinos fueron asesinados.

En su discurso, uno de los mensajes del máximo representante del país fue tildar los Acuerdos de Paz de “farsa”, “pacto de corruptos” y “negociado”.

Distintas instituciones nacionales e internacionales reaccionaron, incluyendo al Cardenal Rosa Chávez, de ahí parte su frase “Esa sangre hay que respetarla”.

El Centro Internacional de Justicia (CEJIL por sus siglas en inglés) recordó la importancia de la firma de los Acuerdos de Paz con los que se puso fin a la guerra en El Salvador, los que calificó de un proceso con el que se iniciaba el camino hacia una nación más justa, inclusiva y cohesionada, pero al mismo tiempo lamentó que el presidente Nayib Bukele no los valore y use “un lenguaje peyorativo” al referirse a un hecho histórico que es de importancia para miles de salvadoreños.

La ONU, a través de la coordinadora residente para El Salvador y Belice, Birgit Gerstenberg, dijo: “Los Acuerdos de Paz de El Salvador crearon un ejemplo para prevenir la reaparición de la violencia a través de intervenciones específicas: restablecer el respeto y la protección de los derechos humanos, la transformación del rol de los militares, la depuración de la Policía y el concepto de fuerza pública, el desarme, la desmovilización y la reintegración de los excombatientes, por un lado. Por el otro, negociar y establecer más justicia social e introducir garantías para la democracia”, le dijo la funcionaria a Deutshe Welle, la televisora pública alemana.

Y así otras posturas y exhortación a las diferentes instituciones estatales a seguir y mantener el proceso de pacificación que se firmó en México hace 29 años, contribuyendo además al esclarecimiento de casos de violación a los derechos humanos permitiendo -por ejemplo- el acceso a los archivos militares.

En redes sociales surgió la campaña con la etiqueta #ProhibidoOlvidarSV  hizo que recordáramos a esos seres queridos que murieron durante la guerra, a quienes incluso muchos como yo, no logramos conocer. Cada uno contó su historia de dolor, sin ver colores políticos, es decir, izquierda o derecha, el sufrimiento, al final es el mismo. Esa campaña,  también me recordó, una vez más, la importancia de mantener viva nuestra memoria histórica y el valor que merece.

29 años han pasado, y el presidente Nayib Bukele decretó el fin de las conmemoraciones de los acuerdos de paz liderados con éxito por la ONU y que terminaron con la sangrienta guerra civil de 12 años el 16 de enero de 1992, y en su lugar instauró un día para las víctimas.

“De ahora en adelante, por decreto presidencial, el 16 de enero será el “Día de las Víctimas del Conflicto Armado”, consignó por medio de Twitter.

Decreto que ya muchos tacharon de irrelevante o inconstitucional, dado que la conmemoración de la firma fue aprobado por la Asamblea Legislativa.

29 años han pasado y, me preocupa que continuemos en medio de una sociedad violenta, ahora más que nunca incluso en redes sociales y a las puertas de las elecciones de diputados y alcaldes (28 de febrero) cuan importantes son los mensajes que envían nuestros representantes políticos, y cada uno de nosotros desde nuestros lados. Hoy más que nunca, en medio de una pandemia, contribuirían más, mensajes de esperanza, de paz, de respeto, que abonen al dialogo y que lleven a reunificar nuestra sociedad salvadoreña, tal y como reza uno de los beneficios de los Acuerdos de Paz. A menos que el hecho de “dividir” resulte en réditos políticos para quien lo promueva. Cosa que sería aberrante.

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Resguardemos nuestra memoria histórica, para que pase de generación en generación, no para desunirnos, sino más bien, para no retroceder y repetir prácticas ocurridas en el pasado que terminaron en una sangrienta guerra.

Esta columna va dedicada para todos los salvadoreños y salvadoreñas que, al igual que mi padre perdieron a un ser amado durante ese episodio de mucho sufrimiento y dolor, cada uno merece respeto, respuesta, dignidad, verdad y justicia. ¿Será que perdimos el camino de la paz y hay que rescatarlo?

*Periodista y conductora de la revista informativa AL Cierre.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.