Por Uriel Naum Ávila

Hace apenas unos días el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) firmaron una alianza para impulsar la transición energética en América Latina y el Caribe (LAC), en línea con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París.

Dicha alianza consiste en intercambiar conocimientos en beneficio de la región, promover la inversión de energías renovables y mitigar los riesgos para América Latina y el Caribe. El objetivo numérico es ir hacia una meta regional del 70% de la capacidad instalada de ER (energías renovables) para la generación de energía en 2030.

Hasta hace un par de años atrás, Chile, México, Brasil y Argentina, en ese orden,  lideraban en proyectos de energía solar, dentro de una carrera de energías limpias en la que, de acuerdo con McKinsey, “cerca de la mitad de la capacidad eléctrica mundial podría venir de este tipo de energía en 2025”.

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Sin embargo, en el caso de México la situación ha dado un giro de 180°. El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se ha anclado al petróleo y carbón; incluso ha tachado a las energías verdes como la eólica de ser grandes “ventiladores” que matan aves en su paso por los lugares donde está instalada este tipo de infraestructura. Y su última acción fue la de impulsar una reforma a la Ley de la Industria Eléctrica (LIE), que fue suspendida al siguiente día de entrar en vigor por un juez.

Ya ambientalistas habían advertido de los riesgos y consecuencias que podría traer la reforma del gobierno a la salud de la población, principalmente por el uso que propone de combustibles tradicionales altamente contaminantes.

De igual forma, el sector empresarial en México buscó incidir en espacios de reflexión para abordar los daños a la competitividad que la LIE puede generar, ya que monopoliza la generación de electricidad para dar preferencia a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), dejando afuera prácticamente a privados en la generación de electricidad, muchos de ellos vinculados a proyectos de energía más amigables con el medio ambiente.

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Pero el tema de la contaminación ambiental no es el único problema que puede significar continuar con petróleo, carbón o gas; la generación de energías renovables como la solar y eólica puede ser hasta cinco veces menos costosa que la que se genera con combustibles tradicionales, de acuerdo con especialistas. Un dato a explorar muy conveniente para una región con tanta pobreza.  

Lo preocupante es que países como México que  tienen un liderazgo muy importante en la región, envíen este tipo de señales que van en contra de una tendencia global de sustentabilidad enmarcada en la Agenda 2030 de la ONU. Y si algo nos ha enseñado la pandemia Covid-19, es precisamente que debemos acelerar el paso hacia esas soluciones que abonen al bienestar y salud de la sociedades, y en el tema de energía limpia tenemos una gran deuda de la región con el mundo.  

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*Es autor es periodista de negocios y consultor en comunicación corporativa.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.