Por Mirna Gutiérrez

La educación superior en Centroamérica y República Dominicana (CARD) en su forma presencial se vio interrumpida por la pandemia, lo que obligó a las instituciones a adaptarse rápidamente a la virtualidad. Lo anterior manifestó la brecha digital que existe en la región y significó un gran reto pedagógico y tecnológico.

Tan sólo a mayo del año pasado el cierre temporal de instituciones de educación superior (IES) había afectado a alrededor de 24 millones de estudiantes y cerca de 1.4 millones de docentes en América Latina y el Caribe (ALC), señala el reporte Covid-19 y educación superior: De los efectos inmediatos al día después, de la Unesco (mayo 2020).

Inclusión necesaria

La disrupción ocasionada por el Covid-19 ha hecho palpables las desigualdades en muchos ámbitos, como el acceso a la educación y a la tecnología, incluso, se hizo más grande la brecha digital, sobre todo en lo referente a paridad de género, comenta Pastora Martínez Samper, vicerrectora de Globalización y Cooperación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Al respecto, Susan Francis, vicerrectora de Docencia de la Universidad de Costa Rica (UCR), refiere que la modalidad en línea implicó un ejercicio importante para poder dar cobertura y generar inclusión, pero varios quedaron fuera debido a la poca conectividad y a la escasa posibilidad de coordinar entregas de materiales.

“Hasta 2020 había gente que decía que [la virtualidad] no era una forma para desarrollar procesos educativos, pero este año se demostró que sí”

Susan Francis
Universidad de Costa Rica

Replantear el sistema de enseñanza

“La pandemia nos desafió y puso en evidencia que había procesos que ya estaban desgastados y agotados”, expone.

El documento de la UNESCO indica que en ALC el porcentaje de hogares con conexión a internet apenas alcanza el 45%, en tanto que las tasas de líneas móviles son extremadamente elevadas y superan, en muchos casos, la cifra de una línea por persona.

Esto es una oportunidad que las IES deberían aprovechar, centrando sus esfuerzos en soluciones tecnológicas y contenidos para su uso en dispositivos móviles.

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Sacudida a la docencia

Ante la brecha digital se debe generar como política prioritaria el acceso universal a internet en el sector educativo y conjuntamente, con el uso de diseños pedagógicos adecuados y con docentes calificados, se puede brindar una instrucción virtual de calidad, menciona el Instituto Latinoamericano y del Caribe de Calidad en Educación Superior a Distancia (Caled), en un documento enviado a Forbes.

La imposibilidad de que el sistema económico se mantuviera robusto ocasionó que, al disminuir las becas, las familias con alumnos favorecidos por este incentivo tuvieran un impacto profundo en su economía: “El traer a los estudiantes a la universidad nos estaba haciendo olvidar el contexto socioeconómico, político y cultural en que nuestros estudiantes se encuentran, y la crisis lo puso en evidencia”, afirma Francis.

La pandemia ha representado un despertar para el sector educativo, que no había experimentado mayores cambios en lo últimos 200 años y que se encontraba dominado por la rigidez de instituciones educativas y de sistemas regulatorios y de acreditación que deberán repensarse rápidamente para adaptarse a los cambios del entorno, enfatiza Ricardo Greco Guiñazú, presidente del Grupo Educativo ADEN.

Transición a la virtualidad

Para las IES que estaban familiarizadas con el trabajo remoto ha resultado un cambio manejable, pero las que poseían una actividad presencial se han enfrentado a un gran reto en cuanto al cambio de enseñanza y a su capacidad financiera.

De manera especial, las universidades privadas se han visto afectadas por la disminución de su matrícula a causa de la situación económica, lo cual impide que los alumnos con menores recursos puedan continuar con sus estudios, aunque las instituciones han brindado las posibilidades para que sus estudiantes accedan a becas, descuentos o facilidades de pago a través del financiamiento de su matrícula, explica el Caled.

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Lo virtual se consolida

En el caso de ADEN Bussiness School, que venía desarrollando cursos en línea desde hace 10 años, la emergencia sanitaria la encontró con un portafolio de más de 70 programas.

“Cuando la oferta académica presencial se derrumbó, pudimos sostener al alumnado en modalidad online e incluso duplicar la matrícula”, dice Greco Guiñazú.

Agrega que el mayor cambio en el ámbito de la educación se está produciendo gracias al e-learning y a todas las plataformas y aplicaciones que han surgido para su implementación, por lo que a causa de la pandemia ya no se ve peyorativamente, sino que ha ganado prestigio.

