Por Luis Gonçalves

Responder a las necesidades de los clientes y mantener la competitividad suele ser el norte de las empresas tecnológicas. Para alcanzar esa meta, es preciso crear productos y servicios innovadores, pero esa tarea puede ser difícil si no se cuenta dentro de la compañía con equipos y líderes diversos.

¿Cómo se podría esperar innovación de grupos de personas que sólo cuentan con orígenes, perspectivas y experiencias similares? Es muy probable que tengan dificultades para satisfacer, en conjunto, las necesidades y las preferencias de diferentes clientes.

Aunque el paso lógico sería solucionar esta carencia impulsando una mayor diversidad en las empresas, existen algunos obstáculos que hay que sortear en el intermedio. Por ejemplo, los prejuicios que consciente o inconscientemente han estado arraigados en las organizaciones por años, uno de ellos el de género, y que han llevado en muchas oportunidades a una subrepresentación femenina en equipos de liderazgo, puestos de gerencia sénior y juntas directivas.

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Por otro lado, también nos encontramos con una franca minoría de mujeres en las disciplinas de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) y, en consecuencia, en las carreras relacionadas con ellas. Estas disparidades de género son tanto más alarmantes cuanto que se considera que, en general, las carreras vinculadas con las STEM constituyen los empleos del futuro, la fuerza motriz de la innovación, del bienestar social, del crecimiento inclusivo y del desarrollo sostenible.Según el estudio de la UNESCO “Descifrar las claves: la educación de las mujeres y las niñas en materia de STEM”, sólo el 35% de los estudiantes matriculados en las carreras vinculadas a las STEM en la educación superior son mujeres. Y existen diferencias aún más notables dentro de cada disciplina: por ejemplo, sólo el 3% de las estudiantes de educación superior eligen realizar estudios en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC)

En la región latinoamericana, la proporción de mujeres investigadoras en relación con los hombres ha llegado a 44 %. En otras palabras, de cada 100 investigadores, 44 son mujeres. Mientras que en Centroamérica, países como Costa Rica (44%) y Honduras (38%) se acercan a la paridad pero aún no la alcanzan.

Las empresas que no se comprometen con la equidad de género pierden mucho, pues según Forrester, las organizaciones con diversidad de género tienen un 21% más de probabilidades de lograr un rendimiento superior al promedio.

Además, se arriesgan a crear soluciones en las que no reflejan los diversos casos de uso y necesidades que deberían abordar sus productos y servicios. Lo que, a todas luces, va en contra del espíritu que impulsa al sector tecnológico.

La cercanía de una fecha como la Conmemoración del Día de la Mujer, el próximo 8 de marzo, es una buena ocasión para recordar la importancia de equilibrar la balanza e impulsar más políticas internas en las compañías y acciones hacia las comunidades que incentiven el arribo de más mujeres a posiciones de liderazgo y a carreras STEM.

Nutrir el ecosistema

Pero no solo basta con atraer participación femenina hacia las empresas, pues además del género, la identidad de las personas también incluye su etnia, su origen, sus capacidades y su orientación sexual.

Al considerar estos aspectos y hacer que estén bien representados en el capital humano de una compañía, el ecosistema se nutre y se pueden crear mejores productos y servicios que anticipen las necesidades y los comportamientos de una base de clientes mucho más amplia.

En la región centroamericana, las empresas ya han dado pasos para apostar por la diversidad y la inclusión.

El estudio “Madurez en Diversidad e Inclusión” aplicado a empresas con presencia en Costa Rica y otros países de Centroamérica reveló que el 37% de las empresas ha logrado avanzar realmente en esta materia.

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Adicionalmente, el 46% de las compañías encuestadas afirmaron que los esfuerzos de inclusión que realizan se enfocan en cumplir con objetivos de igualdad de oportunidades.

En este mismo estudio, realizado por Deloitte Costa Rica y la Cámara Costarricense Norteamericana de Comercio (AmCham), también se señala que el 7% de ellas, ya están orientadas a mejorar la representación de ciertos grupos o minorías.

Este es un factor crucial si se toma en cuenta que, debido a la pandemia, cada vez más empresas trabajan y se comunican con los clientes de forma virtual, lo cual significa que muchas de ellas, ahora tienen la capacidad de interactuar con una variedad más amplia de personas y brindarles servicios. 

En resumen, la diversidad e inclusión se perfilan como los caminos posibles para atender las nuevas demandas del mundo post pandemia y son las empresas tecnológicas, sobre todo, las llamadas a predicar con el ejemplo.

*Es líder de negocios de Dell Technologies para América Latina

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes Centroamérica.