POR DANIELA ARBOLEDA FILIGRANA *

En mi paso por el mundo laboral, siendo millennial, quienes somos catalogados como perezosos, inestables y de vivir en una utopía, puedo decir que podemos cambiar nuestra perspectiva a partir de la experiencia y de la comunicación.

Los millennial somos tecnológicos, con pensamientos transversales, tenemos claro cuál sería el trabajo “ideal”  y reclamamos por huir de la rutina. Huir de la rutina para el sistema no sería bueno antes de pandemia, pero la nueva realidad nos hizo cambiar esta visión. 

Dicen que los millennial no queremos jerarquías y no precisamente porque no queramos respetar a la autoridad, solo que tenemos una visión diferente frente a las nuevas realidades.

Una de las preocupaciones más grandes del sistema al contratar millennials es su inestabilidad en quedarse. Nos han tildado incluso de caprichosos. Pero, nuestro dinamismo, creatividad y ambición ha demostrado lo contrario.

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El inicio en la vida laboral

Esto es algo que no se ha tenido en cuenta, en el transcurso de los años y en la nueva posición “laboral” que enfrentamos algunos jóvenes, como los millennial, que decidimos ingresar al sistema o simplemente hacer el nuestro.

Existe una visión realmente interesante y acertada de la realidad que nos desafía para ser “globales”. Tenemos la visión errada de creer que un gran nombre, será la solución a las insatisfacciones que tenemos frente al mercado laboral.

Tuve la oportunidad de conversar con un millennial que ha tenido una carrera exitosa para muchos, pero con una perspectiva completamente diferente de la realidad que impone la sociedad.

En conversación con Daniel Alejandro Pinilla Cadavid, un colombiano de 29 años, que ha trabajado desde tres continentes en reconocidos espacios internacionales, surgen tres pistas de transformación: la curiosidad, el management y la comunicación.

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Experiencia millennial

¿Cuál fue tu primera experiencia en la búsqueda de  grandes empresas?
Me gradué como comunicador social y periodista. Y para esa época llegaba la primera presión por parte de la academia: si no estabas en las grandes compañías no serías exitoso, porque además había escogido un oficio no lucrativo según toda proyección.

Después de muchas aplicaciones y suerte, empecé a colaborar para la cadena americana CNN como I-Reporter, cubriendo el conflicto de medio oriente y algunas notas de ataques terroristas en Colombia. Fue una oportunidad única que me ayudó a escuchar mi voz. Me di cuenta que un gran nombre era bueno, pero no suficiente.

¿Cómo lograste escalar desde tan joven en grandes nombres, qué pasó después?
Me di cuenta que el mundo vendía una necesidad de líderes que yo compré inconscientemente. Me proyecté como uno más. Después de CNN viajé a Italia para trabajar en el Vaticano con la Caritas Internationalis, ayudaba con las comunicaciones para la comunidad de habla hispana, una oportunidad maravillosa.

Luego me especialicé en derechos humanos, en Suiza. Elegí otro mundo como el periodismo, poco prometedor y al que nadie le apostaba retorno económico.

Luego ingresé a Naciones Unidas, donde estuve por más de 3 años y ahí me concienticé de que perseguía grandes lugares donde el trabajo era especial, pero sin duda donde no siempre mi voz sería escuchada.

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Otro concepto de éxito

¿Eso qué viviste cómo se conecta con lo que viven los jóvenes de hoy?
Creo que se repite porque todavía hay mitos de los mejores lugares para trabajar y muchos miedos de reconocer que hay otras alternativas iguales o mejores.

Actualmente veo una sed desgastada en el mercado de buscar “líderes” para todo, sin pensar en las presiones y vacíos que eso genera en los más jóvenes.

Hay visiones de éxito que todavía no se escuchan en las ciudades, porque suenan diferente a las antiguas ideas de éxito: grandes compañías, salarios altos, cargos directivos, ciudades capitales, contrataciones indefinidas, pensiones aseguradas, viajes, etc.

¿Pero ese podría ser un escenario de éxito, por qué criticarlo?
Porque no es el único y muchas veces hace daño. En los antiguos discursos, que todavía aplican, hay una lógica de abandono personal y entrega total a un mercado para el éxito de liderar. Si no eres líder ya eres inferior.