No todo funciona en línea

Francis coincide: “dejamos de cuestionar la virtualidad, hasta 2020 todavía había gente que decía que no era una forma para desarrollar procesos educativos, pero este año se demostró que sí y que tiene grandes ventajas sobre algunas otras formas presenciales”.

Sin embargo, el reporte de la Unesco señala que el cambio no ha sido recibido muy positivamente, en parte porque el contenido que se ofrece no fue diseñado en el marco de un curso de enseñanza superior a distancia, sino que intenta paliar la ausencia de clases presenciales con clases en línea sin mayor preparación previa.

La curva de aprendizaje para una incorporación eficiente de la tecnología y para una adaptación pedagógica es muy pronunciada y requiere de apoyo externo, porque debe ser un esfuerzo compartido entre universidades, gobiernos y agencias de acreditación, asegura Carles Sigalés, vicerrector de Docencia y Aprendizaje de la UOC.

Profesores a las aulas

Para apoyar al profesorado, esta escuela puso en marcha un ciclo formativo de docencia no presencial de emergencia para los países de América Latina. Asimismo, trabaja, en colaboración con la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), en capacitación docente online de los cuadros profesorales de la región, y desde 2019 tienen una alianza con la Universidad Práctica de Honduras, para formar a sus profesores.

“La experiencia de estos meses puede ser la semilla para la transformación definitiva de los sistemas educativos presenciales, no para convertirse en instituciones en línea, sino para incorporar, haciendo un uso apropiado de las tecnologías, espacios de no presencialidad en la formación presencial”, opina Sigalés.

Para el aseguramiento de la calidad debemos enfocarnos en la capacidad institucional, la capacitación y preparación académica de los docentes, el modelo de enseñanza-aprendizaje, las estrategias de cooperación y colaboración institucional, y la investigación y la vinculación con la sociedad, indica el documento del Caled.

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Universidad postpandemia

El futuro y el presente pasa por la instrucción virtual. El nacimiento de nuevas instituciones educativas completamente digitales y la conversión de otras en centros híbridos donde se imparte de forma presencial y por medio de la red hacen presagiar que será el momento de la consolidación del e-learning, dice Martínez Samper.

Para el Caled, muchos de estos avances se consolidarán una vez superada la crisis, por lo que es posible que estemos ante un escenario de innovaciones educativas sorprendentes, aunque también podría existir la posibilidad de retornar a la normalidad con las clases presenciales, sin que las IES ni el personal involucrado consideren algún beneficio u oportunidad del involucramiento en la modalidad remota.

“Es fundamental entender que el contexto de aprendizaje ha cambiado y que nada es igual, por lo tanto, no se puede pretender continuar haciendo lo mismo”, afirma Sigalés.

Para Francis, de la UCR, la universidad postpandemia es la universidad que va a hacer las cosas diferentes, a nivel educativo va a haber una transformación en las arquitecturas pedagógicas, y las instituciones entenderán que sus actividades están enfocadas en función de la permanencia estudiantil.

Transición hacia el ciberespacio

El paso abrupto hacia la educación en línea abrió las brechas entre los alumnos de más y menos recursos, así como entre hombres y mujeres.

Las instituciones de educación superior (IES) en Centroamérica tuvieron que reinventarse para hacer la transición a la modalidad online.

Para la Universidad de Costa Rica (UCR), el cambio implicó una importante inversión tecnológica, capacitación docente y una reestructura de la gestión institucional para garantizar la continuidad de sus alumnos.

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Adaptación apresurada

Cuando esta escuela pública empezó a operar en línea, el ejercicio fue abrupto y complejo, sin nodos orientadores, y rápidamente tuvo que incorporar elementos planificados para implementar tecnologías, comenta Susan Francis, vicerrectora de Docencia.

Que las clases estuvieran pensadas para la presencialidad implicó un gran reto, porque no había infraestructura tecnológica para abordar el distanciamiento social en Costa Rica, sólo la Universidad Estatal a Distancia (UNED) tenía la infraestructura necesaria.

Lograr que los estudiantes tuvieran cobertura y siguieran con su proceso implicó un alto costo de inversión, no sólo en plataformas tecnológicas que permitieran la virtualidad, sino también en equipos para aquellos que no tenían acceso a internet.

Crece el estudiantado

“La prioridad fue la permanencia del estudiantado, lo que se evidenció en los números del ciclo que inició en agosto, donde la matrícula aumentó en alrededor de 4%”, subraya Francis.

La primera inversión que hizo la UCR tuvo lugar para ampliar la memoria de las plataformas y comprar licencias de videoconferencias. Asimismo, implementaron un conjunto de pilotos de laboratorios virtuales, y generaron acompañamiento docente y directivo.

