Por Xavier Pires

A estas alturas, ya nadie duda de que estamos viviendo un momento histórico. La pandemia del Covid-19 está siendo el gran acelerador de la Cuarta Revolución Industrial, es decir, “la fusión de los mundos físico, digital y biológico a través de nuevas tecnologías”, como asegura el fundador del Foro Económico Mundial, el economista alemán, Klaus Schwab.

Esta revolución digital evoluciona a un ritmo exponencial con grandes cambios en materia laboral, con términos como teletrabajo, Big Data, Zoom, Cloud, monitorización,… se hayan vuelto comunes en nuestro vocabulario. Es tal la celeridad de esta transformación que incluso se pronostica que para este año, se crearán cuatro empleos digitales por cada cinco tradicionales.

Y es en este tema, en la creación de empleo, donde muchas empresas pueden caer en el edadismo, o lo que es lo mismo, la discriminación por edad en el ámbito laboral, un fenómeno que, aunque ya existía, se ha visto acentuado por la crisis del coronavirus. Según un reciente informe de la Fundación Pimec, si no se reduce la discriminación por edad habrá un “sistema insostenible”.

El documento sostiene que “nuestras sociedades envejecen y las cifras de natalidad a nivel mundial disminuyen de manera exponencial. Por ello es fundamental que se trabaje para evitar cualquier forma de edadismo en una sociedad que va a necesitar más que nunca de toda la fuerza de un colectivo que, mientras disfruta de una mayor esperanza de vida, es discriminado en el mundo laboral”.

El estigma de que una persona de cierta edad no se adaptará a un puesto de trabajo por sus carencias en las competencias digitales, por ejemplo, es algo que movimientos como la campaña “Old Lives Matter”, tratan de erradicar, al hacerlo visible y así luchar contra la discriminación hacia la gente mayor, basada en falsos prejuicios instalada en todas las sociedades.

La campaña, que muestra en diferentes vídeos la normalización del edadismo en el entorno laboral y social, se inspiró en la campaña “Black Lives Matter” que movilizó al mundo entero en contra del racismo después de la muerte de George Floyd durante su detención en Minneapolis el pasado 2020.

Pero, ¿qué podemos hacer para combatir esta otra forma de exclusión que es el edadismo? ¿Por qué las y los profesionales “senior” tienen problemas a la hora de incorporarse de nuevo al mercado laboral? ¿Por qué reciben ofertas por debajo de sus capacidades y perfiles? En definitiva, ¿no deberían buscar las empresas el talento apropiado para desarrollar sus proyectos?, y, sobre todo, ¿no se debería entender el talento como una combinación de conocimiento, experiencia y por qué no, actitud?

Para Alberto Ortiz, managing director y fundador de la consultora de alquiler de talento senior para empresas, Talensen, “cuando las organizaciones piensan en candidatos “senior”, a menudo los prejuicios son que los solicitantes son demasiado mayores, muy inmovilistas, poco habituados a la tecnología, y el más curioso de todos, sobrecualificados”.

Sin embargo, el modelo que su compañía ejecuta exitosamente, puede ser la oportunidad que tanto profesionales como empresas pueden lograr para enterrar muchos tópicos como la falsa vinculación entre cumplir años y la pérdida de facultades.

En Talensen, el profesional “senior” flexibiliza su incorporación a la empresa del cliente a través de un servicio que se integra dentro de la estructura de la misma como uno más y además puede liderar cambios o desarrollos estratégicos dada su experiencia profesional.

Asimismo, la compañía goza de un perfil que no se habría planteado tener por razones de coste, utilizándolo por el periodo de tiempo o número de horas necesarios, consiguiendo adicionalmente el coaching y consultoría asociada a su seniority (experiencia).

Campañas como “Old Lives Matter” o este nuevo modelo de trabajo que promueve Talensen, son ejemplos claros de que se puede combatir el edadismo en un formato ganar-ganar, entre la sociedad, las empresas y las/los profesionales.

Si somos conscientes de que la Industria 4.0 llegó para quedarse, y con ella nos grabamos a fuego la máxima de “renovarse o morir”, volvemos a las palabras de Klaus Schwab, que en su libro “COVID-19: El Gran Reinicio”, destaca que “reiniciar es una tarea ambiciosa, quizás demasiado ambiciosa, pero no tenemos más remedio que hacer todo lo posible para llevarla a cabo. Se trata de hacer que el mundo sea menos divisivo, menos contaminante, menos destructivo, más inclusivo, más equitativo y más justo de lo que era antes de la pandemia”. Que así sea.

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