Hay otras habilidades que, en mi opinión, son las responsables quizá de los espacios más significativos de transformación para las empresas: los managers, por ejemplo. La diferencia entre management y leadership todavía parece nueva para Latinoamérica. Nos preocupamos tanto por formar líderes que se nos olvidó liderar.

Liderazgo millennial

¿Cómo se puede encontrar entonces una nueva versión de liderazgo y a qué edad identificarlo?
No soy experto, pero diría que entendiendo que lo único constante es justamente el cambio. Que debemos pensar primero si es liderazgo lo que necesitamos, o si en realidad la mirada se debe concentrar más en los “change managers” o agentes de cambio, que son los protagonistas de esta renovación post pandemia. Esas personas que no necesariamente quieren ser líderes y que el mercado subestima, pero que la economía ama. El emprendimiento nos demuestra que ser líder no basta y que reconocer esta diferencia antes de los 30 años, sí puede acelerar ciertos procesos.

¿Actualmente cómo aplicas esto en tu experiencia profesional o con tu equipo de trabajo?
Desde hace 4 años colaboro como coordinador de proyectos/ network manager para Latinoamérica con la Fundación Konrad Adenauer. Parte de mi interés profesional, es lograr impacto y transformación desde las comunicaciones. Diría que ahora puedo escuchar mi voz e incidir en una causa común en la que todos tenemos un rol.

No podemos ser empresarios si no sabemos ser ciudadanos, por eso mi apuesta ahora es a la visión de democracia, Estado de derecho y economía social de mercado que tenemos en la región. Por ejemplo, uno de los últimos impulsos producto de mi curiosidad es el vínculo entre las artes y los derechos humanos.

Con el apoyo de la Fundación estamos intentando explorar nuevas rutas de trabajo y proyectos que ya tienen resultados muy positivos de esta relación, aparentemente atípica. Todo comunica, por eso hay que buscar cómo hacerlo en todo.

Pista de comunicación

Mencionas la palabra curiosidad permanentemente, ¿es por algo en específico?
Sí, creo que es un mantra en mi trabajo. Mis papás siempre me decían: hay que aprender, desaprender y reaprender. Y es verdad, en parte de esos discursos atrasados a los que me refería antes está la idea de que debemos movernos por pasión.

Creo que eso nos ha hecho un gran mal y deberíamos desaprenderlo. La pasión es temporal y emotiva en gran parte, la curiosidad no solo tiene pasión, si no que nos permite hacernos preguntas contantemente, y eso diría que sí es una clave para los nuevos tipos de éxito a lo que todos tenemos derecho de dibujar.

Siempre digo, no nos movamos por pasión, pero sí por curiosidad; no deseemos suerte, pero sí éxito, y no nos reinventemos, solo descubramos.

¿La comunicación entonces ha sido una pista en el camino a un nuevo tipo de éxito?
La comunicación ha sido mi mejor herramienta. Mi apuesta es, por medio de ella, acercar discusiones con sectores presuntamente incompatibles, usarla para posicionar mensajes en tomadores de decisión, visibilizar nuevas posibilidades y ejercicios de transformación.

Recuerdo que cuando estaba en Naciones Unidas, apoyábamos familias de Colombia que habían sustituido sus cultivos ilícitos por productos de desarrollo alternativo, en el marco del proceso de paz. Y comunicar esa transición, al mismo tiempo que acercar ese modelo de negocio a empresarios para que apoyaran su comercialización, que era lo más duro, fue la mejor oportunidad para un libro que llamamos: “Cocina y Paz”, con recetas de alta cocina y un directorio de las asociaciones campesinas.

Ejemplos e historias como estas todos tenemos, la idea es poder comunicarlas e impulsar a que otros lo hagan. Ese es un privilegio y, a la vez, una responsabilidad que se adquiere al emprender.

Una visión global

Esta pequeña entrevista nos deja claro que podemos cambiar nuestra perspectiva, en este caso de los millennial, a partir de la experiencia y de la comunicación. Es interesante entender y vivir el sistema laboral para darse cuenta de que los imaginarios que tienen algunas personas del “deber ser”, es completamente falso.

Cada ser humano puede cambiar el chip, el mundo avanza de una manera muy rápida y las personas se están dando cuenta, de nuevas propuestas que funcionarían de una manera mejor para lograr un impacto global.

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*  Founder & manager innovation (CIO) de Miráfest Colombia;  además, es autor de La biblia de los millenials.

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