Después distribuyeron chips para conexión a internet y tabletas. La colaboración con el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) permitió la distribución de chips y el abaratamiento del costo de internet; incluso, cuando los estudiantes ingresan a dominios UCR el acceso es gratuito.

Más pedagogía

Francis señala que la universidad no tuvo aumento salarial en 2020 y el dinero que estaba destinado a ello se dirigió al fortalecimiento de las becas y a la compra de tabletas y chips: “El monto de inversión fue alto y en términos de presupuesto para el próximo año podría representar un déficit si no abordamos bien la gestión financiera”.


Las áreas de capacitación se dedicaron a acompañar y dar insumos a los docentes de acuerdo con su perfil, adicionalmente se generaron materiales como videos, tutoriales y manuales en torno a cómo quería usar la virtualidad cada uno de los docentes.

En tanto que la gestión institucional se trabajó en tres premisas: flexibilización, proximidad y reflexión educativa. “Una gestión más sistematizada es más fluida y permite tomar decisiones más articuladas y mejor fundamentadas”, opina Francis.

De cara al futuro, las IES postpandemia tendrán que desarrollar procesos pedagógicos más asociados a la parte estudiantil y dejar de pensar en aquella cuestión acartonada que tenían, porque las universidades estatales están llamadas a la inclusión, concluye la académica de la UCR.

Blindaje tecnológico

Para volverse más atractiva, la educación en línea tendrá que transitar hacia modelos pedagógicos activos, experienciales, vivenciales y lúdicos.

Cuando las instituciones de educación superior (IES) tuvieron que operar en línea, se enfrentaron al reto de fortalecer su capacidad tecnológica y a incorporar tecnologías con las que no estaban familiarizadas, con el objetivo de ofrecer un servicio de calidad en un escenario para el que nadie estaba preparado.

La pandemia permitirá romper las barreras e iniciar o dar mayor prioridad al uso de la tecnología en la educación.

Experiencias más globales

Esto, debido a que utilizada de forma correcta, alcanza un aprendizaje personalizado y activo, lo que facilita el desarrollo de nuevas competencias y habilidades afines a las necesidades del mundo globalizado en que vivimos, explica información del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Calidad en Educación Superior a Distancia (Caled).

Para ello es importante identificar aquellas herramientas tecnológicas que responden de mejor forma a las necesidades de cada institución y ámbito académico, y que permitan ir incorporando innovación docente a partir de procesos de mejora continua en el proceso de aprendizaje, comenta Carles Sigalés, vicerrector de Docencia y Aprendizaje de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Existen diferentes aplicaciones y plataformas educativas disponibles para facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje de los alumnos, tal es el caso de los sistemas de gestión de aprendizaje digital, como Blackboard, Google Classroom, y Moodle.

Tecnología en la enseñanza

Además, hay plataformas de cursos en línea abiertos para todos (MOOC), como Canvas o Coursera, y plataformas de colaboración para videos en directo, como Hangouts, Meet, Teams, Skype o Zoom.

La articulación de estas herramientas está vinculada a las tecnologías de la nube y asociadas a ellas aparece otro conjunto relacionado con realidad virtual para simular, por ejemplo, prácticas de laboratorio, aunque en algunos casos es privativa por la inversión que implica.

Otro tipo de tecnologías son las que tienen que ver con el resguardo de información y las denominadas ‘proctor’, que permiten disminuir la copia en los exámenes o reducir el riesgo de plagio.

“Los avances tecnológicos nos van a seguir prodigando soluciones que ahora ni siquiera podemos imaginar”

Carles Sigalés
Universitat Oberta de Catalunya (UOC)


En el eLearn Center de la UOC investigan el uso de estas tecnologías para la comprobación de la identidad de los estudiantes cuando hacen pruebas virtuales, y desarrollan sistemas que usan inteligencia artificial para detectar estudiantes en riesgo de abandono del proceso educativo.

Hay futuro para la educación

Los avances tecnológicos nos van a seguir prodigando soluciones que ahora ni siquiera podemos imaginar”, apunta Sigalés.

La educación tendrá un componente tecnológico muy fuerte, por lo que es muy previsible que las grandes empresas tecnológicas participarán muy activamente en el sector.

Esto ocurrirá a través de poderosas plataformas de alta calidad, con enormes recursos que harán centro en el propio alumno, customizando su experiencia, por lo que los modelos pedagógicos activos, experienciales, vivenciales y lúdicos dominarán la escena, anticipa Ricardo Greco Guiñazú, presidente del Grupo Educativo ADEN.

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