La pérdida de empleos es un tema de análisis diario a nivel mundial y muchos de los cientos de ejemplos se encuentran y se viven en Costa Rica, como es el caso, entre muchos otros, de los parqueos: ya no se necesita entregar un tiquete de salida a un guarda. Para eso están las máquinas a las cuales se les ingresa el tiquete donde se indica el tiempo que estuvimos en el lugar y posteriormente el respectivo cobro, y al salir será una aguja la que nos dé el paso libre y el visto bueno. Otros muchos ejemplos los encontramos en el tema de las apps, que ofrecen cantidad de servicios sin necesidad de presencia humana. Todo esto ya es normal en nuestro diario vivir.

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Sin embargo, el proceso es un poco distinto en Costa Rica y se complica por la excesiva burocracia y diferentes regulaciones que aquí se requieren. Esto lo podemos ver en las trabas para manejar innovaciones que evidentemente son de la preferencia diaria por gran parte de la población, por cuanto facilitan sobremanera la vida de las personas. Hay que recalcar las estadísticas del Banco Mundial donde se pronostica que el 50% de los empleos manuales en Costa Rica pueden ser reemplazados por robots mucho más eficientes que el ser humano. Este porcentaje llega hasta el 60% en otros países de Latinoamérica. Debemos recalcar también que estos cambios no son tan lentos como en años anteriores, y que las tecnologías avanzan a pasos gigantescos, podría decirse que a diario.

Ya no nos lleva meses pasar de una tecnología a otra. Ahora los avances son exponenciales, esto con el fin de satisfacer las necesidades crecientes del ser humano. Hace unos años, sentado en un café y siendo estudiante en la ciudad de Cardiff, cuando me encontraba iniciando mi maestría en Gerencia Internacional, estaban leyendo sobre el tema de la automatización, y el documento mencionaba que entre los empleos con más probabilidades de ser sustituidos, se encontraban los de camareros y recepcionistas. Ese mismo día, a la hora de la cena, visité un restaurante japonés cerca de mi residencia de estudiantes para comprobar lo que había leído y para mi sorpresa era verdad, no había meseros. Brazos robóticos servían la comida que anteriormente se había ordenado por medio de una tableta colocada en la mesa. Al finalizar la cena, tampoco se le pidió la cuenta a un mesero. La cuenta fue pagada desde la mesa por medio del celular. 

El presente y futuro en la automatización podrían estar familiarizados con la tecnología cognitiva, que ya va formando parte integral de nuestras vidas cotidianas. Lo que permite, que las empresas en diferentes campos adopten y brinden las últimas tecnologías que se están utilizando día a día con el fin de aumentar la eficiencia de las mismas, ya que es importante destacar que las anteriores revoluciones tecnológicas fueron mucho más lentas; por ejemplo, las personas tuvieron más tiempo para adaptarse y moverse de un tipo de trabajo no calificado a otro.

Ahora bien, ¿dónde queda el ser humano en todo esto y cómo se puede salir bien librado de un golpe que nos acecha cada día más?

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Después de reflexionar al respecto, podemos darnos cuenta de que con la automatización no necesariamente perderemos fuentes de trabajo. Los trabajos simplemente serán diferentes. Algunas oportunidades se cerrarán y se presentarán otras que debemos identificar. Tendremos que converger en debates actuales, quizás algo complejos, enfocados en la transformación digital y así, por esa ruta, llegar al análisis de muchas disyuntivas éticas y profesionales para las que debemos estar preparados. De seguro, podemos esperar cambios tan radicales como los que, en otros ámbitos, vimos y vivimos en el siglo anterior. El ser humano siempre ha experimentado constantes procesos de cambio y se ha desarrollado a través de los retos impuestos, retos que nos van a permitir desarrollar nuevas habilidades.