Pablo Turletti *

Aquellas organizaciones públicas y privadas que finalmente hayan aprendido que la caja es necesaria pero no suficiente, que los beneficios son el aire que respiran las empresas, pero no les da prosperidad ni trascendencia, que para que haya sostenibilidad social y medioambiental primero debe haber sostenibilidad económica, serán las que tendrán éxito y sobrevivirán el impacto de esta crisis.

Según datos del FMI, el balance fiscal de las administraciones públicas como porcentaje del PIB en Centroamérica es deficitario en todos los países. Es decir, todos los países de la región gastan más de lo que recaudan. Este parece ser un mal endémico de las administraciones a nivel mundial. Sólo 11 de los casi 200 países del mundo tiene déficit cero o superávits fiscales.

Mientras los gobiernos de nuestros países siguen gastando más de lo que ingresan, sin que su supervivencia esté en juego, la sociedad civil se encuentra en la encrucijada de un momento histórico en la humanidad, que no sólo nos dejó literalmente sin aire a millones de personas, sino que asfixió la economía por su inactividad y reposo forzados.

Las perspectivas y expectativas para los próximos meses no son halagüeñas ni para los más optimistas. Pero cada día sale el sol y debemos, como siempre en la historia, aprender a levantarnos, a ser resilientes y creativos en la búsqueda de respuestas para minimizar el impacto negativo de cualquier acontecimiento histórico.

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Más que prosperidad económica

 Pero esta vez, surgiremos como un nuevo tipo de humano, uno más sensible a los temas sociales, uno más consciente del cuidado de su entorno, uno que ha aprendido que se puede hacer el bien de manera rentable para que sea sostenible en el tiempo.

El 2021 será recordado en la historia como el año en que el mundo, el ser humano, comenzó una nueva etapa como raza. La etapa de la prosperidad no sólo económica, de la redistribución del bienestar, de la sostenibilidad medioambiental, de la tecnología y la innovación de la que cada vez se beneficien más y no sólo unos pocos.

Recuerdo que la penetración de teléfonos celulares todavía es cercana al 40% de la población del mundo. Y mientras seguimos buscando agua en Marte, 700 millones de personas siguen sin tener acceso a agua potable en nuestro propio planeta Tierra. Esto es lo que va a cambiar. No la tecnología; esta seguirá evolucionando, creciendo y mejorando exponencialmente. Lo que cambiará fundamentalmente serán los modelos de gestión de las empresas y gobiernos.

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Gestión sostenible

Esto quiere decir que no sólo debemos gastar menos de lo que ingresamos, sino que también debemos hacer que los procesos de generación de ingresos vayan más allá de la rentabilidad. Aquellos que no lo hagan, caerán en una lenta, paulatina e inevitable obsolescencia.

Para poner en marcha modelos de gestión sostenible ―la famosa economía circular― debemos incorporar métricas y objetivos de sostenibilidad en nuestros propios planes de negocio. Además es necesario medir los impactos en lo económico, en lo social y en lo medioambiental. Y establecer modelos de atribución que nos permitan aislar el impacto económico real de aquellas iniciativas sociales y medioambientales.

¿Cuánto gana mi empresa por cada árbol que planto en la selva? ¿y por cada escuela rural que patrocino? En la respuesta a estos interrogantes está la clave de la sostenibilidad.

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*CEO del ROI Marketing Institute y fundador del ROIMI Training Center. Consultor, escritor, conferenciante y profesor internacional. PabloTurletti.com

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