Por Liliana Flamenco

“Para mí, el 8 de marzo es publicidad, porque solo ese día llaman la atención que existe la mujer, ya de ahí sus derechos no se hacen valer”. Para Lucía Aurelia Torres, de 52 años, el 8 de marzo solo es publicidad porque este año, esa fecha conmemorativa en la que se reiteran las reivindicaciones pendientes que tenemos las mujeres, Lucía la recibirá junto a sus compañeras apoyando la huelga de hambre que iniciaron después que el 1 de junio de 2020 llegaran a trabajar como siempre y nunca les abrieran la puerta porque el dueño de Industrias Florenci S.A de C.V se había declarado en banca rota.

Lucia es una de los 210 exempleados que fueron despedidos injustificadamente de Industrias Florenci S.A de C.V (únicamente 14 son hombres) en plena pandemia. El dueño y representante legal de Florenci, fue Roberto Pineda y falleció el 12 de junio de 2020. Desde su muerte, Florenci pasó a manos de su hijo Sergio Pineda López, quien se fue del país, luego de cerrar la fábrica textil y despedir a todo el personal sin previo aviso y sin pagar las indemnizaciones, salarios pendientes, retención de vacaciones, y otras prestaciones laborales que las empresas deben cumplir.

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Frente a la impunidad del señor Sergio Pineda López, las trabajadoras decidieron el 28 de julio del año pasado, tomarse las instalaciones de la fábrica y desde entonces, permanecen firmes, resistiendo todas las incomodidades del lugar, soportando altas temperaturas y por su puesto el hambre que simboliza su protesta.

Lucía, se ve extenuada, en su mirada solo hay tristeza, su voz es débil y habla pausado, son las consecuencias visibles después de haber permanecido 55 días en huelga de hambre (desde enero 2021). Hace pocos días, después de un chequeo médico dejó la huelga porque su cuerpo ha retenido demasiados líquidos y estaba padeciendo fiebres por una severa infección en las vías urinarias. 

Esta obrera ha dedicado la fuerza de su lucha a su hija mayor, quien luchó también contra un cáncer que terminó con su vida a los 33 años, un año antes de que Lucia fuera despedida junto a sus otras compañeras y compañeros.

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Lucía narra que dedicó 24 años de su vida a Florenci operando tres máquinas: una plana, una doble y una rana. Su rutina de nueve horas consistía en pegar mangas, cerrar laterales, hacer ruedos de bolsa y mangas. Por todo ese trabajo ganaba $123 a la catorcena, aunque los días de pago, el dueño de la fábrica solo le entregaba $20 en la semana. La supervisora Angélica Pérez era la encargada de las amenazas: si no alcanzaba la meta que era de 200 a 300 piezas, depende del estilo de la camisa, la denunciaría con el dueño, la despedirían por “haragana” y no le pagarían sus salarios completos.

Mientras Lucía relataba las condiciones de trabajo, Nurya de los Ángeles, de 42 años, intentó levantarse, pero no lo logró, quería saludarme, abrió los ojos, nos miramos y levantó lentamente su mano para saludar. Sonrió. Una sonrisa a medias después de casi 60 días en huelga de hambre.

Es necesario entrar a esta fábrica abandonada por su propietario y ocupada por sus trabajadoras postradas, para comprender el impacto económico que la pandemia provocó en la vida de la mayoría de las mujeres centroamericanas. Esta es sin duda, otra forma de violencia silenciosa: ver pasar los días y que sus peticiones frente a las autoridades responsables de hacer cumplir las leyes no tengan eco, la impotencia de no poder pagar sus deudas o cubrir necesidades básicas como tener comida, techo y salud, no deberían de ser una aspiración o una lucha, debería ser lo legal, lo humanamente correcto.

Lucía recibe este 8 de marzo sin tener respuestas del Ministerio de Trabajo, del Sistema Judicial y de la Fiscalía General de la República que hasta ahora se han mantenido de espaldas frente a las reivindicaciones que hacen estas trabajadoras.

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Hasta que el llamado de justicia llegue hasta los despachos de los tomadores de decisiones y responsables de aplicar la justicia, la ex fábrica textil permanecerá bajo el control de quienes dejaron buena parte sus vidas en esas máquinas de coser, quienes tienen familia que les esperan en sus hogares, bajo acosos del Fondo Social para la Vivienda, bancos y casas de créditos, porque deben sus cuotas mensuales.

Ojalá y el triunfo arrasador de las elecciones municipales y legislativas que obtuvo el partido en el gobierno Nuevas Ideas, marque un antes y un después para las mejorar la calidad de vida de las mujeres salvadoreñas y para devolver a Lucía el sentido de conmemorar el 8 marzo más allá de la publicidad.

Luci, se despide con un mensaje para Sergio Alberto pineda López: “Sergio, de la cara, así como tuvo el honor de despedirnos, háganos el honor de pagarnos”, al mismo tiempo, hace un llamado a las mujeres: “exijan sus derechos, porque somos explotadas, que se hagan oír, que sepan que la lucha que estamos llevando es para todas las clases trabajadoras”.

*Es periodista de El Salvador y conductora del programa de revista Al Cierre.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.