Por Karen Rosales

Recientemente el Central American Business Intelligence -CABI- presentó algunos resultados económicos del año 2020, reflejando que el agro guatemalteco fue uno de los sectores más fuertes durante el 2020, pues pese a la pandemia y a los efectos de fenómenos naturales, logró sobreponerse e inclusive crecer entre un 0.5% – 1.0%.

Específicamente el subsector de la agroindustria de aceite de palma de Guatemala, logró mantenerse como el sexto productor de aceite de palma a nivel mundial aportando al mercado alrededor de 900,000 toneladas de aceite crudo de palma; asimismo, logró incrementar en más de 10% las divisas generadas para el país respecto al año anterior y generar alrededor de 30,000 empleos directos y 143,000 empleos indirectos.

Sigue la información sobre la economía y el mundo de los negocios en Forbes Centroamérica

Adicional a esto, al cierre del año 2020, Guatemala se posicionó como el país de Latinoamérica con el mayor volumen de aceite de palma certificado como sostenible por la Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible -RSPO- por sus siglas en inglés.

La producción de aceite de palma, ¿sostenible?

Debemos reconocer que el modelo de los agronegocios ha evolucionado rápidamente en las últimas décadas; la creciente demanda mundial de alimentos, el avance de la tecnología, la apertura de mercados externos y el necesario desarrollo de zonas rurales, ha impulsado que sectores como el de la producción de aceite de palma crezca de la mano de prácticas eficientes, responsables y sostenibles.

Mundialmente se cuestiona mucho esta última afirmación, pues de manera generalizada, y a veces deliberada, se asocia la producción de este aceite con prácticas que provocan impactos negativos de carácter socio ambiental.

Sin embargo, esto es algo que no está directamente relacionado a la naturaleza del cultivo y/o al proceso productivo, más bien, depende de cómo se produce y bajo qué modelo se produce, como cualquier actividad humana.

La producción de aceite de palma bajo un modelo responsable y eficiente, promueve la economía formal lo cual genera prosperidad y desarrollo; por estar presente principalmente en áreas rurales, se convierte en impulsor de educación, de trabajo digno, de seguridad alimentaria y de bienestar para las comunidades; en términos ambientales, el cultivo bien manejado, tiene la capacidad de aportar múltiples servicios ecosistémicos.

Liderazgo internacional de la producción guatemalteca

Guatemala no solamente es un país productor de aceite de palma, sino que es el país más productivo del mundo. La media mundial de los países productores es de 3.5 toneladas de aceite por hectárea y el rendimiento en Guatemala es de 6 toneladas por hectárea.

Empresas guatemaltecas están trabajando junto con su cadena de productores para lograr el cierre de ciclos productivos, haciendo un óptimo uso de recursos y logrando el máximo aprovechamiento de residuos. A partir de sus residuos están generando energía eléctrica, fertilizantes orgánicos que regresan al cultivo y/o aguas residuales que se reutilizan para fertirriego.   

Asimismo, han asumido compromisos relacionados a cero deforestación lo cual actualmente monitorean satelitalmente, así como políticas ambientales, laborales y de respeto a los Derechos Humanos.

Asumir una política por supuesto no implica que no hay riesgos y que todas las operaciones son perfectas, pero evidencia que hay procedimientos y principios que les permiten implementar acciones para minimizar esos riesgos e ir mejorando continuamente. Es decir, operar bajo un enfoque de sostenibilidad.

El ´boicot´ que no necesariamente aporta al desarrollo

El aceite de palma, a pesar de ser el aceite vegetal más utilizado en el mundo y que forma parte de al menos el 50% de productos de uso diario, está siendo boicoteado, ya sea por desconocimiento, por tácticas comerciales o por intereses particulares.

Si se saca de la ecuación el aceite de palma, los otros aceites vegetales que serían sus sustitutos verdaderamente podrían tener implicaciones socio ambientales severas, argumentos que también han expuesto con base técnica y científica, organizaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. 

Ni mencionar los impactos socio económicos por la pérdida de empleos, de ingresos y de oportunidades para las comunidades en donde está presente el cultivo.

Le invitamos a seguir nuestra página de Facebook

Boicotear definitivamente no es sensato; más bien debe promoverse que la producción se apegue a prácticas sostenibles y que se visualice a la agroindustria de aceite de palma como un catalizador de desarrollo y generador de oportunidades.

*Es directora ejecutiva de la Gremial de Palmicultores de Guatemala -GREPALMA.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.